Por Alicia Albaladejo
Video sobre Juan Carlos Fresnadillo
Santa Cruz de Tenerife, 1967; son el lugar y año de nacimiento de un caso atípico del cine español reciente, el de Juan Carlos Fresnadillo. Si la semblanza que sigue comienza con estos datos biográficos no es producto del azar, tan presente en el imaginario de este director; al contrario, se trata más de un modo de subrayar las raíces y los tiempos que marcarán la forma de vivir el cine de este autor, de cómo lo asimila en la infancia, contagiado por unos padres cinéfilos, a cómo llegará a realizarlo años más tarde. Porque, al igual que sus personajes, Fresnadillo dice sentirse un viajero, siempre en tránsito, quizás un rasgo intrínseco a sus orígenes canarios: «Como director, soy un viajero y quiero seguir probando fuera de mi país. Será que soy de Tenerife, que está cerca de África pero mira a Europa y tiene un corazón sudamericano. Yo me siento ciudadano del mundo». Sin embargo, su carácter perfeccionista y analítico, contenido e intuitivo a un tiempo, le invita a emprender cada travesía sin prisa. Deja transcurrir el tiempo necesario entre un proyecto y el consecutivo, pero mantiene la avidez por dar con nuevas historias que ir descubriendo con la actitud curiosa e inquieta del buscador de tesoros.
En este buscar y rebuscar en las experiencias vividas se encuentra la semilla de Intacto (2001), una sorprendente ópera prima que da pie a estas líneas. Avalada con dos premios Goya a la dirección novel y al actor revelación (Leonardo Sbaraglia), Intacto parte de los recuerdos que el director grabó de niño en su memoria tras la colisión de dos Jumbos en el aeropuerto de Los Rodeos, y a partir de este hecho trágico moldea una historia sobre el azar y la muerte, temas recurrentes en su hasta ahora breve pero intensa filmografía. El propio director define la película como «un thriller con tono de fábula», donde una serie de personajes con el don de robar la suerte se juegan su propio destino y el de quienes los rodean, en un despliegue de estampas visuales casi oníricas, repletas de intrigas y emociones, que confluyen en una sola dirección y un mensaje final, el de que «tu suerte te la acabas buscando tú mismo», en palabras del director. Rodada entre Madrid y Tenerife, en lugares pretendidamente neutros que podrían encontrarse en cualquier parte y que sumados a la impecabilidad formal, el ritmo narrativo y un excelente guión (a cargo de Andrés Koppel y el propio Fresnadillo) favorecen un extrañamiento que domina todo el metraje, Intacto se posiciona como la obra más personal y reveladora del tinerfeño, su carta de presentación dentro y fuera de España. Además de demostrar un dominio de la técnica y de la dirección de actores poco usual en trabajos noveles (con notables interpretaciones por parte de Leonardo Sbaraglia, Eusebio Poncela, Mónica López, Antonio Dechent y Max Von Sydow), la cinta supone el inicio de una fructífera relación de colaboración entre el director canario y el productor Enrique López-Lavigne, con quien conforma un tándem creativo que hoy por hoy les está llevando por derroteros cuando menos prometedores.
Convendría, no obstante, ubicar algunos proyectos que precedieron y siguieron a la realización de esta ópera prima, los cuales vienen a completar la filmografía del chicharrero y favorecen una comprensión en conjunto de la misma. Antes de realizar su primer largometraje, Fresnadillo se iniciaba tras la cámara con dos obras en formato corto: El extraño pacto (1991) y Esposados (1996), el segundo de los cuales —un homenaje al género policíaco clásico— recibiría innumerables premios en certámenes nacionales e internacionales y le valdría la candidatura a los Óscar en la categoría a mejor cortometraje de ficción. En ambos trabajos, aunque de factura muy diferente, se manifiestan muchos de los lugares comunes que serán propios al cine del realizador canario: las relaciones familiares (padre-hijo y marido-mujer respectivamente), la exaltación de determinados objetos con poderes capaces de cambiar el destino de los personajes y el gusto por generar un halo de misterio y extrañamiento que veremos acrecentado en sus trabajos posteriores en largo.
