Por Miguel Fernández Labayen
Video sobre J. D. Wallovits y R. Gual
En el V Festival de Cine Español de Málaga de 2002, Smoking Room aparecía como gran vencedora y revelación del certamen, junto con El otro lado de la cama (Emilio Martínez Lázaro, 2002). Los galardones a mejor guión, Premio Especial del Jurado y mejor actor protagonista a todo el elenco reconocían el trabajo de la película dirigida y guionizada por los debutantes Julio D. Wallovits y Roger Gual. Muchos eran los intereses de esta historia, que Bill Nichols ha catalogado en su artículo Selling Out Spain: Screening Capital and Culture in Airbag and Smoking Room, como «una exploración del capital y su influencia sobre los espacios narrativos y físicos, sobre la cultura y la identidad» (Nichols, 2009, p. 135). Desde el trabajo de los actores hasta la puesta en escena, con una cámara en constante movimiento y a escasos centímetros de los intérpretes, pasando por la agilidad y mordacidad de los diálogos o la escenografía minimalista, todo apuntaba hacia un marcado atrevimiento formal encomiable en unos recién llegados. A la vez, las notas de prensa se hacían eco de una producción realizada en cooperativa, con 240.000 euros de presupuesto y la mayoría del equipo trabajando gratis, a expensas de cobrar un posible porcentaje de lo recaudado en taquilla una vez recuperados los gastos. En definitiva, el énfasis sobre el carácter colectivo de la empresa dialogaba con el interés por los promotores de la misma, los citados Wallovits y Gual.
El 13 de junio de 2002, menos de un mes después de los premios malagueños, la película llegaba a las salas. Así, el eco del triunfo festivalero permitía un cierto seguimiento por la prensa generalista, a la vez que un entusiasta recibimiento por los críticos especializados. Por ejemplo, Mirito Torreiro en Fotogramas, núm. 1904, no dudaba en nombrar a la película como «el debut más estimulante, canalla y coherente del cine español en años». Todas las miradas se dirigían hacia el perfil de los directores: Julio Daniel Wallovits (Buenos Aires, 28 de enero de 1969) y Roger Gual (Barcelona, 12 de noviembre de 1973). En su voluntad por domesticar la anómala cualidad bicéfala de la dirección, se acentuaban dos rasgos, comunes por otro lado a buena parte de los directores debutantes del cine español de los años noventa y dos mil: su juventud y su amplia formación en el mundo audiovisual. En este caso, el exitoso paso por la publicidad de ambos realizadores era tomado como síntoma de los temas abordados en el filme: la extensión y opresión de la cultura corporativa en el mundo contemporáneo. En un segundo plano quedaban la relación familiar de Roger con el dramaturgo catalán Adrià Gual y el aire cosmopolita de la pareja —con el paso de dos años de Gual por Nueva York (http://www.rogergual.com/) y el origen argentino de Wallovits (los extras del DVD de Smoking Room incorporan abundante información personal del director y guionista)—. Si lo primero estrechaba de forma algo artificial unos lazos con los orígenes del cine en Cataluña, lo segundo acrecentaba las interpretaciones sobre los procesos de transnacionalización cultural e identitaria de la película. En cualquier caso, el paraguas conceptual más utilizado para acercarse a la película era el sentimiento de libertad e independencia que desprendía, tanto en términos formales y narrativos como económicos.
En este sentido, la promoción del filme mezclaba de forma compleja el potencial creativo de la publicidad, el desparpajo de dos realizadores jóvenes y un complicado espíritu independiente, que se rastreaba tanto en los modos de producción como en una propuesta estética autoproclamada como heredera de Cassavetes. Esa filiación indie fue enarbolada por críticos y directores en unos términos que no dejan de ser equívocos y tendenciosos en el caso que nos ocupa, que nos llevaría a reflexionar sobre la independencia en el cine español, sobre todo en el ámbito del documental, como ha hecho Josetxo Cerdán en diversos trabajos recientes. Pues como reconocería Roger Gual en su Todo por un largo. Diario de Smoking Room (Ocho y Medio, 2003), el proyecto fue rechazado por instituciones y televisiones, de tal modo que la posición independiente fue totalmente forzada, que no elegida:
Esto es a lo que yo llamo cine independiente, no me va el cine independiente con dinero público. Ahora si nos dijeran que nos dan la pasta y podemos hacer la peli mucho más tranquilos, bienvenido el cine «dependiente». (Gual, 2003, p. 40).
