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Alcalá de Henares

Miguel de Cervantes Saavedra

«La verdadera esencia de Cervantes es la del escritor que escribe la vida del Quijote y la de los diálogos de Cipión y Berganza o los desvergonzados tejemanejes de Monipodio. Es la humana tristeza de Cervantes ante la imposibilidad del triunfo del ideal de la Belleza y la Justicia, ante la imposibilidad de lo perfecto, lo que nos emociona y emocionará siempre a todos cuantos lo lean en el futuro. Es el drama de lo humano, el de siempre, el que ningún progresismo remediará, porque todo es siempre igual».

Juan Perucho: La puerta cerrada, Madrid, 1995.

Eso es lo que nos dice un admirable y veterano escritor, Juan Perucho, cuya estirpe literaria se remonta a los autores del Siglo de Oro, y pasa también por el ilustre alcalaíno, animada por una creciente admiración.

Lo que a partir de Cervantes caracteriza el género de la novela es algo que, en buena medida se le adeuda a este poeta, narrador y dramaturgo español, nacido en Alcalá de Henares en 1547, y fallecido en Madrid en 1616. Inventor del humorismo literario y escritor de alcances universales, no hay duda de que a este alcalaíno le deben mucho todos aquellos prosistas que, por gozo y con fervor, han curioseado por ese universo de reflejos y referencias que se constituye en el Quijote. A estas alturas, hablar de la lengua de Cervantes ya constituye el homenaje más significativo.

Pese a su fama, lo cierto es que de Cervantes nos falta más de un detalle biográfico. Bautizado el 9 de octubre de 1547, en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, de Alcalá de Henares, fue el cuarto de los seis hijos de Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. En 1567 dedicó el joven un soneto a la Serenísima reina, con ocasión del nacimiento de la infanta Catalina, segunda hija de Felipe II. Hacia 1569 viajó a Roma para servir como camarero del cardenal Giulio Acquaviva. En torno a 1570 comienza la carrera militar de Cervantes, que lo llevó a combatir, el 7 de octubre de 1571, en la batalla de Lepanto. De nuevo en activo, pese a las heridas recibidas en combate, se unió al tercio de don Lope de Figueroa, y recorrió diversas plazas del Mediterráneo antes de que decidiera retornar a España. Cuando la galera que lo lleva a Barcelona es apresada por los corsarios berberiscos, comienza una penosa etapa de prisión. Cinco años de cautiverio en Argel que no fueron, ni mucho menos, un periodo de inercia y desolación. Repetidamente intentó Cervantes fugarse de sus mazmorras, y esa postura de rebeldía se mantuvo hasta que los trinitarios fray Juan Gil y fray Antón de la Bella pagaron el rescate, quedando el soldado en libertad. Pese a las penurias sufridas, nunca le fueron reconocidos sus méritos guerreros, y la inestabilidad económica volvió a condicionar la vida de Cervantes y de los suyos.

Animado por el ambiente cortesano, escribe La Galatea, editada en Alcalá de Henares, en 1585. También diseña no pocas comedias, de las cuales se conservan El trato de Argel; La Numancia y Conquista de Jerusalén, esta última de atribución más dudosa. Son tiempos de cambiante foco amoroso, y tampoco sus empeños en la burocracia dan resultado feliz: en torno a 1587 es nombrado en Sevilla comisario real de abastos, a las órdenes de los administradores de la Armada Invencible, y luego ejercerá como recaudador de tasas en Granada. Pero, al final, los sinsabores financieros lo obligan a frecuentar ambientes de picardía. En más de un caso, será llevado ante los tribunales.

De su obra tenemos noticia abundante. Escribe poemas, comedias y también elabora varias novelas cortas. Asimismo, lleva al papel la primera parte del Quijote. En 1603 se instala junto a su esposa en Valladolid, nueva sede de la Corte de Felipe III. Dos años después, sale de la imprenta de Juan de la Cuesta El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. A ello sigue un injusto aunque breve encarcelamiento y el retorno a Madrid en 1606. Ingresa en la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento del Olivar, y las nuevas ediciones sirven de consuelo al escritor, bien alejado de la gloria social. Antes de que lo mate la hidropesía en 1616, verá publicadas sus Novelas ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614), la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615) y Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615).

Póstumamente, llega a los lectores la historia de Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617).

«Cervantes tiene paréntesis de no existir porque no tiene fuerzas para ser el escritor incesante que es Lope. Lo que cobró por sus obras, por su Quijote, por sus Novelas ejemplares, hasta por sus comedias, fue más exiguo porque además de que el tiempo era de poco dar al escritor, se espació tanto entre los años de su vida que no dejó rastros de ahorro fuera de la suculencia de la gloria que tiene la facultad de aumentar la sed y el hambre cuando llega sin acompañamiento de maravedíes».

Ramón Gómez de la Serna: Lope viviente, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1954, pp. 79-80.

Retrato idealizado de Miguel de Cervantes

Retrato idealizado de Miguel de Cervantes.

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