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Premios Goya. Dirección novel

«No me digas que no se puede»

Por Jara Yáñez

Video sobre Santiago A. Zannou

La máxima que guiaba la vida del protagonista de El truco del manco (2008), «no me digas que no se puede», bien podría ser el axioma con el que su director conduce hasta el día de hoy su carrera profesional. Santiago Ahuanojinou Zannou (Madrid, 1978), hijo de inmigrantes y perteneciente a una familia humilde del barrio madrileño de Carabanchel, no tuvo las cosas fáciles y, de hecho, nunca pensó en la posibilidad de dedicarse al cine hasta el día que leyó en el periódico la historia de dos niños nigerianos que fueron encontrados muertos por congelación en el portamaletas de un avión. Llevaban consigo una carta con la que querían contar a los señores importantes del mundo que en su colegio faltaban balones para jugar y lápices para escribir: «Conecté con aquella noticia y pensé que había cosas que, por mi experiencia vital y mi condición social, podía y quería contar», confiesa el realizador. Desde entonces entiende el cine como medio de transmisión de una realidad con la que se siente no solo fuertemente implicado sino también firmemente identificado. Historias de superación y personajes marginales que luchan por encontrar un hueco en una sociedad que no los considera, son dos de los elementos esenciales del universo cinematográfico de Zannou. Reflejo siempre de sus experiencias vitales, su cine conecta además con esa parte de la realidad social del país que no siempre tiene cabida en los medios de la comunicación y sobre la que sus filmes proponen al espectador una reflexión: «Con mi cine quiero entretener pero también remover y hacer pensar».

Con veintidós años de edad, Zannou decide estudiar dirección y cambia de ciudad para matricularse en el Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya (CECC), en Barcelona. Allí reside hoy, compaginando la labor como profesor en la escuela de cine Bande á Part (y después de haber trabajado durante cuatro años en el propio CECC), con la realización de sus proyectos más personales. Como guionista y director de todos sus filmes hasta la fecha y fiel a sus aspiraciones primeras, ya en la escuela Zannou se decanta por esas historias de marcado carácter social con las que aprovecha, además, para desahogar inquietudes íntimas y personales. Narrados siempre en tono realista, rodará allí un primer cortometraje de un minuto sobre la persecución de unos nazis a un negro y otras dos piezas cortas: Cara sucia (2004) y Mercancías (2005), ambas en 35 mm. Y si en la primera de estas dos (subvencionada además por el ICAA) decidió proponer una historia muy personal, prácticamente autobiográfica, sobre la exclusión y el racismo de un niño negro en la escuela, Mercancías trataba con incisión la desregulación legal que pesa sobre la prostitución de inmigrantes (sobre todo de mujeres negras). «España es uno de los países más racistas del mundo. Yo era el único negro de mi colegio y lo pasé muy mal. Por eso, cuando tuve la oportunidad decidí contar historias que reflejasen el rechazo al diferente de manera contundente». La nominación de Cara sucia como mejor cortometraje de ficción en los Premios Goya animó a Zannou a continuar en su carrera como cineasta y adentrarse en la aventura del largo.

El truco del manco, su debut en este campo, fue de nuevo un proyecto personal con el que el director se proponía dar forma a la vida de Juan Manuel Montilla, el Langui, un rapero madrileño, miembro del grupo La Excepción y afectado de parálisis cerebral, al que había conocido mientras colaboraba en su disco Cata cheli (2003). Las largas sesiones de grabación sirvieron para forjar una amistad pero también para descubrir lo mucho que ambos tenían en común y para ir desarrollando un guión original a través del cual Zannou volvía a sus temas predilectos (la exclusión del diferente y la capacidad de superación frente a las adversidades como cuestiones centrales de la trama). Muchas de sus vivencias de infancia en el barrio, con las drogas y la delincuencia como telón de fondo y el hip-hop como hilo narrativo y acompañamiento musical, dieron forma a un guión arriesgado que no fue fácil sacar adelante: «No es sencillo conseguir la confianza de un productor cuando se trata de un director novel, de actores sin experiencia, de una historia de temática cruda y de un rodaje realista. Había también cierta desconfianza por ser gente de barrio...», explica el director. Mientras la producción terminaba de asentarse, Zannou acumulaba horas de práctica y experimentación a través del videoclip: «Que con poco presupuesto y poco tiempo, es un buen ejercicio y ayuda a agudizar el ingenio». Una experiencia que tendría también su reflejo estético en el resultado final del film. Cinco años después y con el apoyo del productor Luis de Val (a la cabeza de Media Films S. L.), el proyecto veía por fin la luz.

El truco del manco se estrenó en el Festival de San Sebastián y después de una buena acogida en salas (con un total de 70.639 espectadores), fue nominada a mejor director novel, mejor actor revelación y mejor canción original en la XXIII edición de los Premios Goya, en la que obtuvo los tres galardones. «Aquello abrió las puertas pero también todo un camino de trabajo», afirma Zannou. «Sobre todo fue un impulso que hizo que me pusiera las pilas más aún», añade. Todo aquello sirvió sin duda para lanzar definitivamente la carrera de Zannou que, desde entonces, ha encadenado un encargo tras otro. Y el primero de ellos, el documental El alma de la roja (2009), por petición de la Federación Española de Fútbol a propósito de su centenario, un reportaje más o menos convencional (con entrevistas a los más importantes representantes de la selección y valioso material de archivo) que culminó con la victoria del equipo en el último mundial.

Actualmente se encuentra escribiendo la adaptación al cine de la novela de Carlos Bardem El alacrán enamorado, por petición expresa del propio actor y escritor, que vio en Zannou al realizador perfecto para dar forma fílmica a su historia. Y es que, no solo confluyen aquí de nuevo muchos de los temas de interés del realizador (la inmigración, la prostitución o las adicciones), sino que además se configura como un reto mayor: enfrentarse a la narración en primera persona de un skinhead. Zannou aborda el compromiso con entusiasmo. Mientras, además, ha tenido tiempo también para realizar La puerta de no retorno (2010), un documental íntimo y, quizá más personal que ninguno de sus trabajos anteriores, a través del cual hace cuentas con su propia historia familiar a través de la narración de la travesía que hiciera su padre desde Benín a España hace treinta y siete años y de la grabación de su viaje de vuelta en busca del perdón y la reconciliación con su familia: «Era un film que tenía que hacer, que me ha ayudado a entender mejor de dónde vengo y que me servirá a partir de ahora para continuar con mi carrera como director», explica el propio Zannou. La puerta de no retorno fue estrenado en la Competición Nacional de Largometraje en el pasado VIII Festival Internacional de Documentales de Madrid (Documenta Madrid 11).

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