Al analizar la fusión entre la música popular andaluza y el cine español, ya sea distinguiendo o no entre películas musicales o películas con canciones, resulta inevitable pensar en el concepto de españolada, tan manido y complejo como necesitado de las revisiones de los historiadores del cine y la cultura. Como es conocido, y dicho de manera muy sucinta, la españolada ha llegado a ser considerada una suerte de género transversal que se manifiesta en la literatura, las artes escénicas, la pintura, la música popular y, prácticamente desde su nacimiento, en el cine. Así mismo, ha sido acusada de exagerar y falsear ciertas características de «lo español», de dejarse conducir en el cine por argumentos folletinescos regidos por las pasiones más viscerales, de poblarse de personajes reducidos al estereotipo —la gitana, la tonadillera, el bandolero, la bailaora, el torero—, además de convertir la mitología andaluza y su música en una sinécdoque de la totalidad de España. Sus raíces populares llegan hasta el siglo xvi, pero son los románticos europeos, y en concreto los franceses —de hecho, es habitual considerar Carmen (1845), de Prosper Mérimée, la primera españolada—, quienes acuñan el término espagnolade en mitad del ochocientos para referirse a algunas manifestaciones culturales asentadas sobre la cultura popular y caracterizadas por el «andalucismo», la «gitanización», las «danzas flamencas», etcétera. En España, el término se ha usado mayoritariamente con intención peyorativa, y ello a pesar de que muchos de los motivos que lo nutren, como el flamenco o la copla, han permitido también generar obras asimiladas por la alta cultura. Sin ambos géneros musicales, por ejemplo, no se entenderían muchas creaciones de Federico García Lorca.
Sucede igualmente que, si bien buena parte del cine musical español ha utilizado los elementos tradicionalmente identificados con la españolada, en pocas ocasiones se ha detenido en analizarlos. Esta última es la perspectiva de Duende y misterio del flamenco y Dame veneno. Mientras la primera hace un repaso de los distintos «palos» de este género popular a comienzos de los años cincuenta, la segunda incide en su evolución, en los nuevos caminos que tomará el flamenco tras la muerte de Franco, al fusionarse con otras músicas igualmente populares, como el blues o el rock, de la mano de Rafael y Raimundo Amador y Kiko Veneno. Ambas películas evocan, desde el cine de no ficción y a través de la música flamenca, dos momentos distintos de la sociedad española: principios de los años cincuenta, con el país sumido en la autarquía, férreamente custodiado por la dictadura y encerrado en la «pureza» de su diferencia, y finales de los años setenta, con el final del franquismo y la apertura definitiva al exterior. Si del primero se hace eco el filme de Neville, el segundo está representado por el mestizaje y la «fusión» entre tradición y modernidad que encarna la música de los grupos Veneno, Pata Negra o el disco La leyenda del tiempo de Camarón. Con todo, esta evolución de la pureza a la fusión no puede entenderse sin considerar la apertura a la cultura de masas que se produce en el intervalo de los años sesenta, cuando muchos españoles, especialmente los más jóvenes, empiezan a sentirse más identificados con el tupé o los tejanos que con el caracolillo sobre la frente de la folclórica, el vestido de faralaes o los toros, con la música pop y rock antes que con la copla. En definitiva, prefieren modelos y productos culturales importados a los considerados autóctonos. Los frutos de este drástico cambio cultural madurarán en la década de los setenta, en especial tras la muerte del dictador.
El sugerente planteamiento de Duende y misterio del flamenco es una apuesta a contracorriente que busca romper tanto con la españolada como con las concepciones vigentes en su momento que ataban el documental a la representación estricta de la realidad. La primera ruptura se caracteriza por un tratamiento analítico e informativo de la música flamenca, alejado en gran medida del estereotipo folclórico, a través de diferentes números musicales representados en contextos privilegiados que permiten confeccionar la particular geografía de la música flamenca. La segunda ruptura es mucho más brusca y evita la estrecha vinculación entre imagen y realidad, tanto por lo que concierne al modelo NODO, considerado, al menos en origen, capaz de crear documentos fidedignos que los historiadores emplearán para confeccionar la Historia, como en lo referente a la recién importada reflexión neorrealista —que toma cuerpo en las páginas cinematográficas de las revistas Índice y, más adelante, Objetivo—. Según ella, toda aproximación a aspectos de la cultura popular estaría obligada a mantener un posicionamiento ético a favor de las clases que supuestamente la generan. Neville no cederá a uno u otro planteamiento y, partiendo de puestas en escena muy elaboradas, jugará con pequeñas ficciones desarrolladas en los contracampos de las actuaciones musicales o en las transiciones entre ellas. Esas elecciones del cineasta no hacen sino desvelar sus vínculos con la «otra generación del 27», al combinar sabiamente la cultura popular y el «humorismo» inteligente —un nuevo «ismo» acuñado para su propia vanguardia por los miembros de esta generación, entendido, a grandes rasgos, como mezcla de humor y surrealismo—. Igualmente, es posible encuadrarlas en una concepción minoritaria del cine documental que lo entiende como «construcción», y no mero reflejo, desarrollada en algunos textos que el crítico y director de cine José López Clemente publicó en la revista Cine Experimental durante los años cuarenta.
Dicho esto, cualquier aproximación a Duende y misterio del flamenco implicaría señalar tanto la propia percepción que Neville tuvo de este arte como su forma de enfrentarse al mismo. Cuando en 1952 emprende el rodaje de esta película, el director llevaba ya tres décadas interesado en el cante flamenco, concretamente desde que en 1922 pudo asistir como invitado al Primer Concurso de Cante Jondo organizado en Granada por Manuel de Falla con la colaboración de Federico García Lorca, Andrés Segovia, Manuel Jofré y Miguel Cerón. Fue esta fascinación por el flamenco la que lo empujaría a rendirle su particular homenaje en forma de texto fílmico, cuyo sentido él mismo se encargó de describir en 1952 en la revista Primer Plano: «Mi película es la exaltación del cante y del baile flamenco. No es un documental, sino la historia del cante y del baile andaluces, del genuino folclore de esta tierra, en la que han actuado y actúan todos los ases del género». Entre ambigüedades, Neville decide negar la condición de documental a su película antes que hacerla encajar en los modelos hegemónicos apuntados más arriba, pero al mismo tiempo expresa sus intenciones como creador de la película y, al valerse de términos como exaltación, historia y genuino, hace hincapié en lo que más le preocupa; es decir, no sólo pretende poner en valor un arte al que admira, sino mostrar con perspectiva didáctica una historia del cante y el baile flamencos que va a atender específicamente a lo genuino, a lo auténtico, obviando lo que pudiera haber en ellos de espectáculo comercial o de cante amaestrado propio de los tablaos.
Diez años después, Neville no ha cambiado un ápice sus planteamientos y vuelve a hacerse eco de la misma idea en su ensayo Flamenco y cante jondo, publicado en 1963. Allí afirma que «el flamenco no fue un espectáculo, ni nació para ser un espectáculo: era la forma de expresión de un pueblo más bien inarticulado, eran los poemas que decían a gritos de llanto unos analfabetos que no podían expresarse de otra manera, eran los lamentos de amor de un tosco primitivismo que apenas sabe hablar pero que al recibir la herida se expresa de ese modo». Y es observando ese primitivismo genuino como valora la poesía del flamenco, considerándola más honda, más pura, más sutil y próxima a la de los grandes poetas contemporáneos y a los haikais [sic] japoneses que a las derivaciones populares posteriores orientadas a comercializarlo. Con su actitud, se situaba en la estela de un cineasta como Carlos Serrano de Osma, cuya película Embrujo (1947) recuperaba desde la ficción la mejor tradición del cante y baile flamencos, huyendo de los tópicos explotados por la españolada.
