Nacido en la localidad toledana de Torrijos, en 1488, y fallecido el 11 de mayo de 1570, en la capital provincial, Alonso de Covarrubias figura en la lista más insigne de la arquitectura renacentista española. A juicio de los especialistas, se le adivina el influjo de Rodrigo Gil de Hontañón y no escapa su nombre de cualquier alusión al estilo plateresco. Con todo, la profusión de estilos que resume su carrera debe analizarse en función de acontecimientos vitales muy significativos. En principio, cultivó la imaginería gótica junto al maestro Antón Egas, esculpiendo, entre otras piezas, los sepulcros de Alonso y Marina de Rojas, ubicados en la iglesia de San Andrés de Toledo (1510).
Tras un probable viaje por Italia, diseña en la Catedral de Toledo la Capilla de la Trinidad. En 1521, vuelve al mismo lugar para completar el Sepulcro de Fernando de Castilla, esta vez en la Capilla de San Eugenio. En 1526 traza los planos de la Iglesia de la Piedad, construida en Guadalajara. De mayor fama si cabe es la Capilla de los Reyes Nuevos de la catedral toledana (1531-1534). Por las mismas fechas, dirige las obras de la Sacristía Mayor de la Catedral de Sigüenza (1532-1534). En ese año 1534 es nombrado Maestro mayor de la Catedral y Diócesis de Toledo, y con esa dignidad interviene en obras como la del salmantino Colegio de los Irlandeses.
En 1536, regresa a la Catedral de Toledo para elevar la Capilla de San Juan. Cuatro años después, realiza en ese mismo templo la Puerta de los Leones. Al tiempo que vigila la creación del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, completa el Patio del Monasterio de San Bartolomé de Lupiana. Un año más tarde, en 1537, hallamos a Covarrubias en las obras de los Alcázares Reales. En lo sucesivo, participa decisivamente en proyectos como los del Hospital Tavera o de San Juan Bautista de Toledo (1541), el Monasterio de San Agustín (1552), y la Iglesia de San Román, también de Toledo (1552). No obstante, los manuales reforzarán en el futuro su inmortalidad artística a través de edificaciones como el citado Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, el Hospital Tavera y el Alcázar de Toledo.
En la composición de otra de sus creaciones más famosas, la fachada de la Universidad de Alcalá de Henares, Covarrubias «renunció al pintoresquismo de la ornamentación escribe Alfredo J. Morales, concentrándose en los efectos aportados por el sencillo y sabio empleo de los elementos arquitectónicos. Sólo el gran escudo imperial que remataba el conjunto introducía detalles de plasticidad» («Tradición y modernidad, 1526-1563», Arquitectura del Renacimiento en España, 1488-1599, Madrid, Cátedra, p. 108). En lo que se refiere a la elaboración de las trazas del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, hoy destruido, aclara Morales que «en dicho recinto ya debía haber intervenido el arquitecto en tiempos de don Alonso de Fonseca, con la construcción de la puerta y la ventana del piso bajo, pero será en la segunda mitad de la década de los treinta cuando realice los elementos más sobresalientes del recinto, tales como el patio, la escalera y los jardines, además de concluir la fachada. (…) Mayor énfasis decorativo se puso en la escalera, cuya caja fue dispuesta con anterioridad a la distribución de las arquerías del patio, como demuestra la falta de correspondencia de los intercolumnios de aquella y los del claustro». (Op. cit., p. 155).
Detalle de la reja que separa la Plaza del Palacio del Palacio Arzobispal, en cuya realización desempeñó Covarrubias un papel destacado.