Y me imagino a Óscar llegando a Burgos después de mil horas de viaje en autobús desde no sé dónde, cargado con una mochila que siempre pesa cien kilos, agotado y necesitando ese café después de haber dormido cuatro horas o ninguna… Y me da pena que recibiera esa sensación de prisa, esa sensación de: bueno, chico, hazlo ya… Y es que, como decía, no he visto a Óscar nunca criticar esta actitud de algunos fotografiados, nunca le he escuchado «despacharse» a gusto contra los estúpidos, los soberbios, los pretenciosos, los parapetados… Él persiste y persiste… algunos de sus retratados nunca sabrán a dónde ha llegado este hombre para hacer una foto… la historia de todas las fotos quedará en una anécdota. Pero, ¿qué es lo que hacemos los humanos toda la vida más que contarnos anécdotas unos a otros?
- Óscar
- Me gustó mucho poder ver a Francisco Regueiro. Yo tenía mucha ilusión de conocerle, porque me parece uno de los directores con más talento no de España, y también a nivel universal. Sus películas son maravillosas, es una pena que Madregilda (1993) haya sido la última. Y hablando con él, estaba tan emocionado, que solo le hice cuatro fotos, y después empezamos a hablar, a hablar, a hablar… y me dice: oye, por cierto, ¿no me vas a hacer la foto? Y yo: no, la foto ya la hemos hecho. Me daba igual la foto ya, era tan bueno aquel momento que la foto era como una excusa. Vengo a hablar contigo, pero a lo mejor si te digo que solo vengo a hablar contigo, me dices que no quieres, así que la foto era como el argumento para que me recibiera en su casa, la excusa.
- Javier
- Es un pretexto, es muy bonito, es como aquello de Antonio López con el membrillero, que está un poco gastado, pero es bonito decirlo, cuando le dice a los chinos en la película Antonio López: yo no pinto el membrillero para pintar el membrillero, sino para estar al lado de él. A ti te gusta estar al lado de las personas, y las personas las tienes en un bar, en un transporte público, en el sitio donde vamos a tomarnos unos vinos… y es una forma de conocimiento, ¿no? Para mí el cine, como para ti la fotografía, es una forma de conocimiento, para ti y para el otro.
Voy a contar una anécdota que sucedió ayer con Álex de la Iglesia. Llegué a fotografiarle después de una peripecia bastante rocambolesca. La gente de la Filmoteca del País Vasco le hacía una entrevista para un libro y Joxean Fernández, que es el director de la filmoteca, me dice: mira, vas a tener veinte minutos…
- Javier
- Antes te había llamado yo de madrugada…
- Óscar
- Sí, me llamaste tú de madrugada para decírmelo…
- Javier
- Es que para cada foto haces una pesquisa policial. Eres un poco detective.
- Óscar
- Sí, puede ser… el caso es que me dijeron que tenían veinte minutos, y yo tenía que hacer unas fotos en digital y otras panorámicas y yo lo veía todo muy complicado… les dije que fueran ellos haciendo la entrevista y que me dejaran ir mirando. Era en la filmoteca, con lo cual era todo aún más complicado, porque es un lugar que para mí es sagrado, todas las filmotecas del mundo son sagradas para mí… Cuando me dieron esos veinte minutos para estar con Álex de la Iglesia, me di cuenta que iba tan rápido que tuve que pararme y decirle: perdona, Álex, te pido perdón por ir tan rápido, porque no es mi manera de hacer, pero me han dado veinte minutos …
- Javier
- Perdóname, Óscar, pero sí es tu manera de hacer. Eres un fotógrafo rápido y eso no es malo.
- Óscar
- No, pero no de esa manera. Me gusta ir pausado. Pero aquello era: vamos aquí, vamos allá, como si no pudiéramos saborear…
- Javier
- Lo que no te gustó es no poder hablar con Álex, lo que no te gustó es, en vez de estar haciendo la entrevista, poder preguntarle a Álex sobre sus películas, tomaros un vino…
- Jonás
- Claro, es que tú no eres de esos fotógrafos que llegan, no dicen ni hola, y te tiran la foto…
- Óscar
- Sí que puedo hacer una foto en cinco minutos si la tengo que hacer, puede ser, pero lo que me faltaba era esa manera de.. esa conversación… como con Fernando León de Aranoa… muchas veces pienso que ya no valoro si la foto es tan buena o tan mala sino el recuerdo de nuestro encuentro…
- Jonás
- La experiencia de la foto.
