Si existe un personaje adecuado para iniciar estas líneas, ése es el humanista, escritor e historiador siciliano Lucio Marineo Sículo (1460-1533), profesor en la Universidad de Salamanca, capellán y cronista de Fernando V el Católico y autor de volúmenes con raíces en el pensamiento más noble y viajero, como De Laudibus Hispaniae (1504), De Rebus Hispaniae Memorabilibus (1503) y De Aragoniae Regibus et Eorum Rebus Gestis (1509). Como ya habrá intuido algún lector, aquí viene a cuento recordar lo que a propósito de Alcalá escribió este sabio, para quien la ciudad es un foco de excelencias renacentistas:
«En medio de Madrid y Guadalajara nos dice está la muy noble villa de Alcalá, que por otro nombre llaman Compluto. Muy abundante de las cosas que son necesarias a la vida humana. Por donde pienso que fue llamada Compluto por el cumplimiento que tiene de cada cosa. Porque sin que le vengan provisiones de otras partes, ella las tiene todas sin faltarle cosa ninguna. La cual fue en nuestros tiempos muy ennoblecida por don Francisco Jiménez, cardenal de España que la adornó con los colegios, y otras grandes obras inmortales que fundó. La cual ha sido también muy ilustrada de los profesores de las disciplinas y artes liberales y de los muy claros ingenios de los estudiantes que en ella mucho florecen y alaban en sus actos y ejercicios que hacen muy excelentes».
De las cosas memorables de España, [De Rebus Hispaniae Memorabilibus], Libro II, Alcalá de Henares, 1539, en Madrid en la prosa de viaje I. Siglos xv, xvi y xvii. Estudio y selección de José Luis Checa Cremades, Ediciones Comunidad de Madrid, pp. 269-270.
Si las señas apuntadas por Lucio Marineo Sículo eran prometedoras, no le van a la zaga las observaciones de otros historiadores que han investigado el pasado universitario de la villa, subrayando en ese afán la grandeza de Cisneros. Grandeza que, a juicio de Cayetano Enríquez de Salamanca, «se manifiesta, más que en ningún otro aspecto, en haber sido uno de los pocos españoles que, con visión de futuro, intuyó que lo mejor que podía hacer por el país que regentó, era establecer firmemente los cimientos de su vida cultural, a partir de los estratos más humildes de la sociedad». (Alcalá de Henares y su Universidad Complutense, Escuela Nacional de Administración Pública [Antigua Universidad de Alcalá de Henares], 1973, p. 133).
En todo caso, para quienes aceptan la vigencia de ese magno proyecto en tiempos como éstos de hoy cuando letras, humanidades y demás aparato de erudición no figuran en la moda social, un detalle es fehaciente, y es que adentrarse por sus recovecos suscita los mejores ejemplos de conocimiento e investigación, fruto de un encendido humanismo. Con el fin de aclarar las peculiaridades de ese planteamiento, la revista Blanco y Negro conmemoró en noviembre de 1933 el aniversario de Cisneros mediante un artículo firmado por A. Ramírez Tomé, en el cual podemos leer lo siguiente:
«Sin mengua para Salamanca, como tampoco para Coimbra, París, Lovaina, Oxford, Cambridge y otras muchas poblaciones de gloriosa tradición, se puede afirmar que sus respectivas Universidades adquirieron esplendor a su amparo. En cambio, la de Alcalá creció por sí, comunicando su vida a la población entera, que se robusteció a sus expensas, inculcándola vigor y animación, convirtiéndola en colmena gloriosa con provecho notorio para todo género de profesiones y de artes».
«Conmemoración gloriosa. Alcalá de Henares y Cisneros», Blanco y Negro, n.º 2.214, 19 de noviembre de 1933, s.p.