La ciudad de Estella (Lizarra), a orillas del río Ega, se estableció cerca del primitivo burgo de Lizarra, que en el año 914 fue reconquistado por Sancho García I.
El rey de Aragón, Sancho Ramírez, deseoso de facilitar a los peregrinos la travesía de Aragón y Navarra, fomentó la formación de núcleos urbanos. Así, en 1090 desvió ligeramente el primitivo trazado del camino de peregrinación; asimismo, decidió construir un castillo y establecer una población de «francos» en el territorio de Lizarra, en la orilla derecha del Ega, al pie de un pequeño relieve rocoso.
El nuevo núcleo se rodeó de murallas y el monarca le concedió, en el mismo año de 1090 un fuero que, basado en el de Jaca, autorizaba la instalación de francos, pero sometía la de los navarros al consentimiento real.
Casi un siglo después, en 1187, Sancho el Sabio decidió poblar con navarros y gentes de otras procedencias una de sus tierras, llamada de San Juan, y concedió a los nuevos habitantes un fuero idéntico al de la ciudad, cuya redacción definitiva había ya sancionado en 1164. Al año siguiente se concedió dicho fuero al barrio de Arenal. Los distintos núcleos de población se fundieron en un solo municipio en 1266.
Estella alcanzó su apogeo en el siglo xiii, para comenzar su decadencia en el primer cuarto del siguiente. Destacan en este proceso hechos como la disolución de cofradías en 1323, y los graves conflictos entre Navarra y Castilla durante los siglos xiv y xv. En 1512, empobrecida por la guerra civil y las inundaciones, la ciudad cae en manos de Fernando el Católico. Cincuenta años más tarde se decide el derribo de su fortaleza.
Son muchos los monumentos de interés que conserva la ciudad. La mayoría de ellos se fundaron y levantaron en la Edad Media, coincidiendo con el momento de máximo apogeo en la creación de los diferentes núcleos de población. Sin embargo, gran parte de sus fábricas evidencian reformas posteriores, de los siglos xvi al xx.
Entre ellos destacan la iglesia de San Miguel, Nuestra Señora del Puy, San Pedro de Lizarra, San Pedro de la Rúa y Santa María de Todos los Santos o Santa María jus del Castillo, todas iniciadas en el siglo xii; la Iglesia del Santo Sepulcro (ca. 1200); los conventos de Santo Domingo de Guzmán y Santa Clara, fundados en el siglo xiii; y el Palacio de los Reyes de Navarra, en el siglo xii.
En el año 1145 se tiene ya noticia de la existencia de una parroquia dedicada a san Miguel, ubicada en la cima de un escarpe rocoso, «La Mota», bien dotado para la defensa del burgo. Sin embargo, los restos más antiguos conservados evidencian una construcción posterior a esta fecha, seguramente entre 1187 y 1196 (fecha de la invasión de Navarra por los castellanos durante el reinado de Sancho vii). Las obras se dilataron en el tiempo, con lo que se yuxtapusieron varios estilos en el mismo edificio.
Su cabecera, tardorrománica, es de cinco ábsides escalonados, el central precedido de tramo recto, de forma semicircular los tres centrales, y de testero plano al exterior (aunque con semicírculo al interior) los dos más extremos, abiertos a los brazos del transepto. Las cinco capillas se cubren con bóveda de horno.
Las tres naves, de tres tramos cada una, evidencian ya las formas góticas con bóvedas de crucería simple en las naves laterales, y transepto y de crucería estrellada en la central. Corresponden a una reforma de la primera mitad del siglo xvi.
Se accede al interior mediante dos puertas situadas en los lados de la Epístola y del Evangelio. La puerta meridional es muy sencilla, con arquivoltas apoyadas en capiteles decorados con vegetales estilizados y algunas cabecitas (s. xiii). Mayor interés reviste, tanto desde el punto de vista técnico como iconográfico, la portada septentrional.
El templo alberga importantes tesoros artísticos, entre los que destaca el retablo de Santa Elena, adosado al muro de los pies de la nave del Evangelio, donado por D. Martín Pérez de Eulate y Dª. Toda Sánchez de Yarza, vecinos de Estella, cuyos sepulcros se encuentran en el brazo norte del transepto.
En el exterior, a unos metros de la cabecera y unida a ella mediante un arco apuntado, se ubica la pequeña capilla de San Jorge, de nave única trapezoidal, cubierta con bóveda de crucería simple con clave central decorada con una Anunciación.
La portada septentrional de la iglesia de San Miguel de Estella (Lizarra) constituye uno de los conjuntos escultóricos más representativos del tardorrománico hispano.