Sólo contando con esa personal percepción de Neville se puede explicar la estrategia discursiva que propone Duende y misterio del flamenco y entender las propuestas que el cineasta lanza desde sus imágenes. Concebida como una sucesión de cuadros sin más conexión entre ellos que la voz narradora que los articula y lo que podríamos denominar rótulos intradiegéticos —por ejemplo, los nombres de algunas calles como «La Siguiriya»—, la película consta de treinta secuencias que van escenificando los distintos palos del flamenco. Su orden viene determinado por la voz narradora, que los jerarquiza y los describe con observaciones precisas. Ella es la que inicia el relato estableciendo las coordenadas cronológicas del flamenco y sus dos principales categorías, el «cante grande», compuesto esencialmente por los cantes sin guitarra, en el que se aglutinan formas musicales como la siguiriya, la caña, el polo o la soleá, y el «cante chico», constituido por derivaciones del primero como la liviana, la serrana, las peteneras, los caracoles y otras modalidades que van surgiendo como formas bailables: bulerías, tanguillos, zapateados, fandangos... Con metódica seriedad va exponiendo las formas musicales en una rigurosa cadencia que recuerda la clasificación establecida en 1881 por el primer folclorista español, Antonio Machado Álvarez, en el texto fundacional Colección de cantes flamencos recogidos y anotados por Demófilo, seudónimo este último con el que solía firmar el padre de los Machado.
El aliento narrativo de Neville no se conforma con asociar cada forma del cante con su espacio geográfico original, sino que las va dotando de espesor dramático al vincularlas con pequeñas anécdotas que, como telones de fondo, humanizan las piezas musicales y los relatos que enhebran los versos de sus letras. Si en la melancólica siguiriya se atisba el amor atormentado de una pareja condenada al desencuentro, el disfrute del cante por soleares —en un guiño muy nevillesco— logra que un reo esposado y conducido a prisión acabe compartiendo amigablemente tabaco y música con los guardias que lo custodian. Si el sonido de la taranta pone música a la mudanza de una joven pareja de recién casados, la amarga petenera acompaña a la mujer que renuncia al amor para encerrarse en un convento. Y así, cada relato va desvelando la experiencia de vida que late detrás del desgarro o la alegría de la música y el baile. Aunque Neville no puede renunciar a sí mismo y, por momentos, salpica de chistes visuales el relato, en puntuales y característicos alardes de humor. Entonces, es capaz de asociar por montaje el cimbreo de una joven que baila por alegrías con el rostro dubitativo de una cabra que la observa o de subvertir, entre bulerías, el tópico de la españolada con un «tipo andaluz» apostado ante una reja a través de la que, oh sorpresa, no habla con su novia, sino con un vendedor de plumas estilográficas.
Las derivas humorísticas no impiden al autor conservar, sin embargo, su perspectiva y mantener el rango de autenticidad artística que él otorga al flamenco más genuino. Esto explicaría la existencia de secuencias en las que se lo vincula con el bolero clásico, las sonatas del padre Soler y la música culta que inspira las obras de Albéniz o Granados. Y es precisamente ese purismo flamenco de Neville el que marca el contrapunto con la propuesta de Dame veneno, dedicada a reflejar las fusiones más radicales de esta música. Además, mientras el tiempo del relato de Neville y la fecha de su realización son coetáneos, la película de Barbadillo se plantea como una mirada al pasado desde la que realizar una aproximación a la heterodoxa factoría musical formada por los hermanos Amador, Kiko Veneno y el singular ámbito vital que los rodeaba a finales de los años setenta. Para ello basará su estrategia discursiva en las convenciones del documental expositivo, pero sin renunciar del todo a subvertirlas. Esto explicaría que prescinda de la omnipresente voz narradora en tercera persona, tan propia del género, para dar la palabra a los protagonistas, cuyos sucesivos parlamentos conforman un discurso más abierto y, en apariencia, menos controlado por el realizador.
La impronta de este último en la película es de otro orden y tiene que ver con la opción retórica utilizada para articular el relato. Consiste en aplicar una estrategia discursiva de macrocollage capaz de producir sentido a partir de la integración de elementos heterogéneos. De ese modo, valiéndose de materiales audiovisuales tan diversos como fragmentos de actuaciones musicales de los miembros de Veneno, fotografías y filmaciones privadas, rótulos informativos que conectan las secuencias, además de las presencias y las voces de los entrevistados salpicadas por sus canciones más reconocibles, Barbadillo va componiendo un friso narrativo ordenado en cuatro segmentos. Y, rizando el rizo, presenta cada uno de ellos con pequeños collages que, desde la estética del videoclip, componen un dinámico racimo de siluetas de recortables con edificios, objetos y rostros animados de personajes que juegan a superponerse una y otra vez. Estas bisagras narrativas no solo funcionan como irreverentes y desenfadados guiños humorísticos, sino como ingeniosas metáforas visuales que anticipan los posibles sentidos de la película. Así sucede en el primer segmento, dedicado a informar sobre el porqué del nombre Veneno y a narrar el encuentro de José María López Sanfeliu, Kiko para los amigos, y los hermanos Amador. En el collage que lo introduce, la cabeza animada de Arias Navarro anunciando la muerte de Franco es tratada como una olla a presión que estalla lanzando al aire una serie de imágenes que anuncian jovialmente los cambios socioculturales que se avecinan, de los que Veneno y sus derivas serán exponente máximo. Con la misma intención, el collage que da paso al segundo segmento, dedicado al corto periplo del grupo y a la grabación desu primer y único disco, muestra cómo la guitarra eléctrica de Kiko escala la Giralda y desplaza la escultura del emblemático Giraldillo hasta lograr coronar la torre, en una broma visual que explicita gráficamente lo que supuso la grabación del disco Veneno como sustitución de la música flamenca tradicional por la innovadora fusión que su temas proponían. En la tercera parte, la colaboración entre Veneno y Camarón de la que surgió La leyenda del tiempo es introducida por un nuevo collage cuyos motivos aluden a la conquista del espacio convirtiendo el recortable de la Giralda en una suerte de nave espacial que impacta violentamente en la superficie de la luna, tal vez aludiendo a la novedad estratosférica de un disco que, en su momento, pocos supieron entender. Sin duda, en 1979 la propuesta de flamenco fusión que encerraba La leyenda del tiempo fue percibida por la mayoría como música de otro planeta. Finalmente, el cuarto y último segmento de la película contrasta los éxitos de Pata Negra con la travesía solitaria de Kiko, para entonces rebautizado como Kiko Veneno, y una vez más es precedido por un collage donde una lluvia de pastillas y jeringuillas cae sobre los edificios de la ciudad, en referencia a la demoledora llegada de las drogas duras a principios de los años ochenta.
