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El Camino de Santiago

3. Puente la Reina/Gares

Se encuentra emplazada junto a la confluencia de los ríos Robo y Arga. Sobre este último se sitúa el famoso puente que le da nombre. Su planta urbanística es rectangular, y muy bien trazada; destaca el camino central que articula toda la población. Presenta una buena situación económica, con industria alimentaria, maderera y vinícola, principalmente.

A finales del siglo xi aparece un grupo de «francos» que constituirán el núcleo de la nueva villa, a la que Alfonso I el Batallador favorece cuando les otorga en 1122 el fuero de Estella. Posteriormente, los monarcas Catalina y Juan III de Albret concedieron al lugar, en 1498, la facultad de celebrar una feria anual y un mercado semanal, y la convirtieron en uno de los centros comerciales más importantes de la comarca.

Entre sus hijos más sobresalientes, destaca don Rodrigo Jiménez de Rada (m. 1247), a quien se cree oriundo de la villa. Relevante personaje durante los reinados de Alfonso VIII y Fernando III el Santo, estudió en París; llegó a ser arzobispo de Toledo e iniciador de su catedral y, por ello, uno de los introductores de la arquitectura gótica en España. También fue importante cronista del reino (escribió su famosa Rebus Hispaniae). Puente la Reina (Gares) tuvo además otros hijos ilustres, como el compositor Emilio Arrieta (1823-1894), autor de varias zarzuelas.

De sus numerosos monumentos cabe destacar el puente sobre el río Arga, protagonista principal de la villa, y la iglesia del Crucifijo o de Santa María de los Huertos, la de Santiago el Mayor y la de San Pedro Apóstol.

Iglesia del Crucifijo

Conocida antiguamente como Santa María de los Huertos, se vincula su origen a la orden militar de los templarios. Tras su expulsión en 1312, la orden militar de San Juan de Jerusalén, también conocida como del Hospital, se hizo cargo de sus bienes en la villa en 1443. A mediados del siglo xv (gracias a la intervención del canciller del Reino y prior de la orden hospitalaria, don Juan de Beaumont, y del obispo de Pamplona, don Martín de Peralta el Viejo) se fundaron junto a la iglesia el convento de sanjuanistas, y un hospital para el cuidado de los peregrinos que se dirigieran a Compostela. La iglesia dejó de ser parroquia, aunque debieron de respetarse los derechos de la antigua cofradía de la Santa Cruz que estaba establecida en el templo.

En 1469 se abrió un nuevo hospital, de cuya atención se hizo cargo la nueva cofradía del Crucifijo, que dio nombre a la iglesia.

Las desamortizaciones del siglo xix sumieron el complejo en el abandono, hasta que en 1919 fue habitado por los Padres Reparadores. Esto posibilitó su posterior conservación.

El templo se compone de dos naves construidas en distintos momentos. La más antigua perteneció posiblemente a la iglesia de Santa María de los Huertos, tiene cinco tramos cubiertos por bóveda de cañón, ligeramente apuntada, sobre fajones. Sobre el lado del Evangelio se edificó tiempo después otra de cuatro tramos, cubiertos por bóveda de cañón, claramente apuntada.

Se accede mediante una portada ricamente moldurada, abierta en el segundo tramo de la nave antigua. Por encima de ella arrancan unos arcos que la unen con el monasterio o antiguo hospital. La torre, sobre el primer tramo de la misma nave, de inicio medieval, se remata en el siglo xvii.

En el interior, junto a los restos de pintura mural y una talla románica de la Virgen de Nuestra Señora de los Huertos, destaca el Crucificado del siglo xiv, que se venera en la nave del Evangelio.

Crucificado

Hermosísima talla de la primera mitad del siglo xiv procedente de talleres centroeuropeos. Se desconoce cómo pudo llegar a la iglesia: tal vez fue una donación de algún peregrino. Destaca por su dolor (acentuado por la exagerada disposición del Cristo, con los brazos colocados en una «V» muy pronunciada) y por el fuerte y realista dinamismo de su torso y piernas.

La singularidad, patetismo y devoción que suscita la talla explican el nombre de la cofradía del Crucifijo, y el de la propia iglesia donde se encuentra. Sin duda se trata de una de las mejores obras de imaginería gótica que se conservan en España, ya que en esta talla confluyen características de la zona renana y otras de carácter italiano, como han señalado los especialistas que han estudiado la obra.

Iglesia de Santiago el Mayor

Significativa iglesia de la población, que se vincula directamente a Santiago. Se ubica en la calle mayor de Puente la Reina (Gares), por la que discurría el camino de los peregrinos.

De antiguos orígenes, poco se conserva del edificio románico de tres naves, salvo dos de sus portadas: una abierta a los pies del templo y otra en el lado de la Epístola. La primera, con un crismón en su tímpano, cuenta con la típica disposición de arquivoltas de medio punto, que apean sobre capiteles de decoración vegetal. La otra, mucho más rica, destaca porque su arquivolta interior tiene un perfil lobulado, y por la decoración figurada que se desarrolla en las restantes.

En el siglo xvi se acomete la reforma integral del edificio: se construye sobre la antigua iglesia otra de planta de cruz latina, con nave de dos tramos, crucero, transepto, cabecera poligonal y cuatro pequeñas capillas abiertas a la nave. Se cubre mediante bóvedas de crucería estrellada. Los artífices de su construcción fueron el maestro Martín de Oyarzábal (hasta su fallecimiento en 1545) y Lázaro Iriarte (que tomó el relevo en las obras).

Su interior es un verdadero museo de orfebrería, esculturas, pinturas y retablos, de muy diferentes épocas y estilos. Destaca el retablo mayor, dedicado a Santiago, realizado por los maestros José de Huici y Gabriel de Berástegui a mediados del siglo xviii.

El puente

Situado sobre el río Arga, es uno de los puentes medievales mejores y más famosos de todo el Camino de Santiago. Realizado en piedra, presenta seis ojos de medio punto entre estribos horadados, en su parte superior, por pequeños arquillos. Tradicionalmente se fija su cronología en el siglo xii.

Todavía conserva la puerta que lo comunicaba con el recinto urbano. En el medio del puente existió una capilla en la que se veneraba una escultura de la Virgen; de su cuidado, según la tradición, se encargaba un «chori» o pájaro, que la lavaba con agua del río. La imagen se trasladó en 1834 a la iglesia de San Pedro.

Puente medieval sobre el río Arga

Paradas en el camino. Etapa 3

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