Me encuentro de pronto preguntándome: ¿qué hace Óscar cuando no hace fotos? ¿Cómo es su casa? Nunca he estado en su casa de Barcelona, aunque me ha invitado docenas de veces. No sé cómo guarda su trabajo, si su piso es un revoltijo de negativos o un archivo perfecto… No sé si tiene plantas, un gato o un violín. Poco a poco le hemos ido conociendo aparte, además de las fotos. Pero siempre hablamos de sus fotos, de los directores que ha «conseguido», de los planes para el siguiente viaje, para la siguiente exposición… y me pregunto si le da tiempo a ir al mercado, a ver a amigos que no tengan relación con el cine, a leer… sé que ve peliculas sin parar, pero eso nos devuelve al mismo círculo. Me gustaría verle en una playa. Que se hubiera olvidado la cámara. Seguro que sería un espectáculo verle saltar olas. Cualquier cosa que parezca un juego debe ser fácil para él.
Creo que últimamente todos nos hemos propuesto sacar a Óscar de su obsesión, su obsesión sana y divertida, pero obsesión. Y le llevamos a los bares, y casi le obligamos a dejar la coca cola y empezar con el vino, que está mucho más bueno. Y él dice que sí, porque Óscar ama dos cosas por encima de todo: hacer fotos y estar con sus amigos.
- Jonás
- Eso es algo que también hablaba ayer con Javier, que para ti es muy importante eso de: vamos a conocernos, vamos a pasar un rato juntos, que para ti no se trata solo de hacer la foto, sino de vivir, convivir, que tiene mucho que ver con eso que acabas de decir de la experiencia, de ser testimonio de un momento, del momento en que lo haces. Es una experiencia para ti, no solo para el cineasta que retratas, sino para ti, porque puedes trazar una biografía tuya a través de las fotos que has hecho. Viéndolas puedes ir situándote a ti mismo en distintos momentos.
- Óscar
- Eso es otra cosa que me aporta este proyecto, los encuentros con los cineastas. De todos los cineastas que he fotografiado, con muchos, o con varios yo tengo muy buena amistad. Por eso estamos aquí hoy nosotros tres. Yo recuerdo cómo fue mi primer encuentro con Javier. Ya me había gustado la primera vez que hablamos por teléfono, que te llamé desde mi bar… Yo había visto Lo que sé de Lola (Javier Rebollo, 2006) y me parecía una de las mejores películas que había visto ese año, incluso una de las mejores películas del cine español. Me pareció que era un director que tenía un talento y una manera propia de filmar. Entonces pensé en hacerle la foto, y fui a hacérsela un día que también tenía una cita con Miguel Albaladejo. Como yo trabajaba en el bar en Barcelona, cada vez que venía a Madrid solo podía venir un día o dos y hacia ocho citas juntas… y recuerdo que hubo tal conexión con Javier que llegué tarde a la cita con Albaladejo…
- Javier
- ¡Y eso que Albaladejo y yo vivimos en la misma calle!
- Óscar
- En Lavapiés… Tuve suerte, porque Miguel tuvo un problema y me dijo que ya era demasiado tarde para hacer la foto. Y, de hecho, yo estaba pensando en hablar con Miguel y quedarme un rato más con Javier, pero todavía no tenía la confianza con él como para decírselo. Pero es que estaba tan a gusto con Javier, me sentía muy identificado con él, me gustaba mucho su casa, que es, bueno, una maravilla. Y me pasó también con Mar Coll, que la conocí en Argentina y la considero mi princesa, de las mujeres más maravillosas que he conocido, o Isaki Lacuesta, Guerín, Félix Sabroso y Dunia Ayaso, que son una pareja maravillosa también… de verdad que esto me ha permitido también tener un grupo de amigos… o Xavi Puebla, también, otro entusiasta como yo… espero que le haya ido muy bien el rodaje de La puerta fría, que acaba de rodar ahora mismo…
- Javier
- Yo creo que para ti es buena esa urgencia con la que trabajas. Jonás y yo opinamos que los buenos cineastas hacen suyas las dificultades, y de ahí nace el estilo. Si Vajda te hubiera dado a elegir entre tener tres horas para hacerle fotos o diez minutos entre clase y clase, estoy seguro de que escogerías los diez minutos entre clase y clase, porque esa urgencia te pone a ti en el disparadero de buscar soluciones rápidas, ¿no?
