Documental personal y autobiográfico sobre la generación de cubanos que nacieron y se criaron en los años dorados de la Revolución. Constituye un retrato íntimo que intenta rescatar aquella realidad y que explora qué pasó con esta generación que, cuando llegó a la edad adulta, vio que todos sus ideales se vinieron abajo.
Nacida en Santiago de Chile, tenía dos años cuando su familia se trasladó a La Habana, donde vivió hasta 1990. Desde entonces ha vivido en España, Inglaterra, Chile y Francia. Entre 1993 y 1996 estudió cine en el London College of Printing and Distributive Trades de Londres, y en 2002 en Les Ateliers Varan de París. Desde 1996 trabaja como asistente de dirección y productora de películas de ficción y documental. El telón de azúcar es su opera prima, premiada en Cine en construcción.
«Nunca fue mi intención hacer un retrato detallado de la realidad, para lo cual hubiera tenido que ver muchas cosas que no están en la película. La idea era rescatar la infancia, lo poco que pasó con mi generación, y por eso no me choqué con nada que no quisiera. Seguí el camino que quería hacer y filmé lo que yo sabía que existía y que querían que estuvieran en la película.
Hay muchas cosas que decíamos cuando éramos niños de las que no nos damos cuenta, que eran parte de nuestra realidad y que veías en tu normalidad. Cuando volví a Cuba a filmar me pareció un camino normal. Hace poco me preguntaban si no sentía que me hubieran obligado a decir cosas. Es como cuando haces la primera comunión, no tienes idea de lo estás haciendo, no me hizo daño a mí ni conozco a alguien a quien le hubieran hecho».
Camila Guzmán, «Festival de Lima 2007: El telón de azúcar, según Camila Guzmán» en cinencuentro.
«Las imágenes fijas de archivo del pasado inocente e iluso van dialogando con un presente desprovisto de adornos. Y los recuerdos de la realizadora se confrontan como para despojarse de adornos engañosos a los de los demás. El gesto no es el de explicar, sino el de tratar de entender, de ahí la modestia de la postura. Entender a través de la observación del otro: los amigos de infancia, que veinte años después ya no solo tienen la memoria compartida de los días felices, sino que cada uno aporta una experiencia, una opinión y una realidad actual que tiene tanta validez y tanto peso como el de cualquier otro. Como el de la directora, incluso».
Pamela Biénzobas reflexiona sobre El telón de azúcar.