Con estos mimbres Barbadillo continúa la incursión en las particularidades musicales y culturales sevillanas del tardofranquismo y la Transición que su productora, La Zanfoña Producciones, ya había iniciado con El Underground. La ciudad del Arcoiris (Gervasio Iglesias, 2003). Desde los años sesenta, Sevilla, con Barcelona e Ibiza, fue una puerta de entrada de las manifestaciones culturales y contraculturales provenientes de Estados Unidos, como el movimiento hippie, con todo lo que ello implicaba. La irrupción de lo nuevo y lo foráneo colisionó con la sociedad española de la época, tradicional y enclaustrada, originando contradicciones y nuevas formas de vida colindantes con la marginalidad, vivero de los nuevos grupos musicales, como Smash, al que Gervasio Iglesias dedicaría su película, incidiendo en su tímida tendencia hacia la fusión entre el denominado «rock progresivo» y el flamenco. Una fusión musical y cultural que en Dame veneno se plasma de forma radical y está representada por un recorrido inverso: si en Underground se exponía la aproximación al flamenco de un Smash nacido como grupo de rock, la película de Barbadillo retrata el itinerario desde el flamenco al rock que realizan los hermanos Amador guiados por Kiko, a la sazón, recién llegado de su periplo por Estados Unidos, donde no solo había descubierto a los hippies y la mejor música rock, sino también el buen flamenco. De hecho, la fusión que practica el grupo Veneno es de tres órdenes: interclasista, intercultural e intermusical. Pues, si los hermanos Amador son gitanos marginales del extrarradio sevillano que han mamado el flamenco tradicional, José María López Sanfeliu, Kiko, procede de la clase media, cuenta con título universitario y es un hippie convencido. El encuentro de los tres jóvenes, que representan mundos y culturas tan opuestos, además de simbolizar los intercambios de todo orden habidos en la sociedad española, va a propiciar la original y potente fusión creadora de la que, con todas sus derivas, se hace eco Dame veneno.
Desde su singular heterogeneidad y mediante el macrocollage en el que aglutina sus diversos materiales, Barbadillo logra un documental expositivo, donde prima una narración ordenada, didáctica y orientada a recuperar y reivindicar una fusión musical que hasta momentos recientes no ha sido suficientemente reconocida, sin dejar espacio a la aparente improvisación de otras modalidades del cine de no ficción. Cada entrevistado, por ejemplo, aporta nuevos datos que permiten hacer evolucionar la historia, sin entrar en contradicciones o debates presumibles en la convivencia de músicos tan talentosos como los hermanos Amador o Kiko Veneno. Precisamente, es a través de las incursiones por los vericuetos del videoclip, con los «collages pop» de acento surrealista que estructuran el relato, como se simbolizan visualmente las rupturas y transformaciones que vivió la sociedad española durante los últimos años setenta de las que la música de Veneno y sus derivas supusieron un retrato visionario no solo de lo acontecido en el momento, sino capaz de anticipar la interculturalidad inherente al futuro próximo que estaba por llegar.
Así consideradas, y contra todo pronóstico, las películas Duende y misterio del flamenco y Dame veneno muestran paralelismos innegables que tienen que ver con el objetivo común de describir y divulgar la mejor música flamenca de sus respectivos momentos. Las dos se sirven de mecanismos formales que facilitan el orden del discurso y juegan con el humor, tanto para subvertir la supuesta lógica que debe regir el discurso documental, como para lanzar propuestas significativas más o menos irreverentes. Así el espíritu ácrata del aristócrata Neville conecta de algún modo con el espíritu libre de los gitanos y la filosofía de vida de los hippies. En este sentido, aunque filmes y cineastas parezcan caminar juntos, en cualquier caso, nunca van revueltos. Y es que la propuesta que Neville construye significa un retrato del cante y baile flamencos considerados en toda su pureza, sencillez y exquisitez, como si se tratara de detenerlo en el tiempo. Duende y misterio del flamenco es un plato para paladares exigentes y refinados, para espectadores capaces de apreciar la belleza y sensibilidad de unas formas culturales únicas, que en su esencia, según Neville, estaban degradándose por imposiciones de la emergente mercadería turística. Sorprendentemente, es el mismo Neville el que, al elegir vistosos escenarios como telón de fondo de las piezas musicales que presenta, convierte Duende y misterio del flamenco en un reclamo turístico de primer orden. El reclamo ideal para un turismo selecto, culto y refinado, el único capaz de distinguir y apreciar la belleza de lo auténtico y lo genuino.Un modelo de turismo tan minoritario como exigente y curioso, que se resiste a ser considerado turista y sueña con convertirse en viajero. Así, y sin por ello dejar de ser analítica, la película de Neville parece flirtear con la espagnolade primigenia, la de los románticos, en la búsqueda de lo esencial y auténtico.
En este sentido, Dame veneno supone otro tipo de aproximación a la música popular, pues Barbadillo vincula su película a la realidad, a la nueva libertad que comienza a disfrutarse tras la muerte de Franco, pero también al lado oscuro de la transición, a los barrios del extrarradio sevillano de Las 3.000 Viviendas, a la rebeldía marginal y a la dramática irrupción de la heroína de principios de los años ochenta. De algún modo, su película no sólo es una aproximación al surgimiento de Veneno, Pata Negra o La leyenda del tiempo, sino que puede entenderse como una descripción de una parte sustancial de la banda sonora de la «cultura quinqui», aunque obvie los retratos, en gran medida mitificadores de la delincuencia, hechos por otros cineastas y ejemplificados a través de personajes como El Vaquilla, El Torete o El Jaro, que llegarían a protagonizar títulos como Perros callejeros (1977) de José Antonio de la Loma, Navajeros (1980), Colegas (1982) o El pico (1983) de Eloy de la Iglesia y Deprisa, deprisa (1981) de Carlos Saura. Frente a ellos, la propuesta de Dame veneno trata de poner las cosas en su sitio desde la honestidad con la que hablan los protagonistas, sin obviar sus propios errores y contradicciones.
Notas:
(*) Este artículo se ha redactado en el marco del proyecto de investigación HAR2011-27750, «La interacción entre el cine español y el turismo: desarrollo histórico-temático; claves culturales, políticas y económicas; y perspectivas de futuro», financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España.
(**) Jorge Nieto Ferrando y Antonia del Rey Reguillo son profesores de la Universidad de Lleida y de la Universidad de Valencia respectivamente.
When analysing the way popular music from Andalucia comes together with Spanish cinema, whether we distinguish or not between film musicals and films with songs, we inevitably come up against the concept of españolada, that is as complex and hackneyed as it is in need of revision by historians of cinema and culture. As is well known, the españolada has come to be considered as a kind of transversal genre that finds expression in literature, the performing arts, painting, popular music and, practically from its inception, the cinema. As such, it has been accused of exaggerating and falsifying a range of features of what is thought to be «Spanish», driven in films by facile plots dominated by the most visceral passions involving stereotypical characters —gypsy girl, sentimental singer, bandit, flamenco dancer and bullfighter— and converting the mythology of Andalucia and its music into a synecdoche for Spain as a whole. Its roots in popular culture stretch back to the sixteenth century, but it was the European Romantics and in particular the French Romantics —Carmen (1845), by Prosper Mérimée, is usually considered to be the first españolada—, who coined the term espagnolade in the middle of the nineteenth century to refer to aspects of culture based on popular culture and characterized by Andalucia, gypsies and flamenco dances, etc. The term has been used in Spain usually with pejorative intent, though many of the features that nourish it, like flamenco or the copla ballad, have enabled works to be created that have been assimilated by high culture. It would, for example, be difficult to understand much of Federico García Lorca’s work without either musical genre.