- Óscar
- Lo de Vajda fue un poco… evidentemente, no esperaba que surgiera como surgió. Yo estaba en Varsovia porque el Instituto Cervantes exponía «A través de mis ojos» y contacté con la escuela de cine donde da clase Vajda y me dijeron: mira, él tiene clase, no creo que te pueda atender, pero si no tienes nada mejor que hacer… Y la verdad es que no tenía nada mejor que hacer que irme a su escuela y esperarle. Y estuve allí como cuatro horas esperándole, pensando: a lo mejor llega antes a la clase para prepararla y puedo hablar con él. Pero encima llegó tarde y tuvo que meterse a la clase en seguida, y yo me quedé mirando el horario, que estaba en un corcho en la pizarra. Vi que tenía como cuatro o cinco horas de clase. Y pensé: seguro que hay descanso. Y en el descanso fue cuando le abordé, y le enseñé el libro de A través de mis ojos y me dijo: conozco a Saura, a nadie más. Y me invitó gentilmente a su clase. La clase era en polaco y la estaban filmando. Fue muy bonito porque yo hice la primera foto en mitad de la clase. Pero llevaba una Hasselblad 6 x 6, que es réflex, lleva espejos, claro. Y cuando disparé, zas, se levantó el espejo y todo el mundo me miraba y pensé: bueno, no es el momento de hacer fotos, sino de escuchar, aunque sea en polaco. Y fue muy bonito porque yo supe cuándo terminaba la clase porque Vajda se quitó la corbata. La clase era cuadrada, hacían un cuadrado las mesas, y entonces salté por encima de las mesas, con la cámara y el trípode, y le dije: te quiero hacer una foto. Yo le tengo mucho cariño a ese retrato.
- Javier
- Es de los mejores
- Óscar
- No lo vi, no me vi a mí mismo haciendo la foto, con tanta emoción yo disparaba y disparaba… hasta que él se levantó y se marchó. Y yo estaba como totalmente ciego, salí y no sabía si le había hecho la foto o no. Fue un momento muy breve pero muy intenso.

Recuerdo esta historia. Óscar nos la contó por correo electrónico, desde Polonia, como nos ha contado tantas de las historias de sus fotos, de su persecución de la foto. Los correos de Óscar son siempre bellísimos, llenos de entusiasmo y de detalles, de alegría y de pena, de deseo de transmitir esos momentos únicos. No sé por qué dice que no escribe. Podría hacer un libro con sus correos electrónicos. Se podría titular La foto contada. Porque cuando él te cuenta todo lo que hubo alrededor de una de estas fotos, un mundo se levanta de pronto a su alrededor.
- Javier
- Yo quiero volver un momentito a lo del formato panorámico, si me dejáis. El panorámico es muy espectacular tanto en cine como en fotografía. Y hay algo de insolencia sana en que decidas hacer retratos en panorámico, cuando es el formato menos adecuado. Yo no recuerdo en la pintura, que es la que inventa el retrato, ningún retrato en panorámico. Los hay circulares, pero no panorámicos.
- Jonás
- Claro, es ese cliché de que el panorámico es para paisajes, o para retratar a muchos personajes…
- Javier
- Pero, curiosamente, hay grandes retratistas de panorámico, no tiene por qué utilizarse el espacio, aunque tú lo utilizas muy bien. Pero yo insisto en que las fotografías que más me gustan tuyas no son las del espacio, sino las de los primeros planos en panorámico. Truffaut o Nicholas Ray hacían grandes retratos en panorámico, ya sea Natalie Wood o James Dean o Jean Pierre Leaud en scope, y tú tienes unos retratos como son el de Marc Recha, el de Jaime Rosales, el de Isaki Lacuesta, que son casi primeros planos, donde no está el espacio, está el rostro. Esas fotos tuyas me interesan mucho; tanto, o más, que las del espacio doméstico. Porque el espacio doméstico a veces lo veo demasiado compuesto. Me gustan mucho esas fotos panorámicas en primer plano. Es muy difícil encuadrar un primer plano, hay que decirlo. ¿Cómo encuadras un primer plano con una cámara panorámica?