- Javier
- Tú has aprendido a beber gracias a la fotografía. Para los cineastas, para muchos de nosotros es importante el alcohol. Tú ibas a fotografiar a Bela Tarr, uno de los grandes cineastas vivos y me dijiste: Javier, voy a fotografiar a Bela Tarr. Y te dije: ¡tenemos que beber! Hiciste un training conmigo y luego fuiste a beber con Bela Tarr y de paso a fotografiarle.
- Jonás
- También tuviste una foto que me contaste, muy divertida, muy apresurada… no me acuerdo con qué cineasta, que salía de algún edificio de una charla y te pusiste a sus pies y te arrodillaste delante el para que te concediera cinco minutos para hacer la foto…
- Óscar
- Ermanno Olmi… fue muy curioso… El Festival Punto de Vista iba a publicar un libro sobre él y le hicieron una entrevista que fue estupenda. De hecho, Ermanno Olmi tenía otros compromisos y su hija estaba diciéndole: papá, nos tenemos que marchar, nos tenemos que marchar. Y el decía: es que esta chica me está haciendo una entrevista excepcional, excepcional… Entonces, ¿qué pasó? Pues que el tiempo se acabó y ya no hubo tiempo para hacer fotos… Y yo que adoro El árbol de los zuecos (L'albero degli zoccoli, 1978) La leyenda del Santo Bebedor (La leggenda del santo bevitore, 1988), El empleo (Il posto, 1961)… todas sus películas, era increíble para mí tener ahí a Ermanno Olmi… ¡y me habían encargado la foto de la portada! Pero Olmi ya se marchaba, estaba el taxi con la puerta abierta y el motor encendido, y yo estaba con la cámara, con un trípode, y tuve que pedírselo por favor, me puse de rodillas: dame cinco minutos para hacer esta foto. Tenía otras ideas, pero las circunstancias me obligaron a hacerla allí en el hotel, al lado de una pared, y, bueno, la foto quedó… fue muy bonito, porque él miró al cielo, y a mí me gustó, porque sus películas tienen todas una connotación muy religiosa… Miró al cielo, no sé por qué, y ahí tomé la foto.
Puedo imaginarme a Óscar enfrente de Ermanno Olmi, arrodillado, sinceramente triste por poderse quedar sin hacer la foto de este hombre. Y puedo imaginar que para Olmi tuvo que ser imposible decirle que no, porque Óscar, de pie o de rodillas, tiene algo de conmovedor en su pasión inquebrantable, en su adoración, en su respeto y su conocimiento impecable del cine. Estoy seguro de que muchos han querido decirle: chico, que esto no es tan romántico. Pero sí, sí es tan romántico si para alguien lo es. No sirve de nada decirle al que juega: oye, que esto es un juego, que es mentira en realidad. No sirve de nada, porque el que juega es infinitamente superior al que no juega. Su realidad de pompa de jabón es irrompible. Si uno le dispara a una pompa de jabón solo ocurre que la pompa se divide en cientos de pompas más pequeñitas.
- Javier
- Y hablando del cielo y de lo espiritual, una de nuestras fotografías favoritas es el fotógrafo ruso amigo de Tarkovski
- Óscar
- Pinkhassov.
- Javier
- Pinkachov. Fotografió a Tarkovski varias veces a lo largo de su vida. Y le hizo su última foto, un perfil que es como la máscara de un muerto. Su cara de cuerpo yacente, ya muerto, es una fotografía de una belleza y una nobleza… porque de verdad ves lo que era Tarkovski, un príncipe mongol, un rey de otro lugar. ¿Tú fotografiarías…
- Óscar
- ¿A un director muerto? Tendría que tener una relación con él…
- Javier
- Estás teniéndola con muchos…
- Óscar
- En ese caso, sí.
- Javier
- Antes era habitual. Parece que nos espantamos, en el mundo moderno la muerte está escondida, pero sin embargo vemos muertos en el telediario todos los días, en las series… Y si el cine es el arte de fotografiar en 24 segundos la muerte, como decía Cocteau, la fotografía consiste en fotografiarla en un instante. Y hay algo de muerte en todas las fotos, porque es un segundo que ya no se repite, que es lo que tiene de grande la foto, que no tiene tiempo.
- Óscar
- Richard Avedon fotografió a su padre en el hospital, durante toda su agonía. Annie Leibovitz presentó una exposición suya preciosa… Después de todos sus retratos de encargo dijo: por primera y última vez voy a exponer mi vida privada, fotos de mis hijas…
- Jonás
- También las fotos de Susan Sontag.
- Óscar
- Si, Susan Sontag, entonces también fotografió todo el tiempo previo a la muerte de Susan Sontag. Me parece muy bonito ese proceso.