En el conjunto se pueden contar hasta un centenar de figuras, distribuidas entre las arquivoltas que molduran el vano de ingreso (en arco de medio punto), el tímpano, los capiteles de las columnas y los espacios laterales. El programa iconográfico se centra en el tímpano, presidido por la Majestad dentro de una mandorla tetralobulada, y rodeado por los símbolos de los cuatro evangelistas más la Virgen y san Juan, en su papel de intercesores en el momento del Juicio.
En el borde de la mandorla, una inscripción latina resume el significado del mensaje que se quiere transmitir a los fieles: «NEC DEUS EST NEC HOMO PRESENS QUAM CERNIS IMAGO, SED DEUS EST ET HOMO QUEM SACRA FIGURA IMAGO» (Esta imagen que contemplas no es Dios ni hombre, pero es Dios y hombre Aquél a quien representa esta sagrada imagen), en una clara alusión a la doble naturaleza divina y humana de Cristo, y también como refutación de la herejía albigense, en auge en la época, que rechazaba el culto externo por considerarlo idolatría.
Completan el conjunto, en las cinco arquivoltas, las representaciones de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, ángeles turiferarios, patriarcas y vidas de mártires y santos; en los capiteles, un ciclo de la infancia de Cristo; y en la parte superior de la fachada, diez figuras de apóstoles y profetas que portan libros y filacterias.
En la parte inferior, dos grupos en relieve muestran una clase de escultura de volumen más rotundo y mayor calidad artística. A la izquierda, una representación doble de san Miguel: primero pesando las almas en presencia de un ángel y junto a Abraham, que acoge en su seno las almas de los justos en forma de tres figurillas infantiles; y en segundo lugar, alanceando a un dragón, como vencedor del pecado. A la derecha, las Tres Marías ante el sepulcro vacío, a las que dos ángeles informan de la resurrección.
En el muro de los pies de la nave del Evangelio se halla este retablo, pieza importante del gótico internacional.
En la tabla central está situada la imagen de santa Elena con la Cruz, a la que adoran cinco donantes. En los laterales, escenas en relación con la leyenda de la santa Cruz: Heraclio a caballo ante Jerusalén, Heraclio entrando en la ciudad con la Cruz, un milagro de santa Elena, el descubrimiento de la Cruz, el sueño del emperador Constantino, una escena de batalla, la santa sentada rodeada de personajes.
En la predela, se encuentran escenas de la Pasión de Cristo, enmarcadas por arcos góticos polilobulados, y en los laterales, seis figuras de santas y el escudo de los donantes. En el marco, una inscripción dice: «ESTE RETABLO FIIZERON FAZER MARTIN PERIZ [sic] BEZINOS DESTELLA [sic] SENNIOR DIOS E DE LA SANTA CRUZ EN LA QUOAL EILL [sic] MIL CCCC I SEIS».
Atribuido a Pedro Rupert, del círculo del pintor aragonés Juan de Leví, a quien se adscriben el retablo de Santa Catalina de Tudela y el de la catedral de Tarazona, se fecha hacia 1406.
Situada en un extremo de la actual calle de Curtidores, antigua Rúa de los Peregrinos, fue una de las parroquias más antiguas de la ciudad, de la que consta que ya en 1123 era sede de la cofradía del Santo Sepulcro. Su arruinada fábrica muestra las huellas de un largo proceso constructivo que, iniciado en el románico, no se concluyó hasta el siglo xvi. Fue suprimida como parroquia en 1881.
Del modelo original (ca. 1200) se conserva en alzado la nave del Evangelio, con su correspondiente ábside semicircular. En el siglo xiv se procedió a la edificación de las cabeceras de la capilla central y de la del lado de la Epístola, ambas poligonales. Se conservan todavía hoy parte de los muros de la capilla mayor, mientras que de la meridional no restan sino los cimientos.
El acceso al interior se realizaba a través de una importante portada gótica, también de principios del siglo xiv, que se abría a la rúa. La puerta define su profundidad mediante el abocinamiento de doce arquivoltas, que descansan en estilizadas columnillas rematadas por un capitel corrido con motivos vegetales y zoomórficos.
El mensaje cristológico descansa en el tímpano dividido en tres registros: la Última Cena como representación única en el dintel; las Tres Marías ante el sepulcro vacío, el Descenso de Cristo al Limbo —Anastasis— y la aparición a la Magdalena —Noli me tangere—en el registro intermedio; y la Crucifixión en el superior.
Coronan la portada sendos grupos de seis hornacinas a cada lado, que cobijan un apostolado y, ante la puerta, a modo de guardianes, las figuras exentas de Santiago (en hábito de peregrino jacobeo) y de san Martín de Tours (vestido de obispo y en actitud de bendecir).