- Óscar
- Siempre digo que los ojos buscan y el corazón dicta. Yo no conozco el espacio, no conozco al director, y tengo que ir haciendo fotos y sé cuando esa foto no va a servir… pero ese camino de disparar fotos que sé que no sirven me lleva a la que va a ser mi foto. Voy haciendo fotos hasta que encuentro exactamente lo que yo creo que busco, yo busco que el corazón me diga: es aquí. Con la de Marc Recha me pasó, porque fuimos a unos campos un día en que había mucha niebla y él me dijo: creo que esto te va a perjudicar. Y le dije: no, todo lo contrario, es muy interesante, había luces muy interesantes con aquella niebla, eran unos campos llenos de trigo, incluso había una bañera ahí tirada. Cuando hice la foto de Marc en primer plano, realmente no confiaba mucho. Muchas veces me pasa, que no confío en esa foto y luego se revela. Además, si os fijáis, el pelo de Recha y las balas de paja que se ven detrás tienen la misma forma.
- Javier
- Claro, eso es lo grande de esa foto. Marc siempre inscribe su cine en un territorio muy concreto: escoge la montaña de Alicante, escoge la frontera de Cataluña y Francia… para él es muy importante el paisaje, el paisaje en un sentido antropológico. Y, de repente, tú haces una foto en la que la cara de Marc está inscrita literalmente en el paisaje. Eso para mí es un gran retrato, aparte de una gran foto, porque estás hablando de las cualidades, del ser del retratado. Igual que hay otra gran foto, la de Eduardo Campoy. Campoy, que es un alto ejecutivo, que más que hacer películas, organiza dineros de películas, te cita en un sitio impersonal, y se le ve moreno, con una camisa de marca, con un pantalón planchado, al lado de una percha… parece un no-lugar, y, de repente, ahí está el retrato, el hombre de mármol, el hombre del frío, el hombre calculador en el mejor sentido de la palabra. Esos retratos que te hablan de quién está detrás para mí son los mejores retratos.
- Óscar
- Pero eso que hablas lo deciden ellos, yo no decidí ese espacio porque a mi me gustara, pocas veces intervengo… intervine, por ejemplo, en la de Lisandro Alonso, que sale junto a un globo con Minnie Mouse, se me ocurrió esa imagen. Esa foto está hecha en Barcelona, no está hecha en Argentina. Así que yo sabía que ese espacio era tan extraño para mí como para él, porque él nunca había estado en el Poble Nou de Barcelona. Pensé en utilizar un espacio totalmente industrial porque eso es lo opuesto al cine de Lisandro. Es como si alguien hubiera abandonado ese globo y ya formaba parte del paisaje, yo quería insistir en esa contradicción entre el aspecto de Lisandro y el paisaje. Pero rara vez intervengo directamente. En la foto de Marc Recha de la que antes hablabas, aquel lugar me lo enseñó él, es donde él vivía entonces, en el campo; es donde él transita, donde él está, me interesa que los lugares sean lugares vividos. Por eso me interesan las casas, porque es donde ellos se refugian, es donde ellos quieren que les retrate. A lo mejor les saco fuera de allá y no se sienten bien, se sienten incómodos.
- Jonás
- Es curioso también que algunos cineastas eligen llevar una cámara en la fotografía, protegerse, como Guerín o como José María de Orbe o Saura. Convierten esas fotos en algo un poco más cinematográfico, porque de repente parece que te están fotografiando mientras tú les fotografías a ellos, y eso habla de cada uno de ellos.