- Javier
- Hay que normalizar la muerte, que tenemos ahora tan apartada. La fotografía es un arte de la muerte, ¿no? Los chinos y determinados indios no quieren ser fotografiados porque dicen que les roban el alma, y es que es cierto, es cierto, tú estás robando algo de su alma para mostrárnoslo a nosotros. Cuando coges a Mercedes Sampietro corriendo por una escalera, cuando mira al cielo Ermanno Olmi… les estás robando un trocito de alma
- Jonás
- Creo que hablando de la muerte hemos matado un poco la conversación, no sé si nos faltan a lo mejor preguntas ortodoxas, pero, bueno, ha salido así…
- Javier
- Yo creo que la fotografía está muy unida a la muerte, es una forma de resistencia. Paco Regueiro… muchos de los directores que has fotografiado tienen una relación muy íntima con la muerte.
- Óscar
- Me estoy acordando de la fotografía que hice a Nunes… le fotografié y al cabo de unos meses falleció, pero me regaló esa chispa de locura. Cuando hablábamos, al inicio de la conversación, Nunes sí me pareció uno de esos directores que estaban al borde de la locura
- Javier
- Está sonriendo, como iluminado, con el pelo, y de repente se ve el polvo que hay alrededor, que parece que son las ideas que se le escapan… se ve que es un hombre a punto de morir.
- Óscar
- Pero ese retrato era él, yo simplemente había tomado un encuadre donde él estaba presente y él fue el que puso todos sus gestos… Fue algo espontáneo suyo, el quiso mostrarse así…
- Javier
- Es que la fotografía es una cuestión moral, como el cine. Y la única distancia moral es la ternura. Rosellini lo decía, y él era un gran fotógrafo. Tú tienes ternura por lo fotografiado. Una de las cosas que tú me has contado que no quieres hacer nunca es fotografiar a alguien que ya no esté consciente de sí, fotografiar a alguien que no esté en sus facultades. Entonces tú tienes una ternura que hace que tú puedas fotografiar a un moribundo, a un muerto y hacerlo dentro de una situación normal. Sería un momento bello y bueno, en el sentido griego de belleza y bondad. Tú no quisiste fotografiar a Berlanga, por ejemplo.
- Óscar
- Sí, es cierto, yo había hablado con Chiqui Carabante, por ejemplo, para irnos a Málaga para fotografiar a Jess Franco. Y a pesar de que estaba en una silla de ruedas y tal, siempre que él sea consciente y pueda mantener una conversación, para mí es válido. En el momento en que esta persona no es consciente de lo que está sucediendo a su alrededor, ya me genera cierta distancia. Me pasó con la fotografía que le hice a Jaime Camino, sabiendo que estaba muy… Pero fue muy generoso conmigo, a pesar de que me dio muy poquito tiempo. De hecho, la foto que he escogido de él fue como el retrato de un instante…
- Javier
- Perdona que te interrumpa, pero es que hay un momento de lucidez en la muerte. Es lo que dice el poema de Pessoa: hoy estoy lúcido como si estuviera a punto de morir. Hay un momento de lucidez y belleza en la muerte que es bello captarlo, y está en varias de tus fotografías, y no es porque varios hayan muerto entre los que has fotografiado, es porque vas a seguir fotografiando a gente. Mientras haya un punto de vista moral, mientras haya ternura, no hay un tema malo. Yo recuerdo la foto que publicó Berlusconi. Fellini estaba muriendo, él introdujo un fotógrafo, y le hico una foto todo lleno de tubos cuando estaba en coma, y la publicó en todos sus diarios. Fue su venganza particular, esa fotografía obscena, pornográfica… Todo depende de la distancia del objetivo, depende de la distancia moral que tú articules con lo retratado, y tu podrías retratar a un muerto, a un recién nacido, o a esta pared verde y habría un punto de vista moral.
Ocurre que Óscar es un apasionado, un entusiasta, un loco. Pero es un loco risueño, un apasionado que no se tortura, alguien que no necesita torcer su imagen ni retocarla porque tiene claro lo que quiere decir. Y es, además, un loco doméstico y dulce, sin pose y sin aires. Óscar toca a todo el mundo, a sus ídolos también. Por eso no va con él el glamour, o esa estúpida asociación del director y el glamour. El adora a estos hombres y mujeres que hacen películas, pero no le importa tocarlos, quiere tocarlos. A la mayor parte de los adoradores-idólatras-fetichistas del oficio de cineasta les amargaría la vida encontrarse a Ava Gardner en zapatillas y con rulos. Él la sacaría más bella y más viva que con el estilismo «gatuno» más sofisticado. Como esa foto que le hizo a Marisa Paredes, vestida de negro, sin tacones, con el pelo apenas recogido, mirando a la cámara quizá un poco incómoda, quizá un poco asustada, lejos de la languidez y la elegancia seca a la que han obligado a esta actriz en innumerables reportajes fotográficos. Ahí se ve solo a una mujer, hermosa, quieta y a la espera.
