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Realismo en el cine español

Español

El realismo en el cine español de los cincuenta

A lo largo de los años cuarenta ―la primera década del régimen autoritario del General Franco― la industria del cine español se rehizo tímidamente, fuertemente protegida por unas medidas legales sumamente proteccionistas, pero encaminadas a la producción de un cine escapista que mostrara viejas gestas históricas de un pasado siempre glorioso, adaptaciones literarias que eludían a cualquier autor ligeramente sospechoso de desviaciones ideológicas; vidas de santos o clérigos ejemplares; e historietas populares que dieran cabida a las figuras de la copla andaluza. La realidad de la España de la posguerra no aparecía por ninguna parte, hasta el punto de que incluso los temas relacionados con la Guerra Civil reciente fueron desapareciendo progresivamente de las películas, a medida que avanzaba la década. Solo en algunas obras hechas a imitación de las comedias de teléfonos blancos de la Italia mussoliniana aparecía el presente, siempre convenientemente edulcorado. El cine español de los cuarenta ―a veces magníficamente facturado desde el punto de vista técnico (decorados, fotografía, montaje) y apoyado por unos excelentes actores que provenían del teatro de repertorio― fue un auténtico páramo. Solo las comedias y relatos fantásticos de Edgar Neville, los intentos vanguardistas de Carlos Serrano de Osma y Enrique Herreros, y la extraordinaria rareza que supuso Vida en sombras, de Llorenç Llobet-Gracia, pueden contabilizarse en el activo de un cine culturalmente y artísticamente romo.

En aquel país aislado del final de la Guerra Mundial, el neorrealismo que proponían los cineastas italianos no tenía cauces para su desarrollo. Algunos escritores y directores españoles asistieron a la presentación de las películas neorrealistas en el Instituto Italiano de Cultura y, gratamente impresionados, pretendieron poner en marcha películas en esa dirección. Ana Mariscal (Segundo López), Antonio del Amo (Día tras día), Manuel Mur Oti (Un hombre va por el camino) o Francisco Rovira-Beleta (Hay un camino a la derecha) obtuvieron resultados estimables. Pero las películas realistas que presentaban personajes en conflicto y situaciones sociales de la España del momento no gustaban al Régimen, que las ninguneaba con calificaciones que retardaban o impedían su acceso al público.

A pesar de todo, al iniciarse la década de los cincuenta, la realidad acabó colándose en el cine español, siempre como una excepción, pero propiciando títulos de singular interés, tanto por lo que contaban como por lo que callaban. Ese puñado de películas, que empiezan con Esa pareja feliz y Surcos, y que terminan con Los golfos, constituyen la razón de este ciclo del Instituto Cervantes para darlas a conocer a los espectadores americanos. Los rodajes de las películas de Nieves Conde, Bardem, Berlanga, Fernán-Gómez, Ferreri o Saura fueron auténticas hazañas realizadas contra viento y marea, pero dan fe de la vitalidad y el humor con que sus autores se esforzaron en mostrar lo que nadie en aquella España quería que saliera a la luz.

Fernando Méndez-Leite (Noviembre de 2009)

English

Realism in Spanish 1950s cinema

Throughout the 1940s –the first decade of General Franco’s authoritarian regime–, the Spanish film industry timidly picked itself up of the floor, albeit strongly protected by extremely protectionist legal measures which focused on producing an escapist cinematic style featuring ancient historical gests of an ever-glorious past, literary adaptations –always eluding authors who might be slightly suspicious of supporting unacceptable ideologies–, the lives of saints or exemplary clergymen, and popular tales that could accommodate figures from the Andalusian Copla (popular folk song). The reality of life in Spain in the post-war years was nowhere to be seen, to the point that even subjects linked to the recent Civil War disappeared progressively from movies as the decade moved on. The present only appeared in some features made in the style of the white telephone comedies of Mussolini’s Italy, and even then it was always conveniently sugar-coated. In the 1940s, the panorama for Spanish cinema –sometimes boasting a magnificent production from a technical point of view (set designs, photography, editing) and benefiting from excellent casts with a background in repertory theatre– was genuinely bleak. Only Edgar Neville’s comedies and fantastic tales, the avant-garde attempts developed by Carlos Serrano de Osma and Enrique Herreros, and the extraordinary rarity of Llorenç Llobet-Gracia’s “Vida en sombras” can be listed as notable contributions to a cinema that was otherwise culturally and artistically dull.

There was no room for the Neo-Realism favored by Italian filmmakers in a country isolated and left out after the end of the World War. Some Spanish writers and directors attended premieres of Neo-Realist films in the Italian Institute for Culture and, pleasantly surprised at what they saw, they attempted to create movies along those lines. Ana Mariscal (“Segundo López”), Antonio del Amo (“Día tras día”), Manuel Mur Oti (“Un hombre va por el camino”) and Francisco Rovira-Beleta (“Hay un camino a la derecha”) achieved notable results. However, the realist films that presented conflicted characters dealing with the harsh social reality of contemporary Spain did not appeal to the Regime, and were disregarded with ratings that delayed or even actually prevented them being accessed by the general public.

Nevertheless, with the arrival of the Fifties, reality counter-attacked and broke into Spanish cinema. It was always as an exception, with titles whose interest lay both in what they narrated and in what they did not hide. The handful of features that starts with “Surcos” and ends with “Los golfos” is the backbone of this cycle that Instituto Cervantes has organized to introduce US viewers to the Spanish 1950s cinema. It was a genuine challenge for Nieves Conde, Bardem, Berlanga, Fernán-Gómez, Ferreri and Saura to shoot their movies, which they stood by come hell or high water. Nevertheless, they demonstrate the vitality and humor with which the actors strove to show the things that nobody in Spain wanted to shed light on at the time.

Fernando Méndez-Leite (November. 2009)

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