En el siglo xiii se la conocía como San Pedro el Mayor. Aparece mencionada como parroquia desde 1174, aunque es posible que existiera anteriormente. En 1256 alcanzó el título de iglesia mayor de la ciudad.
Comenzada en la segunda mitad del siglo xii, su ubicación en la ladera de un encrespado cerro, así como un lento proceso constructivo, determinaron un tipo de planta en el que abundan las irregularidades.
La cabecera, tardorrománica, se compone de tres ábsides: semicirculares y precedidos de tramo recto, los laterales, y compuesto de otros tres absidiolos igualmente semicirculares, el central. Las capillas se cubren con bóveda de cuarto de esfera y los tramos previos con cañón apuntado. Tiene tres naves de tres tramos cada una. Se singulariza la del lado del Evangelio por tener mayor anchura que la de la Epístola y por ser sus tramos trapezoidales. Ambas se cubren con bóvedas góticas de crucería simple con claves decoradas (s. xiv), mientras que los lunetos de la nave central corresponden ya al xvii. Dos grandes volúmenes de planta cuadrada destacan en el lado del Evangelio: junto a la cabecera, la capilla de San Andrés (s. xvi), patrón de la ciudad, y en la zona de los pies la torre campanario.
El acceso, en el lado norte, se realiza a través de una portada de principios del siglo xiii, con arco de intradós polilobulado similar al de las iglesias del Crucifijo de Puente la Reina (Gares) y de San Román de Cirauqui (Zirauki). La actual escalinata que la antecede se realizó en 1966 según proyecto de Francisco Pons Sorolla.
Adosado al flanco meridional del templo se inició, también a fines del siglo xii, la construcción de un claustro del que sólo se conservan las galerías occidental y septentrional. La riqueza iconográfica de sus capiteles Infancia, vida pública y Pasión de Cristo; Pasión y muerte de san Lorenzo y san Andrés; y escenas de la vida de san Pedro no se corresponde con la tosquedad de factura que manifiestan muchos de ellos.
En la plaza de San Martín y haciendo esquina con la calle de San Nicolás, antigua entrada de los peregrinos, se levanta el denominado Palacio de los Reyes de Navarra, conocido también como «Palacio de los Duques de Granada de Ega», único edificio románico de carácter civil existente en la Comunidad Foral.
De esta antigua construcción de finales del siglo xii conocemos su forma rectangular, pero desgraciadamente hemos perdido la organización de los espacios internos. Su elemento más significativo es la fachada principal, situada frente a la escalinata de San Pedro de la Rúa.
Articulada en dos pisos, el inferior está formado por una galería de cuatro arcos de medio punto apeados en recios pilares prismáticos. El superior presenta cuatro grandes ventanales, divididos cada uno en su espacio interno por otros cuatro arquillos ligeramente apuntados que se apoyan en finas columnas encapiteladas. Sobre ellos, una cornisa con canecillos esculpidos. En un momento posterior, se recreció el edificio mediante un tercer cuerpo, calado con saeteras, y dos torreones en los ángulos.
Para lograr un mayor realce decorativo, se colocaron en los extremos dos columnas superpuestas, que enmarcan la fachada. Sus capiteles, dos vegetales y dos historiados, representan temas que no son ajenos a la iconografía usual en los templos: en uno, vemos el combate de caballeros Capitel de Roldán y Ferragut y en el otro, una terrorífica visión infernal: dos avaros, de cuyos cuellos cuelgan las bolsas del dinero, caminan hacia su castigo cogidos por un cepo; a su lado, los condenados se queman en una caldera que vigilan cuatro feroces diablos.
La columna inferior que enmarca por el lado izquierdo la fachada del palacio queda rematada por un capitel en el que se representa la lucha de dos caballeros. La escena del torneo, tan popular en el arte románico, queda aquí individualizada por sendas inscripciones talladas al lado de cada uno de los personajes, que nos informan de su identidad: los legendarios Roldán, paladín de Carlomagno, y Ferragut, gigante moro. El capitel recoge el momento en que el héroe cristiano vence al musulmán al atacarle en su único punto débil: el ombligo.
El tema narra un hecho fabuloso acaecido en las proximidades de Nájera (La Rioja), durante la retirada de Carlomagno de su incursión por el Ebro, y que fue recogido en la Crónica del Pseudo-Turpin, obra francesa fechada hacia 1160.
Por un tercer epígrafe conservado junto a los anteriores conocemos el nombre de su autor, Martín de Logroño, «MARTINUS DE LOGROÑO ME FECIT», aunque nada sabemos sobre este maestro que esculpió y firmó su obra a principios del siglo xiii.
Paradas en el camino. Etapa 3
Eunate . Puente la Reina/Gares . Cirauqui/Zirauki . Irache/Iratxe . Estella/Lizarra
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