- Jonás
- Ya por terminar, volviendo un poco al origen de todo… muchas veces se dice que los cineastas suelen ser pintores frustrados o escritores frustrados. ¿Podrías decir tú que eres un cineasta frustrado?
- Óscar
- Sí, alguna vez lo digo, alguna vez lo he escrito, siempre pensé que el cine era mi sueño, la ilusión de mi vida, y finalmente una cámara de fotos dirige mi sueño. Yo he descubierto que la fotografía me da esa independencia, esa libertad. A lo mejor el cine te obliga a trabajar de otra forma, dependes de un equipo, el jefe de sonido, el director de fotografía. Entonces, de alguna manera, he asumido que me siento muy afortunado de ser una persona inquieta, un cinéfilo, un espectador que disfruta viendo las películas. Porque hay gente que le pones una película, por ejemplo, de Bela Tarr… y le es insufrible, y yo disfruto como un enano. Y puedo ver una película más convencional y disfrutar igual. Y a mí… yo no sé si algún día rodaré alguna película, nunca se sabe, pero la fotografía me aporta muchas cosas que a lo mejor no me puede aportar el cine y que a la vez me satisfacen. Es lo que comentaba, tengo esa manía incluso con mi familia, con mis sobrinos, continuamente los retrato, ni sus padres tienen el álbum de fotos que tengo yo con mis sobrinos, y los veo mucho menos. Esa idea de que la cámara siempre va conmigo.
- Javier
- Y no hemos hablado de tu trabajo en los rodajes. Tú también tienes un lado documentalista, de reportaje, de irte a rodar con Isaki Lacuesta, venirte a Argentina conmigo, que no ha podido ser, venirte al barrio de Lavapiés para trabajar en La mujer sin piano . Eso es algo que te interesa mucho, estar en los rodajes, no como foto fija, sino mucho más, retratar esos instantes del rodaje de cine…
- Óscar
- Ése era otro proyecto que tenía, retratar rodajes, pero quería hacerlo con directores muy cercanos. Para mí eso era muy importante, porque si a lo mejor me lo pide un director más mainstream, como, por ejemplo, Agustín Díaz Yanes, pues iría y tal, pero el tema era retratar esas películas más personales, más de autor, más de mis amigos, la de Jonás, la tuya, la de Isaki… o la próxima de Xavi Puebla. Hay una cosa que aprendí trabajando en el rodaje de La mujer sin piano y es que cuando ves una película te pierdes muchos personajes que han pasado por allí y han desaparecido, muchas personas que han estado, muchos extras que a veces luego no se quedan en la película. Y yo quería recuperarlos en mi trabajo, y les doy la misma categoría que a un actor protagonista… Me acuerdo de aquel de pelo largo que iba con su chica, en la escena del accidente… estaba allí hablando con ellos, y con mis fotos les doy el mismo protagonismo que le puedo dar a Carmen Machi. Y lo mismo me pasó en tu película, Jonás, aunque no estuve muchos días, pero sí aparecieron muchos personajes así…
- Javier
- Esos son rostros que tú sabes que se parecen a los rostros de Pasolini… a mí, como a ti, me gusta la gente, y a los figurantes los busco en la calle y en los bares, no son gente de agencias de figuración, son gente que me he enamorado de su rostro y les he asaltado por la calle y les he dicho: ¿quieres rodar conmigo? Y esos rostros te enamoran a ti, los fotografías, y te olvidas de Carmen Machi. Yo me olvido de ella en el plano y tú igual, te quedas fotografiando al personaje secundario.
- Óscar
- Ahora vengo de Colombia y he estado con el cineasta colombiano Víctor Gaviria, que está preparando una película. Estuve con él dando una vuelta por los barrios de Medellín y me decía que nunca trabaja con actores profesionales, él los llama actores naturales, gente de la calle y tal. Y yo le comenté que sería muy interesante documentar todo el proceso del casting de la película, no hacer un reportaje de la droga en Medellín, que ya sabemos que hay mucha, y de la desgracia y tal, sino de esas personas que deciden presentarse a un casting, formar parte de una película, una experiencia que desconocen. Me parecía muy interesante el trabajo de Víctor Gaviria con estos chicos, con estas chicas, con estas señoras, ¿no? Con vidas durísimas, porque en Medellín la gente muere muy joven, por todo el conflicto que hay allí. Y si la película sale adelante, pues yo me iría para allí para fotografiar ese casting, que me parece muy interesante… es verdad que la fotografía siempre trato de que esté vinculada al mundo del cine, mi pasión de siempre, y también abierta al mundo de la cultura.