- Óscar
- Es que cada sesión es diferente, Guerín vino a la sesión con su propia cámara porque él estaba haciendo un trabajo allí. Conseguir retratar a Guerín fue muy complicado. Estuve esperando como dos años. Aceptó finalmente porque le ofrecí hacerla en un edificio que hay en Barcelona que se llama edificio Burés. Es un sitio donde se han rodado muchas películas y él estaba interesado en ver en qué estado estaba porque hacía muchos años que no lo veía. Él llegó allí, sacó su cámara y empezó a rodar todos los espacios… de hecho, yo creo que Guerín sin su cámara no es Guerín. Él está haciendo un diario visual muy grande. Por eso salió en la foto con la cámara, porque ese día él la estaba usando. Y en el caso de Saura, por ejemplo, es que Saura tiene una gran colección de cámaras fotográficas. Y lo que más me fascinó es que un número de ellas, no sé si 15 ó 20, las construye él, con un cuerpo de aquí, una óptica de allí… y las bautiza, les pone un nombre suyo, Sauracom, o algo así. Y yo quería que apareciera algo que había hecho él con sus manos. Si yo propongo algo, siempre pregunto si les parece bien… lo que nunca quiero es que sientan que hacen el ridículo, eso para mí es fundamental.
- Jonás
- Eso es típico de muchos fotógrafos. A los directores de cine siempre nos hacen posar. Siempre te piden eso de: haz así, haz que encuadras con la mano, cosas ridículas con las que es muy fácil que no se sienta estúpido, ridículo y forzado…
- Javier
- Pero yo pienso que el ridículo bien manejado es una forma de poesía. Y que merece la pena, con la gente que vas cogiendo confianza, ir un poco más allá. Por ejemplo en el retrato de Manolo Martín Cuenca, aparece tirado en su sofá…
- Óscar
- Ese gesto lo eligió él.
- Javier
- O la foto de Agustí dentro de la bañera, que parece de una película de terror… cuando el ridículo lo llevas más lejos, accedes a unos lugares muy interesantes. Y creo que te estás acercando a ello, porque sí es cierto que a veces elaboras un poco las fotos, y también es una forma muy bonita de retratar. Me viene a la cabeza un fotógrafo que a ti te encanta, que es Duane Michals, que va a hacer un retrato de Magritte y entonces decide escoger una ventana y colocar una sobreimpresión de Magritte sobre la ventana, de forma que parece un fantasma. Qué mejor retrato de Magritte que un fantasma de sí mismo… Eso es un gran retrato. Tú estás haciendo algunas fotos así. Has fotografiado directores, pero también has fotografiado actores. Un actor es alguien que esta habituado a que le miren. Un director es alguien que está habituado a mirar. Los directores están incómodos delante de las cámaras, los actores están muy cómodos. Y las fotos tuyas que me parecen más estilizadas, más construidas en el mejor sentido de la palabra, y donde aparece más el sujeto posando, son las de los actores. En ellos hay muy poca naturalidad, porque son actores. El actor es una máscara de sí mismo. Es muy diferente aquella exposición de retratos de actores, que además fue en color, de esta de los directores…
Esa exposición de retratos de actores, que se llamó «La escena cotidiana», fue un encargo del Festival de Cine de Alcalá de Henares junto con el Instituto Cervantes, y ahí yo dije: pues aquí me voy a divertir.
- Javier
- Óscar, todos los retratos, durante un montón de siglos, han sido encargos. Había alguien que buscaba a un pintor para que le retratase.
- Jonás
- Pero en Óscar también hay algo que es como una manía, esta manía por retratar a los cineastas que él admira… es algo que surge de él, no es un encargo, es algo que va haciendo mientras puede, cuando puede, con el dinero que vas reuniendo…
- Óscar
- Aprovecho mucho las itinerancias de las exposiciones que organiza el Cervantes. Yo escribo a los gestores culturales contándoles mi devoción por los directores que puedan estar viviendo allí. Por ejemplo, cuando estuve con la exposición en Estocolmo, pude retratar a Roy Andersson, que vive allí. Y en Londres conseguí estar con Terence Davies, que además vino a ver la exposición de «La escena cotidiana», que para mí fue un momento maravilloso.