Transcurrirían cinco años entre la realización de Esposados y de Intacto, filme tras el cual retomaría de nuevo el formato corto en un breve encuentro mantenido con Alejandro Jodorowsky que cobraba forma en Psicotaxi (2002), probablemente su pieza más experimental a nivel visual. A ésta seguiría un segundo largometraje pasados otros cinco años, 28 semanas después (2007), una apuesta directa de Danny Boyle por el tinerfeño, a quien brindaba la oportunidad de realizar la secuela de 28 días después, dirigida por el realizador de Trainspotting en 2002. Llamada a convertirse en un éxito de taquilla en EE. UU., 28 semanas después suponía el lanzamiento internacional del canario, que iniciaba así un proceso de externalización donde desaparecían los límites geográficos e idiomáticos (a partir de entonces alternará localizaciones fuera de España y rodará previsiblemente en inglés). «No siento una identidad cultural, sino global», asegura el director, que concibe la identidad como «una cárcel que no te permite descubrir otras cosas ni comunicarte. Hay que defender las películas, no los cineastas», matiza. Acompañado por López-Lavigne se establecía en Los Ángeles con el fin de emprender nuevos proyectos desvinculados de los localismos habituales en las producciones nacionales. Entre estos trabajos se encontraba Wednesday, producida por Steven Spielberg, quien se había mostrado interesado ante la solvencia del español para desatar la ira en las calles de Londres, un proyecto que finalmente quedaba paralizado a causa de las huelgas que constriñeron la industria hollywoodiense entre 2007 y 2008.
Pero en este devenir hacia un mercado global Fresnadillo no es un caso excepcional. Al contrario, como apuntábamos al comienzo de estas líneas, su trayectoria está marcada por unas coordenadas temporales que lo sitúan en una esfera comunitaria con otros directores. Y es que podríamos vincular al canario con un grupo de cineastas que han crecido con el cine americano de los ochenta, con especial interés por el género de terror y fantástico, y que mezclan referencias con una gran libertad y eclecticismo. Títulos de trascendencia generacional como Tiburón (Steven Spielberg, 1975), King Kong (John Guillermin, 1976) o Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977), series como Star Trek (1966) o Starsky & Hutch (1975), que Fresnadillo personaliza con referencias a David Lynch o Alfred Hitchcock, por cuyo cine dice sentir verdadera admiración. De hecho, a los dieciséis años decidió su vocación cuando vio Encadenados (Alfred Hitchcock, 1946), filme al que rendiría un particular homenaje en Esposados, mencionado anteriormente. Cineastas como Juan Antonio Bayona, Rodrigo Cortés, David y Álex Pastor, Nacho Vigalondo, Luiso Berdejo o Eduardo Chapero-Jackson, entre otros, han dado el salto a la industria internacional, ruedan proyectos en inglés con repartos internacionales de los que resultan experiencias en cierto sentido más universales, donde la españolidad se diluye en aras de un producto global en el que la voluntad de entretener y de llegar a un público masivo no siempre está reñida con un punto de vista personal y reflexivo. En esta línea trabajan también los productores, que se posicionan desde el inicio a favor de una externalización de los proyectos, con especial interés de Apaches Entertainment, productora al frente de la cual se encuentran Belén Atienza y el ya citado Enrique López-Lavigne, imprescindible en el cine de Fresnadillo, y que se encuentra detrás de los últimos proyectos de Bayona (Lo imposible, 2011), Vigalondo (Windows, 2011), Chapero-Jackson (Verbo, 2011), y del propio Fresnadillo (Intruders, 2011). El primer revés sufrido en plena fase preparatoria de Wednesday no desanimó al director canario ni le hizo cejar en su empeño de hacer un tipo de cine entendible dentro y fuera de España: «Mis historias son abiertas, tienen un lenguaje universal, y no se pueden amortizar con el público de aquí». En esta misma vía se encuentra su última empresa, Intruders, un thriller psicológico sobre el origen de los miedos rodado a caballo entre Madrid y Londres con Clive Owen, Daniel Brühl y Pilar López de Ayala como cabezas de reparto. Además, está en ciernes la adaptación a la gran pantalla de El cuervo, cómic de los años ochenta versionado anteriormente por Alex Proyas en 1994, y se oyen voces de que próximamente se hará cargo de la adaptación del videojuego BioShock. Habrá que estar atentos.