It is also true that if a large part of Spanish musical cinema has used elements traditionally identified with the españolada, it has rarely bothered to analyze them. The latter is attempted by both Duende y misterio del flamenco and Dame veneno. While the former reviews the different ‘palos’ or varieties of flamenco at the beginning of the 1950s, the latter focuses on its evolution, on the new paths the popular genre will take after the death of Franco, when it combined with other equally popular music, like blues or rock, with Rafael and Raimundo Amador and Kiko Veneno. Using documentary and flamenco music both films evoke two different moments in Spanish history: the early 1950s when the country was sunk into autarky, governed by the iron hand of the dictator and locked into the ‘purity’ of its difference, and the end of the 1970s, the end of Francoism and the definitive opening up to the outside world. If Neville’s film echoes that first era, the second is presented in the mixing and fusion of tradition and modernity embodied in the music of the Veneno and Pata Negra groups and Camarón de la Isla’s record La leyenda del tiempo. At the same time, this evolution from purity to fusion cannot be understood without reflecting on the opening up to mass culture that began in the sixties when many Spaniards, especially young Spaniards, begin to identify more keenly with quiffs and jeans rather than the kiss curls on the forehead of the folkloric diva, flamenco flounces or bullfights, with pop and rock rather than romantic ballads. Basically, they preferred cultural models and products imported from outside to anything indigenous. The fruits of this radical cultural change ripen in the seventies, particularly after the death of Franco.
The originality of Duende y misterio del flamenco is its bold wager against the tide in its attempt to break with the españolada and the ideas of the day that bound documentaries to a strict representation of reality. The first break is characterised by its analytical and informative treatment of flamenco music, mostly far removed from folkloric stereotypes, through different musical numbers performed in exceptionally good locations that help chart a distinct geography of flamenco music. The second is much sharper and avoids the close link between image and reality, that was the NODO model, conceived at least originally as able to create faithful documentation that historians would then use to write history, as expressed in the recently imported Italian neo-realist perspectives —fleshed out in the film pages of two magazines, Índice and later, Objetivo—. According to these, any approach to aspects of popular culture must reflect an ethical position favourable to the classes generating the culture. Neville goes along with neither approach and uses highly elaborate mises en scène that play with short fictions developed in shot/counter shots within the musical performances or in the transitions between them. The choices made by the director reveal his links to the «other generation of 1927», in the intelligent way he combines popular culture with intelligent «humorismo» —a new «ism» coined for its avant-garde by the members of this generation, and understood broadly as a mixture of humour and surrealism—. It is also possible to read them within a minority conception of documentary cinema that uses it as ‘construction’, and not simply as a reflection, as outlined in texts that critic and film director José López Clemente published in the Cine Experimental magazine in the 1940s.
In any case, any approach to Duende y misterio del flamenco must involve an examination of the perception Neville had of his art and his practice. By the time he started shooting this film in 1952, the director had been interested in flamenco singing for more than thirty years, from 1922 when he was invited to attend the first Cante Jondo Competition organized in Granada by Manuel de Falla in collaboration with Federico García Lorca, Andrés Segovia, Manuel Jofré and Miguel Cerón. It was his fascination for flamenco that led him to pay homage in the form of a film text, the meaning of which he himself described in the Primer Plano magazine: «My film is a rhapsody to flamenco song and dance. It isn’t a documentary but the history of singing and dancing in Andalucia, the genuine folklore of this land, where all the stars of the genre have performed and perform». Among other ambiguities, Neville denies that his film is a documentary and refuses to slot it into the hegemonic models mentioned above; at the same time he voices his intentions as the creator and, by using such words as rhapsody, history and genuine, emphasizes what interests him most; namely, he wishes to demonstrate the value of an art he admires and to delineate didactically a history of flamenco song and dance that centres on what is genuine or authentic, and leaves out of account anything that might connect them to a commercial spectacle or tame singing for clubs.
Ten years later, Neville has changed none of his views and reasserts them in his essay Flamenco y cante jondo, that was published in 1963. He states there that «flamenco was never a show, and was never conceived of as a show: it was the form of expression of a rather inarticulate people, poems that were mournful cries from illiterates who could express themselves in no other way, love laments of a crude, primitive kind sung by those who can hardly speak but who express themselves in this way when they feel aggrieved». And it is by observing this genuine primitivism that he comes to value the poetry of flamenco and conclude that it is deeper, purer, more subtle and closer to great contemporary poets and Japanese haikais [sic] than the later popular forms developed to make it commercial. This attitude aligns him with a filmmaker like Carlos Serrano de Osma, whose film Embrujo (1947) salvaged through fiction the best tradition of flamenco song and dance and avoided the clichés exploited by the españolada.
This personal perception as explained by Neville is enough to elucidate the discursive strategy he uses in Duende y misterio del flamenco and clarify the intentions behind the images that he creates. Conceived as a sequence of scenes that are disconnected except for the narrative voice describing them and what we might call intra-diegetic labels —for example, the names of streets like «La Siguiriya»—, the film comprises thirty sequences that stage the different strands of flamenco. The order is determined by the narrative voice that places them in a hierarchy and describes them precisely. The voice begins the narrative by setting out the chronological coordinates of flamenco and its two main categories, «cante grande», comprising mainly songs unaccompanied by guitar, including musical forms such as la siguiriya, la caña, el polo or la soleá, and «cante chico», made up of forms deriving from the first like la liviana, la serrana, las peteneras, los caracoles and other kinds that spring up for use in dancing: bulerías, tanguillos, zapateados, fandangos... The voice explains methodically and seriously the musical forms in a strict cadence that recalls the classification established by the first Spanish folklorist, Antonio Machado Álvarez, in his pioneering text, Colección de cantes flamencos recogidos y anotados por Demófilo, that being the pseudonym used by the father of the brother poets Antonio and Manuel Machado.
Neville’s narrative drive is not content to associate each type of song with its original geographical space, but invests them with dramatic weight by linking them to short anecdotes that, like theatre backdrops, lend a human form to each piece of music and the stories linking the lines of their lyrics. If the melancholy siguiriya allows us to glimpse the tortured love of a couple sentenced to be always at odds, the pleasure of listening to soleares —in a very Nevillesque move— enables a handcuffed criminal clapped in prison to share music and tobacco amicably with his jailors. If the sound of the taranta is the musical accompaniment to a house move by a couple of newly weds, the bitter petenera accompanies the woman who renounces love and shuts herself up in a convent. Thus, each story lays bare a life experience that beats alongside the sorrow or bliss in the songs and dances, although Neville remains true to himself and dots the narrative with visual jokes, in apposite, characteristic bursts of humour. In this way, he can associate through his editing a young woman swaying to alegrías with the suspicious face of a goat or to subvert in the midst of bulerías, the cliché of la españolada of the «handsome Andalusian» by a barred window through which he is talking not to his beloved betrothed but to a seller of fountain pens.
However, these dashes of comedy don’t take away from Neville’s critical perspective and allow him to maintain the same level of artistic authenticity that he grants to the most genuine forms of flamenco. This explains the existence of sequences in which he links classical bolero with the sonatas of Padre Soler and the classical music that inspires the work of Albéniz or Granados. And it is Neville’s flamenco purism that creates the counterpoint with the project of Dame veneno that is intent on reflecting the most radical fusions with this music. Moreover, while the time zone of Neville’s narrative and the date when it was made are the same, Barbadillo’s film stands as a glance backwards from which to approach the heterodox music-making factory that was the Amador brothers, Kiko Veneno and the striking slice of life surrounding them at the end of the seventies. To that end, he bases his discursive strategy on the conventions of factual documentary, which he is always ready to subvert. This would explain why he does without the omnipresent third-person narrative voice that is so typical of the genre, and allows the protagonists to speak for themselves in a series of exchanges that create a more open style of discourse that appears to be less controlled by the director.
