El duelo que la «familia tortuga» todavía sufre un año después de la muerte de la cabeza de familia —la madre— ha desembocado en un espacio doméstico de incomunicación y rutina donde el recelo ha sepultado a la cordialidad y la distancia se ha traducido en una soledad opresiva y asfixiante. El viudo José está a punto de vender a sus compañeros de sindicato para sacar a flote a una familia a punto de hundirse. Los jóvenes Omar y Ana, vulnerables y confundidos, no logran salir de sus caparazones. Entre ellos se perfila como figura central el tío Manuel, un anciano entrañable que intenta ocuparse de la familia y que habla con las plantas y las mascotas familiares, especialmente con una tortuga que se ha desviado y empieza a perderse, metafora evidente de la realidad que envuelve a la familia.
La observación paciente de los cuatro personajes se acompaña de los conflictos y faenas domésticas en las horas previas a su visita al panteón donde reposa la madre.
Ópera prima de Rubén Imaz en la que trata la desintegración de la institución familiar.
Imaz presentó su tesis de graduación en el Centro de Capacitación Cinematográfica de México con el proyecto Familia tortuga, que ganó varios premios y le permitió obtener la beca de escritura en la Residencia de Cannes. Su segunda película, Cefalópodos (2009), producida por Canana, ha seguido tan excelente ruta internacional como su primera película.
«Vivimos de relaciones. Somos en gran medida lo que otros ven en nosotros. Estamos entrando a un nuevo siglo quesque súper comunicado y curiosamente las nuevas generaciones prefieren el intercambio virtual y no la cercanía humana. Eso es terrible. La única forma de aprender de seres humanos para ser un mejor ser humano es viendo a la gente a los ojos y hablar, intercambiar. En ese sentido las relaciones familiares son de los últimos resquicios donde podemos expresarnos con sinceridad, la familia es la escuela de la vida. Si no nos desarrollamos dentro de una familia o grupo social íntimo, no podemos proponer nada a la sociedad. Me encanta preguntar. ¿Cuándo fué la última vez que viste a tus padre a los ojos? ¿Los conoces?».
Rubén Imaz, «Rubén Imaz: Retratos filiales» en Cine PREMIERE.
«Familia tortuga aborda el malestar familiar con un realismo que hace de lado las convenciones melodramáticas, precisamente. El cineasta no especifica las situaciones que aquejan a los diversos integrantes del hogar epónimo, haciendo apuntes reveladores, pero oblicuos, de su compartida insatisfacción. Muy significativo resulta el detalle de que el sostén emocional de la familia, el tío Manuel, sufra una forma de incapacidad verbal».
Leonardo García Tsao, «Tonos distintos del cine nacional» en La Jornada (14 de octubre de 2006).