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Quijotes de celuloide

Una de las más singulares sensaciones que experimenta el espectador de este Quijote hispano-soviético emana, como veremos, de la personalidad política e intelectual de su creador: Rezaz (llamado también Revaz o Rezo) Chjeidze. El efecto logrado por este filme adquiere cierto aire determinista si atendemos a los progresos de su elaboración, narrados con detalle por Jesús Angulo y el guionista Marcial Suárez. Al parecer, la televisión soviética, Gostelradio, cuyos rasgos propagandísticos parecían avenirse bien con la difusión cultural, quiso adaptar la novela allá por 1977. Sus socios en el empeño, Televisión Española (TVE) y Pathé-Cinéma, prefirieron retirarse del proyecto, puesto definitivamente en marcha durante abril de 1985. Para entonces, Gostelradio había completado la financiación del teledrama gracias a la ETB vasca y a la productora Procint. Las razones de la retirada de TVE son comprensibles. En palabras de Angulo, fue José María Calviño, director general del ente público, quien rechazó el fundamento estético de Chjeidze, propenso a una puesta en escena vanguardista y plegado a un claro culto político (no se olvide que el cineasta fue miembro del Soviet Supremo en las épocas de Brézhnev, Andropov y Chernenko).

Marcial Suárez, designado como guionista por los productores españoles, enriqueció el libreto con acento cervantino y rigor documental. El plan de escritura fue cuidadoso y culminó en 1984. Ese mismo año, Suárez publicó un artículo en el que alababa la excelencia literaria de Chjeidze y del otro guionista, Sulikó Squenti. Tras calificar a ambos de «apasionados conocedores del Quijote», el redactor español definía un proceso rico en detalles sugestivos, y daba por concluida esa labor abrumado por la simpatía de sus compañeros: «Nuestra colaboración -decía- resultó siempre fácil, aunque no faltaron acaloradas y hasta duras discusiones, si bien siempre dentro de una amistad tan cordial, que acabó convirtiéndose en fraternidad inolvidable».

La teleserie pudo ser vista a través del canal autonómico vasco entre el 2 de octubre y el 27 de noviembre de 1989. En su versión rusa, el título georgiano, Tsjovreba Don Kijotisa da Sancho Panchosi, cambió a Zhitie Don Kijota i Sancho. En la antigua URSS, los críticos más comprensivos alabaron esta producción como una de las mejores películas rodadas en Georgia. Otros estudiosos desdeñaron el excesivo idealismo reflejado en la trama. No era difícil prever esa reacción: un Quijote como este hubiera sido un digno protagonista en el cine soviético de los sesenta. Con razón destaca Jesús Angulo que los coqueteos vanguardistas de un realizador «que se formó bajo la tutela de Sergei Youtkévitch y Mijail Romm, se inmiscuyen, dosificadas pero constantes, a lo largo del relato». La caracterización no parece desacertada; más aún cuando se advierte el carácter digresivo y a veces desconcertante de un relato audiovisual que oscila entre la ficción y la metaficción. De ahí que el analista llegue a este razonable diagnóstico: «Casan mal el rigor en la reconstrucción histórica y la fidelidad a la novela, con las intromisiones ideologizantes o con las continuas veleidades surreales el director».

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