The director’s stamp on the film is of a different kind and is connected to the kind of rhetoric employed to structure the narrative. This consists in using the discursive strategy of the macrocollage that is able to create meaning by integrating the most heterogeneous elements. Consequently, by drawing on such variegated audiovisual materials as fragments of musical performances by a member of the Veneno group, photographs and personal film, notice-boards connecting the sequences, as well as the physical presence and voices of the interviewees themselves interspersed with snatches from their best-known songs, Barbadillo elaborates a narrative frieze he divides into four sections. And, making the most of it, he introduces each with short collages that follow a video-clip aesthetic and comprise a dynamic array of cut-out silhouettes of buildings and objects with the animated faces of people competing to come out on top. These connecting devices work not only as irreverent, uninhibited comic salvoes, but also as witty visual metaphors that point up the film’s possible meanings. Thus in the first segment, we get the background to the name Veneno and are told about the encounter with José María López Sanfeliu, Kiko to his friends, and the Amador brothers. In the introductory collage, the animated head of Arias Navarro announcing the death of Franco is treated like an exploding pressure cooker that throws into the air a series of images that herald in comic vein the social and cultural changes that are round the corner, of which Veneno and their imitators will be a key element. Similarly, the collage introducing the second segment, devoted to the group’s short existence and the making of its one and only record, shows Kiko’s electric guitar climbing the Giralda in Sevilla and displacing the sculpture of the emblematic Giraldillo in order to crown the tower in a visual joke that explains graphically what the recording of Veneno meant to the extent that its pioneering fusion of themes represented a farewell to traditional flamenco music. In the third part, the collaboration between Veneno and Camarón that led to La leyenda del tiempo is introduced by a different collage prompted by ideas that allude to the conquest of space in which the cut-out of La Giralda is transformed into a kind of spaceship that lands violently on the moon, in what is perhaps an allusion to the stratospheric novelty of the record that, at the time, very few managed to grasp. Of course, in 1979 the flamenco fusion music at the heart of La leyenda del tiempo was seen by most people as being music from another planet. Finally, the fourth and final segment of the film contrasts the success of Pata Negra with Kiko’s solitary journey, a Kiko by then re-baptized Kiko Veneno, and once again is preceded by a collage where in this case a shower of pills and syringes falls on the buildings in the city, in reference to the destructive appearance of hard drugs in the early eighties.
With such flourishes Barbadillo continues the exploration of the musical and cultural scene in Seville in the last years of the Franco regime and the Transition that his production company, La Zanfoña Producciones, had begun to trace in El Underground. La ciudad del Arcoiris (Gervasio Iglesias, 2003). From the sixties, Seville, alongside Barcelona and Ibiza, were the points of entry for cultural and counter-cultural movements from the United States, like the hippy movement and all it implied. The eruption of anything new and foreign collided head on with the Spanish society of the time that was traditional and cloistered, and sparked contradictions and new forms of life on the margins, the breeding ground for new musical groups like Smash, to which Gervasio Iglesias dedicated his film, emphasizing its timid striving towards a fusion of so-called «progressive rock» and flamenco. A musical and cultural fusion that is forged radically in Dame veneno and represented by a journey in the reverse direction: if Underground described how Smash, a group that began as a rock group, moves towards flamenco, Barbadillo’s film portrays the itinerary from flamenco to rock followed by the Amador brothers led by Kiko, who had just returned from his wanderings in the United States, where he had not only discovered hippies and the best rock music but also the best flamenco. In fact, the fusion practiced by Veneno works on three fronts: interclass, intercultural and inter-musical. Because if the Amador brothers are marginal gypsies from the outlying suburbs of Seville weaned on traditional flamenco, José María López Sanfeliu, Kiko, is middle class, has a university degree and is an out-and-out hippy. The alliance of the three young men, representing such different worlds and cultures, symbolized all manner of interchange that was taking place in Spanish society and facilitated the powerful and original creative fusion that resonates on every front in Dame veneno.
With its exceptional heterogeneity and the macrocollage with which he welds his diverse material, Barbadillo creates a documentary, driven by a well-ordered, didactic narrative that aims to salvage and highlight a musical fusion that has not received sufficient recognition until recently, leaving no space for the apparent improvisation found in other kinds of non-fiction cinema. For example, each interviewee introduces new information that allow the history to unfold, without broaching the contradictions and debates that one can assume accompanied the coexistence of such talented musicians as the Amador brothers or Kiko Veneno. It is precisely through incursions into the byways of video-clip, with markedly surrealist «pop collages» that structure the narrative, visually symbolizing the ruptures and changes experienced by Spanish society in the late 1970s that Veneno’s and their imitators’ music depicted in visionary fashion, capturing what happened at the time and anticipating the interculturality that was about to appear on the horizon.
From this perspective, in quite unforeseen ways, the films Duende y misterio del flamenco and Dame veneno reveal undeniable parallels that stem from a common desire to describe and promote the best flamenco music in their respective periods. Both exploit innovative formal techniques to structure their discourse and play with humour, to undermine the so-called logic that is supposed to determine the discourse of a documentary and to scatter around comments that are more or less meaningful or irreverent. In this manner the anarchist spirit of Neville the aristocrat connects with the free spirit of the gypsies and life philosophy of hippies. Although the films and their directors seem to walk together, they never collide. Neville creates a portrait of flamenco song and dance captured in all its purity, simplicity and subtlety, as if he wanted to freeze it in time. Duende y misterio del flamenco is a dish for refined, demanding palates, for spectators able to appreciate the beauty and sensibility of unique cultural forms, that were being degraded in their essential being, according to Neville, by the emerging tourist market. Surprisingly, by selecting attractive scenarios as backcloths for the musical performances, Neville himself turns Duende y misterio del flamenco into the highest quality tourist publicity. It is the ideal publicity to attract refined elite tourists, the only sort able to distinguish and appreciate the beauty of what is genuine and authentic. The minority tourist that is demanding and curious and refuses to think of himself as a tourist, who prefers to see himself as a traveller. Thus, and even though it is critical, Neville’s film seems to flirt with the original espagnolade of the Romantics in their search for essences and authenticity.
Equally, Dame veneno represents another kind of approach to popular music, because Barbadillo links his film to reality, to the new freedom that Spain begins to enjoy after the death of Franco, and also to the darker side of the Transition, the barrios of 3000 Homes in the outer suburbs of Seville, the rebelliousness in the shanty towns and the dramatic eruption of heroine at the beginning of the Eighties. In a way, his film is more than an approach to the impact of Veneno, Pata Negra or La leyenda del tiempo, because it can also be seen as a description of a substantial slice of the soundtrack to «quinqui-delinquent culture». Although it avoids the largely idealizing portraits of petty criminals in films directed by other filmmakers that focusing on characters such as El Vaquilla, El Torete or El Jaro, the protagonists of films like Perros callejeros (1977) by José Antonio de la Loma, Navajeros (1980), Colegas (1982) or El pico (1983) de Eloy de la Iglesia and Deprisa, deprisa (1981) by Carlos Saura. In contrast, the aim of Dame veneno is to try to put things in their rightful context through the frank, honest way the protagonists speak, never avoiding their own mistakes or contradictions.Notes:
(*) This article was written within the framework of the research project HAR2011-27750, ‘The interaction between Spanish cinema and tourism: historical and thematic development: cultural, political and economic drivers; and future perspectives’; financed by the Spanish Ministry for Innovation and Science.