Sea como fuere, la película circuló por diversos festivales nacionales e internacionales con éxito, recogiendo menciones y premios en el Festival de Karlovy Vary (2002), la Mostra de Valencia o el Festival de Cortometrajes de Madrid, además de estar nominada a los Premios Europeos de Cine. Finalmente, el 1 de febrero de 2003, Roger Gual y Julio D. Wallovits ganaban el premio a la mejor dirección novel en la entrega de los XVII Premios Goya. El empujón del premio permitiría el reestreno de Smoking Room, cuyos datos acumulados en taquilla suman a día de hoy casi 125.000 espectadores y 585.000 euros de recaudación. El respaldo del Goya no evitaba que Gual se hiciera esta pregunta dos días después de la ceremonia:
Sí, de acuerdo, tenemos un Goya. Pero alguien me puede contestar a esta pregunta: ¿Y ahora qué? (Gual, 2003, p. 162).
Después del éxito de Smoking Room, Roger Gual y Julio D. Wallovits continuarán su trayectoria en el cine español explorando distintos asuntos en solitario. En este caso, Wallovits resume con total naturalidad este paso a la trayectoria en solitario: «Cuando nosotros quisimos trabajar por separado es porque tenemos diferentes asuntos de interés. Si no, hubiésemos seguido rodando juntos» (La Vanguardia, 28 de septiembre de 2006). Aun así, no resultaría difícil, asumiendo las trampas de la teoría de autor tradicional, trenzar un cierto continuum temático y estético entre lo expuesto en Smoking Room y las consiguientes aventuras fílmicas de sus dos impulsores.
Ya en 2003, Wallovits rodará un cortometraje llamado La simetría. Producida por la empresa de cine publicitario Puente Aéreo Producciones, la película explora, en un escenario de fondo neutro y con un mínimo atrezo compuesto apenas por una cama y un par de sillas, las infidelidades cruzadas de dos parejas a través del diálogo entre los hombres. Realizada en un estilizado blanco y negro y con un encuadre general prácticamente inalterable, el filme, interpretado por dos de los actores de Smoking Room (Eduard Fernández y Francesc Garrido) reflexiona irónicamente sobre el ideal de la perfección representado por la simetría. A continuación, Wallovits rueda El deseo de tener un hijo sordo (2005) y La disonancia (2005), otro encuadre fijo (esta vez en color) de 4’ de un bosque, cruzado momentáneamente por un hombre que tira de una mujer muerta. El corto es una producción de Eddie Saeta, empresa dirigida por Lluís Miñarro e identificada con un cierto cine peliagudamente denominado alternativo e independiente. La productora financiará también el siguiente largometraje de Wallovits: La silla (2006), segunda parte de una trilogía iniciada con La simetría y que, según su responsable, tiene por objeto reflexionar sobre la influencia del espacio en la forma de vivir. La abstracción de la propuesta, basada en un personaje (Francesc Garrido, otra vez) que vive en un polígono industrial y pone toda su esperanza en la adquisición de una silla, tuvo una fría acogida en la taquilla española. Sin embargo, la cinta tuvo una vida festivalera más holgada, pasando por el Festival de Locarno, San Sebastián, Sitges o Roma (2006) y Punta del Este (2007). Paralelamente, el director argentino estrenó el montaje teatral Las listas (2009), celebrada parodia de los significados del arte y nueva vuelta de tuerca a los parámetros abstractos, minimalistas y absurdos que mueven las narraciones de Wallovits.
En cuanto a Roger Gual, su siguiente experiencia cinematográfica es Remake (2006), largometraje que aborda las diferencias generacionales entre unos padres con pasado hippy y sus hijos. Sobresale el trabajo con los actores, en este caso con unos diálogos centrados en transmitir ciertas experiencias que rozan las lecciones vitales. Además, Gual insiste en concentrar la acción en prácticamente un único espacio, si bien esta vez abierto, y en una acción que discurre en un fin de semana. Producida por Ovídeo y, en menor medida, por la argentina Patagonik Film Group, la película fue distribuida por Warner BROS. España y alcanzó una repercusión moderada, con algo más de 50.000 espectadores en España. El paso por festivales (Mar del Plata, Locarno, Montreal entre otros) se vio coronado por la Biznaga de Plata a la mejor interpretación masculina obtenida por Juan Diego en el Festival de Cine Español de Málaga, compartida con su intervención en El triunfo (Mireia Ros, 2006).
Por último, Gual se ha involucrado como productor ejecutivo en experiencias como Parking (2007), la primera película del guionista televisivo David Lillo. Surgida de una iniciativa de la escuela Estudio de Cine, Gual supervisó el trabajo de quince personas para que rodaran un largometraje en un mes. Además, en 2010 dirigió la obra de teatro Más allá del puente y en 2011, junto con Steve Green, el cortometraje Room 21 para hotelcasacamper.tv y la productora boolab. A día de hoy, Roger Gual está escribiendo con Silvia González y Javier Calvo el guion de su tercer largometraje, Menú degustación, que producirá Zentropa Spain (http://www.zentropaspain.com/).