- Javier
- ¿Qué crees que piensa un espectador normal cuando se enfrenta a una fotografía tuya? Porque estás haciendo unas fotos, lo digo con toda la petulancia, que son importantes, con H de Historia, porque es todo un catálogo que tú estás dejando para cuando todos ya no estén. Ahora cuentan, pero luego seguirán contando sus películas. Me gustaría saber qué piensa alguien que ve a esta gente en las fotos, porque, por desgracia, tenemos que decirlo, estos señores son absolutamente desconocidos, menos Saura, Pedro Almodóvar cuando lo fotografíes… un espectador normal que entra en la exposición en Manila, en Londres, ¿cómo se enfrenta a esa fotografía? ¿Qué has percibido tú cuando el Instituto Cervantes pasea la exposición y un público de a pie mira a estos señores, directores o actores, gente que hace películas?
- Óscar
- Para mí quien lo definió mejor es el director del Cervantes de Cracovia, Abel Soriano, que es una maravillosa persona. Él me dijo: lo que me importa de tus fotografías es cómo están realizadas, no sé si es un director o una persona cualquiera, pero me importa lo que veo. Yo siempre digo que intento encajar al director en ese espacio. Tiene que haber un equilibrio entre ese espacio, esa arquitectura, y el personaje. Es como un puzzle, has de encajar a esa persona, y luego a partir de ahí que esa persona esté lo más natural y ofrezca un gesto o una expresión, que no esté con cara de palo, evidentemente. Están esos dos puntos. Hay un punto como más constructivo que es esa unión del espacio y la figura y luego lo que transmita el fotografiado, por supuesto. Si el espectador es una persona curiosa, a mí me gustaría que quisiera ir más allá de ese retrato, preguntándose qué hace ese director, cuál es su cine.
Hay algo relacionado con esto que querría comentar, una licencia que me he tomado. Porque siempre digo, aunque suene un poco romántico, o ñoño, que una fotografía mía es como una carta de amor escrita con mis ojos, de la única manera que sé… yo no sé escribir, así que escribo una carta con los ojos, que es como yo sé hacerlo. Lo digo porque me he permitido la licencia de incluir una fotografía de Will More. Will More no es director de cine, como sabéis, es el actor…
- Javier
- Es el doble de un director de cine…
- Óscar
- Claro, es el doble de Iván Zulueta, pero he incluido su foto porque yo tenía tanta ilusión, era tanta mi pasión por conocer a Zulueta… pero no fue posible, lo intenté a través de un amigo, el director venezolano Andrés Duque. Finalmente no lo conseguí, pero un día me llamó Andrés Duque y me dijo: estoy con Will More, sería bueno que lo fotografiaras. Entonces me fui a conocer a Will More y cuando lo vi me pareció que estaba viendo a Iván Zulueta, porque él mismo lo dice: esto es kafkiano, me ha salido bigote, tengo el pelo lacio, todo el mundo me confunde con Iván Zulueta. Y le tomé un retrato con su bastón y tenía cierta similitud. De alguna manera quería que estuviera la presencia de Zulueta en el proyecto porque es un director al que…
- Javier
- Yo no creo que haga falta acercarse a la foto en la exposición y ver el nombre que pone debajo para reconocer quién es, no creo que haga falta… Un inglés o un filipino, cuando miran tus fotos, no necesitan saber quién está ahí; igual que yo no reconozco quién es ese retratado del Renacimiento que me emociona, pero veo un alma. Aunque esto de nombrar el alma esté un poco devaluado ahora que está aquí de visita el Papa, yo quiero decir que cuando veo tus fotos veo el alma del retratado.
- Óscar
- Eso es lo que yo quiero…
- Javier
- ¿Nos vamos a un bar?
- Óscar y Jonás
- ¡Nos vamos a un bar!
Y los tres amigos se abrazan y se van a un bar. Tres locos y bellos ejemplares de una especie extraña, pero que nunca va a extinguirse. La estirpe de los ruidosos, los entusiastas, los calientes, los rugientes, los sonoros, los benditos adoradores de la vida, esos seres capaces de transmitir la pasión porque tienen velas encendidas en la mirada, velas que sirven para encender otras velas.
Y me quedo pensando en eso que ha dicho Óscar de escribir una carta de amor con los ojos. Si pudiera contarnos cómo se hace…