(**) Jorge Nieto Ferrando and Antonia del Rey Reguillo are professors at the University of Lleida and the University of Valencia respectively.
Lorsqu’on analyse le mélange entre la musique populaire andalouse et le cinéma espagnol, que l’on fasse ou pas la distinction entre films musicaux ou films à chanson, il est inévitable de penser au concept rebattu et complexe d’espagnolade que les historiens du cinéma et de la culture se doivent de revisiter. Comme chacun sait et pour faire court, l’espagnolade a fini par être perçue comme une espèce de genre transversal qu’on retrouve dans la littérature, les arts scéniques, la peinture et la musique populaire dès les débuts du cinéma. Elle a également été accusée d’exagérer et de fausser certaines caractéristiques du caractère «espagnol», de s’être laissée dominée au cinéma par des sujets feuilletonesques asservis par des passions exagérément viscérales et une ribambelle de personnages réduits à certains stéréotypes comme la gitane, la chansonnière, le bandolero, la bailaora (danseuse de flamenco), le torero—, ayant par ailleurs fait de la mythologie andalouse et de sa musique une synecdoque de l’Espagne toute entière. Ses racines populaires remontent au XVIème siècle, mais ce sont les romantiques européens, et plus précisément les français—en l’occurrence, Carmen (1845) de Prosper Mérimée est fréquemment qualifiée de première espagnolade—, qui donnent son titre de noblesse au terme d’espagnolade vers 1850 afin de définir les manifestations culturelles qui s’inspirent de la culture populaire et se caractérisent par la «couleur locale andalouse», la «gitanisation», les «danses de flamenco» etc.… En Espagne, le terme a toujours et majoritairement été employé péjorativement, et ce même si certains traits qui le constituent, comme le flamenco ou la copla (chanson populaire), ont également permis de créer des œuvres que revendique la haute culture. Sans ces deux genres musicaux, au demeurant, un grand nombre des œuvres de Federico García Lorca n’auraient pu être comprises.
Soulignons par ailleurs que si le cinéma musical espagnol s’est majoritairement servi des traits qui identifient traditionnellement l’espagnolade, il s’est rarement enquis de les analyser. C’est le cas de Duende y misterio del flamenco et Dame veneno. Tandis que le premier passe en revue les différents «piliers» de ce genre populaire à l’orée des années cinquante, le deuxième aborde son évolution et les nouvelles voies qu’empruntera le flamenco après la mort de Franco, en fusionnant avec d’autres musiques populaires, comme le blues ou le rock, promues par Rafael, Raimundo Amador et Kiko Veneno. Ces deux films évoquent, à partir d’une non-fiction et en retraçant le parcours du flamenco, deux dates différentes pour la société espagnole : le début des années cinquante, alors que le pays est plongé dans l’autarchie farouchement entretenue par la dictature et qu’il est replié sur la pureté de sa différence, et la fin des années soixante dix correspondant à la fin du franquisme et à l’ouverture définitive sur l’étranger. Si le film de Neville renvoie à la première date, le second représente le métissage et le mélange entre tradition et modernité qu’incarne la musique des groupes tels que Veneno, Pata Negra ou le disque La leyenda del tiempo (la légende du temps) de Camarón. Ceci étant dit, cette évolution allant de la pureté au mélange ne peut être comprise sans prendre en compte l’ouverture à la culture de masse en cours dans les années soixante, alors que beaucoup d’espagnols, notamment les plus jeunes d’entre eux commençaient à s’identifier davantage à la banane ou aux jeans plutôt qu’à là mèche ondulée descendant sur le front de la danseuse folklorique, à la robe à pois ou aux corridas, à la musique pop et rock plutôt qu’à la chanson populaire. Ils se mettaient à préférer les modèles et les produits culturels importés délaissant ceux qualifiés d’autochtones. Les conséquences de ce changement culturel drastique s’amplifierait au cours des années soixante et notamment après la mort du dictateur.
L’approche intéressante de Duende y misterio del flamenco est un pari qui allait à contrecourant et souhaitait rompre aussi bien avec l’espagnolade qu’avec les concepts en vigueur à l’époque qui condamnaient le documentaire à une stricte représentation de la réalité. La première rupture se caractérise par une approche analytique et documentée du genre musical qu’est le flamenco, assez éloignée du stéréotype folklorique, et ce à travers différents numéros musicaux au sein d’environnements privilégiés qui permettent de retracer la géographie particulière du flamenco. La seconde rupture est, quant à elle bien plus soudaine et dépasse tout lien entre image et réalité, ce sera le cas du modèle du NODO, qui au moins au début était censé fournir des documents fidèles aux historiens leur permettant de retracer l’Histoire comme le prônait la réflexion néoréaliste tout juste importée —qui s’exprime dans les revues cinématographiques d’Índice et ultérieurement d’Objetivo—. Selon cette réflexion, tout rapprochement de certains aspects de la culture populaire devait avoir un point de vue éthique favorisant les classes qui l’avaient créée. Neville n’optera pour aucune de ces approches et préfèrera, à partir de mises en scène très élaborées, développer des fictions courtes en contrechamp des spectacles musicaux ou dans les intervalles. Les choix du cinéaste dévoilent assez clairement les liens qu’il entretenait avec «l’autre génération de 27», alliant savamment la culture populaire et l’humour-isme intelligent —un nouvel isme revendiqué par les membres de cette génération à l’adresse de son avant-garde, se définissant sommairement comme un mélange d’humour et de surréalisme—. Il est également possible de rattacher ses choix à une conception minoritaire du cinéma documentaire qui y voit une «construction», et pas du tout un simple reflet, exposée dans certains textes que le critique et réalisateur de cinéma, José López Clemente a publié dans la revue Cinéma Expérimental dans les années quarante.
Ceci étant, toute approche de Duende y misterio del flamenco se doit d’insister sur la perception que Neville se faisait de cet art et comment il s’y confronta. Quand le tournage démarre en 1952, cela faisait déjà trois décennies qu’il s’intéressait au flamenco chanté et plus précisément depuis 1922, où il eut l’occasion d’assister en tant qu’invité au Premier Concours de Cante Jondo organisé à Granada par Manuel de Falla avec la collaboration de Federico García Lorca, Andrés Segovia, Manuel Jofré et Miguel Cerón. C’est cette fascination pour le flamenco qui l’incitera à lui rendre un hommage particulier sous la forme d’un texte film qu’il a lui-même définit dans la revue Primer Plano en 1952 : «Mon film est l’exaltation du chant et de la danse propre au flamenco. Il ne s’agit pas d’un documentaire mais plutôt de l’histoire du chant et de la danse andalouse, du folklore authentique de cette région qui a accueilli et accueille tous les plus grands talents de cette discipline». Entre autres ambigüités, Neville décide de renier le statut de documentaire de son film plutôt que de le classer parmi les modèles hégémoniques susmentionnés exprimant toutefois ses intentions de réalisateur qui, par le biais de certains termes comme ‘exaltation’, ‘histoire’ et ‘authentique’, met l’accent sur ce qui le préoccupe le plus; en fait, il ne prétend pas seulement mettre en valeur un art qu’il admire, mais bien retracer, d’un point de vue didactique, l’histoire du chant et de la danse du flamenco privilégiant ce qu’il y a d’authentique et omettant la part de spectacle commercial mais aussi le chant très discipliné des tablaos (lieux où l’on donne des représentations de flamenco).
