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El Camino de Santiago

11. El Cebrero/O Cebreiro

A 1.300 metros de altura sobre el nivel del mar, con un terrible clima invernal, se estableció en fechas aún dudosas un hospital-albergue de peregrinos. Aunque se quiere remontar su origen a la tercera década del siglo ix, las primeras noticias que certifican su existencia datan de 1072. Al menos, se sabe que desde 1166 dependía de la abadía francesa de Saint-Gérauld d’Aurillac.

El hospital recibió importantes donaciones de reyes y nobles: Alfonso VI, doña Urraca, Fernando II, Alfonso VII, el conde de Trastámara… En 1487, los Reyes Católicos lo entregaron a los religiosos de San Benito de Valladolid, de quienes dependió hasta 1854; pero esta etapa de su historia es bastante pobre: en el siglo xvi estaba regido por tres o cuatro monjes y dos siglos más tarde estaba al borde de la ruina y albergaba únicamente a cuatro monjes.

Del conjunto monástico se conserva la iglesia y, a su lado, el mesón-hospedería, obra ya del siglo xviii. Destaca también el conjunto de pallozas que forman el poblado, convertidas hoy en museo etnológico.

Iglesia

Aunque ha sufrido a lo largo de los tiempos numerosas reformas, todavía se descubre la estructura primitiva del templo prerrománico: un edificio de tres naves separadas por dos gruesos pilares de sección rectangular y cabecera compuesta por tres ábsides de testero recto.

Las naves se cubren con armadura de madera, sobre la que se disponen lajas de pizarra; los ábsides, por su parte, se cubren con bóvedas de cañón. Los muros son robustos, realizados con aparejo de granito y pizarra, aunque las arcadas de separación de las naves están realizadas con piedra arcillosa de color rojizo.

Responde, pues, al tipo de basílica característica de la época de Alfonso III, como las de San Salvador de Valdediós, San Adriano de Tuñón o San Salvador de Priesca, modelos que se emplean hasta que se asienta definitivamente la arquitectura románica. Su cronología oscila entre el siglo x y finales del xi.

El pórtico, con el baptisterio a un lado —en el que se conserva una enorme pila de bautismo por inmersión— y la torre al otro, no corresponde al trazado primitivo, lo mismo que la sacristía que se adosa al ábside.

Esta iglesia se conoce, además, por haber sido escenario de un milagro eucarístico que los peregrinos difundieron pronto por toda Europa y que, según parece, inspiró a Wagner para escribir su Parsifal.

El relato del milagro

Yepes ha transmitido el relato del milagro en su Crónica General de la Orden de San Benito. Según este autor, hacia el año 1300 vivía en Barjamayor, pueblo cercano a El Cebrero, un campesino llamado Juan Santín o Santiso. Juan era muy devoto y nunca faltaba a la misa que se celebraba en la iglesia del hospital. Una noche de gran tempestad, llegó al templo en el momento en que un monje estaba consagrando el pan y el vino, despreocupado por creer que a causa del mal tiempo nadie acudiría a la celebración.

Al ver entrar al campesino tan fatigado le preguntó que cómo se había molestado en venir con ese tiempo para ver simplemente un pedazo de pan y un poco de vino. Entonces ocurrió el milagro: la hostia y el vino se convirtieron en la carne y la sangre de Cristo.

El Papa Inocencio VIII otorgó en 1487 una bula en la que se refería al milagro en la forma en que lo conocemos.

En el ábside meridional de la iglesia, conocido como capilla del Santo Milagro, se conservan el cáliz y la patena que empleó el monje durante el desarrollo del prodigio, un relicario que guarda la sangre y cuerpo del Señor, una imagen románica de la Virgen con el Niño (que, según cuentan, se inclinó a adorar el milagro) y dos arcosolios apuntados. La tradición designa esta capilla como el lugar donde reposan los restos de los protagonistas del acontecimiento.

El cáliz y la patena del milagro

Se trata de un cáliz típicamente románico, realizado en plata (en su color y sobredorada) y fechado durante la segunda mitad del siglo xii. La ancha copa semiesférica se decora con sencillas formas vegetales incisas y una inscripción que rodea la boca: «HOC SACRATUR QUO CUNTIS VITA PARABATUR».

El nudo presenta una labor más minuciosa, a base de follajes y motivos arquitectónicos. En cuanto al pie, repite la ornamentación que veíamos en la copa y lleva también una inscripción: «IN NOMINE NOSTRI IHESU CHRISTI ET BEATE MARIE VIRGINE».

La patena data de la segunda mitad del siglo xii. De plata sobredorada, presenta un diseño muy sencillo: lleva el borde levantado y el interior lobulado. En el centro se dispone, incisa, la mano de Dios en actitud de bendecir, a la manera griega.

El relicario

Durante mucho tiempo permaneció la carne en la patena y la sangre en el cáliz. Los Reyes Católicos pasaron por aquí en septiembre de 1486 en peregrinación a Santiago y se hospedaron en el monasterio. La reina Isabel, según nos cuenta Yepes, mandó hacer un relicario.

El relicario consta de dos pequeñas ampollas de cristal de roca, en cada una de las cuales se guarda una reliquia: la sangre «como si cuajara ahora y tan colorada como si fuera de cabrito recién muerto» y la carne «como cecina colorada y seca». Llevan pie de plata y las coronan sendos ángeles, que sostienen en las manos un cáliz y una patena, respectivamente. Las dos ampollitas se custodian en una caja de plata ricamente ornamentada.

Iglesia de El Cebrero (O Cebreiro). El cáliz y la patena del milagro datan de la segunda mitad del siglo XII

Paradas en el camino. Etapa 11

El Cebrero/O Cebreiro . Triacastela

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