Dix ans plus tard, Neville n’a pas changé d’un iota ses prises de position et reprend une fois de plus la même idée dans son essai Flamenco y cante jondo, publié en 1963. Il y affirme que «le flamenco ne fut pas un spectacle et ne fut pas inventé pour le devenir : c’était la forme d’expression d’un peuple somme toute inarticulé, de poèmes que les analphabètes récitaient en pleurant car ils ne pouvaient le faire autrement, il s’agissaient de complaintes amoureuses marquées par un primitivisme grossier qui savait à peine parler mais qui blessé s’exprimait de la sorte». Et c’est en se penchant sur ce primitivisme authentique qu’il aborde la poésie du flamenco, la jugeant bien plus profonde, plus pure et plus subtile mais aussi plus proche des grands poètes contemporains et des haïkaïs [sic] japonais contrairement aux produits dérivés populaires qui lui ont succédé et qui ne visaient qu’à le commercialiser. Cette attitude s’inscrivait dans le sillage d’un cinéaste comme Carlos Serrano de Osma, dont le film Embrujo (1947) était une fiction qui revisitait la meilleure tradition du chant et de la danse du flamenco, fuyant les clichés brandis par l’espagnolade.
La stratégie discursive de Duende y misterio del flamenco ne s’explique que par la perception personnelle de Neville et permet de comprendre les propositions que le cinéaste fait à travers ses images. Il s’agit d’une succession de tableaux sans autre lien que la voix narratrice qui les ponctue auxquelles se rajoutent des pancartes intra-diégétiques —indiquant les noms de certaines rues comme «La Siguiriya»—. Le film se structure en trente séquences mettant en scène les différents piliers incontournables du flamenco. Leur ordre est déterminé par la voix narratrice qui les hiérarchise et les décrit au moyen d’observations précises. C’est cette même voix qui entame le récit et présente chronologiquement le flamenco et ses deux catégories principales, le cante grande, composé essentiellement de chants sans guitare regroupant des styles musicaux tels que la siguiriya, la caña, le polo ou la soleá, et le cante chico, qui réunit tous les styles hérités du premier tels que la liviana, la serrana, les peteneras, les caracoles et autres modalités dansantes : les bulerías, tanguillos, zapateados et fandangos... Il égrène les styles musicaux à un rythme soutenu rappelant le classement établi en 1881 par le premier spécialiste du folklore espagnol, Antonio Machado Álvarez, dans le texte fondateur Collection des chants issus du flamenco rassemblés et annotés par Demófilo, pseudonyme avec lequel le père des frères Machado avait coutume de signer.
L’enthousiasme narratif de Neville ne se contente pas d’associer le chant à sa zone géographique d’origine, il les dote d’intensité dramatique en les affublant de petites anecdotes qui, comme des toiles de fond, humanisent les œuvres musicales et les récits enfilant les vers dans les chansons. Si dans la mélancolique siguiriya, l’amour tourmenté d’un couple condamné à l’échec apparait, le plaisir du chant à travers les soleares—dans une référence particulièrement « nevillesque »— permet à un prisonnier menotté qu’on conduit en prison de partager du tabac et de la musique en toute simplicité avec les policiers qui le surveillent. Si le son de la taranta accompagne le déménagement d’un jeune couple de mariés, le chant douloureux d’une peteneraaccompagne la femme qui renonce à l’amour pour se cloitrer dans un convent. Chaque récit révèle ainsi l’expérience vitale qui se cache derrière les déchirures ou la joie à travers la musique et la danse. Neville a ceci étant du mal à renoncer à son humour et il émaille ponctuellement son récit de pirouettes visuelles, véritable déploiement de manifestations humoristiques. Il ose au montage associer l’émoi d’une jeune fille qui danse de joie au regarddubitatif d’une chèvre et transgresser, au gré de bulerías, le cliché de l’espagnolade mettant en scène un ‘andalou’ posté devant une grille à travers laquelle, à la surprise générale, il ne parle pas à sa fiancée mais à un vendeur de stylos plume.
Les glissements humoristiques n’empêchent pas l’auteur de conserver son point de vue et de maintenir le degré d’authenticité artistique qu’il attribue au flamenco le plus pur. Ce qui pourrait expliquer la présence de séquences où le flamenco est associé au boléro classique, aux sonates du père Soler et à la musique classique qui inspire les œuvres d’Albéniz ou Granados. Et c’est précisément ce purisme du flamenco de Neville qui sert de contrepoint à la proposition de Dame veneno, film qui prétend montrer les mélanges les plus marquants de cette musique. Par ailleurs, si l’époque du récit de Neville et la date de sa réalisation coïncident, le film de Barbadillo s’affiche lui comme un regard sur le passé cherchant à étudier la facture musicale hétérodoxe des frères Amador, de Kiko Veneno et du cadre qui était le leur à la fin des années soixante dix. Pour ce faire, il fondera sa stratégie discursive sur les conventions du documentaire expositif, sans renoncer pour autant à les dépasser. Raison pour laquelle il se passe de l’omniprésente voix narrative à la troisième personne, si caractéristique du genre et préfère donner la parole aux protagonistes, dont les témoignages successifs ponctuent un discours plus ouvert et en apparence moins maîtrisé par le réalisateur.
L’empreinte de ce dernier dans le film appartient à un autre registre et renvoie à l’option rhétorique qui sert à articuler le récit. Elle consiste à appliquer une stratégie discursive de macro-collage capable de produire du sens grâce à l’insertion d’éléments hétérogènes. Barbadillo utilise pour ce faire, des matériaux audiovisuels aussi divers que les extraits des spectacles musicaux des membres du groupe Veneno, les photographies et les films privés, les affiches reliant les séquences, mais aussi les présences et les voix des personnes interviewées entrecoupées par les chansons du groupe les plus connues. Il constitue ainsi une frise narrative structurée en quatre parties et pour couronner le tout, il présente chaque partie au moyen de petits collages qui s’inspirent du style des vidéoclips et forment un groupe dynamique de silhouettes découpées sur fond d’immeubles, d’objets et de visages de personnages qui jouent à se superposer indéfiniment. Ces charnières narratives, ne sont pas seulement d’irrévérencieux petits clins d’œil humoristiques, mais aussi d’ingénieuses métaphores visuelles qui anticipent les sens possibles du film. C’est le cas de la première partie qui sert à informer sur le pourquoi du comment du nom de Veneno et qui raconte la rencontre de José María López Sanfeliu, Kiko pour les plus intimes avec les frères Amador. Dans le collage servant d’introduction, la tête animée d’Arias Navarro qui annonce la mort de Franco ressemble à une cocotte minute qui explose et la pression qui se dégage montre une série d’images annonçant gaiement les changements socioculturels à venir, dont Veneno et ses acolytes seront les plus grands exposants. En ce sens, le collage qui annonce la deuxième partie consacrée au court périple du groupe et à l’enregistrement deleur premier et unique disque, montre comment la guitare électrique de Kiko escalade la Giralda et déplace la sculpture de l’emblématique Giraldillo avant de couronner la tour par une pirouette visuelle qui graphiquement décrit ce que l’enregistrement du disque de Veneno symbolisait, remplaçant la musique flamenca traditionnelle par le mélange innovant des thèmes proposés. Dans la troisième partie, la collaboration entre Veneno et Camarón à l’origine de La légende du temps est introduite par un nouveau collage dont les motifs renvoient à la conquête de l’espace transformant le découpage de la Giralda en une espèce de vaisseau spatial qui heurte violemment la surface de la lune, claire référence à la nouveauté stratosphérique d’un disque qu’à cette époque peu de gens comprirent. Il est indéniable qu’en 1979 la proposition de flamenco fusion de La légende du temps fut perçue par le plus grand nombre comme une musique venant d’ailleurs. Pour finir, la quatrième et dernière partie du film met en scène les succès de Pata Negra peignant la traversée solitaire de Kiko, qui s’appelait désormais Kiko Veneno, précédé encore une fois d’un collage montrant une pluie de comprimés et seringues qui tombe sur les immeubles de la ville, allusion évidente à l’arrivée destructrice des drogues dures aux débuts des années quatre vingt.
Barbadillo poursuivit son exploration des particularités musicales et culturelles sévillanes du franquisme tardif et de la Transition au moyen de ces constructions introduites par sa maison de production, La Zanfoña Productions avec Underground. La ciudad del Arcoiris (Gervasio Iglesias, 2003). À partir des années soixante, Séville conjointement à Barcelone et Ibiza, fut une porte d’entrée des événements culturels et de la contre-culture venant des États-Unis, comme ce fut le cas du mouvement hippie avec tout ce que cela impliquait. L’irruption de la nouveauté et de ce qui venait de l’étranger heurta la société espagnole traditionnelle repliée sur elle-même, créant des contradictions et des nouveaux styles de vie marginaux, pépinière de nouveaux groupes musicaux, tels que les Smash, à qui Gervasio Iglesias dédicacera son film et confirmera son goût naissant pour la fusion entre rock progressiste et flamenco. Une fusion musicale et culturelle qui dans Dame veneno apparait franchement, représentée par une trajectoire inverse : si Underground montrait le rapprochement d’un groupe de rock comme Smash vis à vis du flamenco, le film de Barbadillo retraçait l’itinéraire allant du flamenco au rock des frères Amador guidés par Kiko, qui rentrait alors de son périple aux États-Unis, au cours duquel il avait non seulement rencontré les hippies et la meilleure musique rock, mais aussi le « bon » flamenco. La fusion entreprise par le groupe Veneno se décline en trois volets, interclassiste, interculturel et inter-musical. Car si les frères Amador sont des gitans marginaux de la banlieue de Séville qui se sont nourris du flamenco traditionnel, José María López Sanfeliu, Kiko est quant à lui issu de la classe moyenne, titulaire d’un diplôme universitaire et un hippie convaincu. La rencontre de ces trois jeunes qui représentent des mondes et des cultures si opposées et qui symbolisent par ailleurs les échanges en tout genre qui se produisent dans la société espagnole, va favoriser la fusion créatrice originale et puissante à laquelle répond Dame Veneno avectoutesses dérives.
À partir de son hétérogénéité spécifique et au moyen du macro-collage qui rassemble divers matériaux, Barbadillo signe un documentaire qui privilégie une narration ordonnée, didactique visant à récupérer et revendiquer une fusion musicale qui n’a jusqu’à présent pas suffisamment été reconnue, sans accorder de place à l’apparente improvisation d’autres modalités cinématographiques autres que la fiction. Chaque personne interviewée apporte par exemple de nouvelles informations qui permettent de faire évoluer l’histoire sans rentrer dans les contradictions ou les débats sur la cohabitation des talentueux musiciens que sont les frères Amador avec Kiko Veneno. C’est précisément à travers les méandres du vidéoclip, au moyen des collages pop au style surréaliste qui ponctuent le récit que sont symbolisées visuellement les ruptures et les transformations vécues par la société espagnole à la fin des années soixante dix. La musique de Veneno et ses dérivés portraiturait de façon visionnaire ce qui était arrivé à l’époque, étant par ailleurs capable d’anticiper sur l’inter culturalité inhérente au futur qui s’annonçait.
De ce point de vue et contre tout pronostic, les films Duende y misterio del flamenco et Dame veneno affichent des parallélismes incomparables qui nous renvoient à leur objectif commun qui n’était autre que décrire et divulguer les meilleurs moments du flamenco. Les deux films utilisent des mécanismes stylistiques qui facilitent la chronologie du discours et jouent avec l’humour, afin de subvertir la logique qui était censée régir le discours documentaire et faire des propositions significatives plus ou moins irrévérencieuses. Ainsi l’esprit anarchiste de l’aristocrate Neville rejoint en quelque sorte l’esprit libre des gitans et la philosophie de vie des hippies. En ce sens, même si ces deux films et ces deux cinéastes semblent marcher dans la même direction, ils ne peuvent être confondus. En fait, la proposition que Neville a construite est un portrait du chant et de la danse du flamenco décrits dans toute leur pureté, simplicité et raffinement comme s’il s’agissait de l’arrêter dans le temps. Duende y misterio del flamenco est un plat pour les palais exigeants et raffinés, pour les spectateurs capables d’apprécier la beauté et la sensibilité de formes culturelles uniques, qui dans leur essence et d’après Neville se dégradaient à cause des impositions du marché touristique émergeant. Contre toute attente, c’est Neville en personne qui lorsqu’il choisit de somptueux décors comme toile de fond pour ses morceaux musicaux, fait de Duende y misterio del flamenco une magnifique annonce publicitaire pour touristes. La publicité idéale pour un tourisme chic, cultivé et raffiné, seul capable de distinguer et d’apprécier la beauté de l’authenticité et de la pureté.Un modèle touristique aussi minoritaire qu’exigeant et curieux, qui refuse d’être perçu comme un touriste et qui rêve d’être assimilé à un voyageur. Ainsi, et en poursuivant l’analyse, le film de Neville semble flirter avec l’espagnolade originelle, celle des romantiques à la recherche de ce qui est essentiel et authentique.
En ce sens, Dame veneno suppose un autre type d’approche de la musique populaire. En effet, Barbadillo connecte son film à la réalité, à cette nouvelle liberté qui commence à poindre après la mort de Franco, mais également à la face plus obscure de la transition, aux quartiers de la banlieue de Séville des «3000 logements», à la révolte marginale et à l’irruption dramatique de l’héroïne au début des années quatre vingt. Son film est en quelque sorte une approche de l’éclosion de groupes comme Veneno, Pata Negra ou La légende du temps qui peut aussi être vue comme la description d’une partie primordiale de la bande sonore de la «culture loubard», même s’il manque les portraits qui mystifient la délinquance, que d’autres cinéastes réaliseront à travers des personnages prétendument exemplaires tels que Vaquilla, Torete ou Jaro, qui deviendront les vedettes de films comme Perros callejeros (1977) de José Antonio de la Loma, Navajeros (1980), Colegas (1982) ou El pico (1983) de Eloy de la Iglesia et Deprisa, deprisa (1981) de Carlos Saura. Face à ces derniers, la proposition de Dame veneno tente de mettre les choses à leur place avec l’honnêteté qui caractérise ses protagonistes, sans dissimuler ses propres erreurs et contradictions.Notes:
(*) Cet article a été rédigé dans le cadre du projet de recherches HAR2011-27750, «L’interaction entre le cinéma espagnol et le tourisme: développement historique et thématique; clés culturelles, politiques et économiques; et perspectives d’avenir», financé par le Ministère des Sciences et de l’Innovation du Gouvernement Espagnol.
(**) Jorge Nieto Ferrando et Antonia del Rey Reguillo sont professeurs à l’Université de Lleida et l’Université de Valence respectivement.