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El Camino de Santiago

6. Castrojeriz

Antiguo poblado de origen celtibérico, posteriormente romanizado, comenzó su desarrollo a partir del siglo x (Castrum Sigerici). El fuero recibido en el año 974 por el conde Garci Fernández, confirmado y ampliado después, contribuyó enormemente a este desarrollo. Una vez superada la etapa histórica de mayor inestabilidad en el Valle del Duero, causada por la presencia musulmana, fue decisiva para su crecimiento su posición en la red viaria, en pleno camino francés. De hecho, su plano se adapta al esquema longitudinal condicionado por el camino: la calle principal, o calle Real, de aproximadamente un kilómetro y medio, no es sino la prolongación de aquél, que la atraviesa de un extremo a otro en dirección este-oeste, al pie del cerro donde son visibles aún las ruinas del castillo que dio origen a la población.

Antes de entrar en Castrojeriz, el camino pasaba delante de la portada del convento y Hospital de San Antón; transcurridos dos kilómetros, desembocaba en el barrio de Nuestra Señora del Manzano (derivación de Almazán), nombre que procede de la colegiata que lo domina. El recorrido continuaba ante la  iglesia de San Juan, antes de abandonar la ciudad por la puerta occidental, llamada de San Miguel. Pero además existían otras parroquias, como la de Santiago de los Caballeros, varios hospitales y casas de las órdenes mendicantes, como demuestran las ruinas del convento de San Francisco, la iglesia de Santo Domingo, o la de Santa Clara, situada extramuros. Fuera de Castrojeriz, en la ruta hacia el valle del Pisuerga, se encontraba el Hospital de San Nicolás.

En la Baja Edad Media fue una villa de señorío; los últimos en ostentarlo, al final del siglo xv, fueron Juan Pacheco, marqués de Villena, y luego la familia de los Mendoza, en la persona de Ruy Díaz de Mendoza.

Colegiata de Nuestra Señora del Manzano

Se supone su existencia desde el siglo x, en la época del conde Garci Fernández. Tal vez era un templo con cabildo regular que vivía bajo la regla de san Benito. Pero de estos primeros tiempos no hay resto arquitectónico alguno.

Las noticias más fidedignas, que se adecuan perfectamente a las características de su fábrica, informan de que la reina doña Berenguela, madre de Fernando III, la mandó construir a principios del siglo xiii. No tenemos más referencias sobre el proceso de construcción del templo medieval, que cuenta con tres naves, pero sí sabemos de las reformas emprendidas en el siglo xv (que afectaron a las bóvedas de crucería estrellada), y a mediados del siglo xviii. En estas últimas, en las que intervino el arquitecto Juan de Sagarbinaga, se añadieron una capilla lateral (dedicada a la Virgen), la torre y la renovación de la cabecera que, erigida con fines funerarios, se convierte en panteón familiar; aquí se dispusieron los túmulos de los condes de Castro (el marqués de la Hinojosa, don Juan de Mendoza, y el conde de Ribadavia, Diego Sarmiento) y se colocó un retablo con lienzos de Antonio Rafael Mengs.

Lo más interesante de la fábrica gótica es la fachada occidental, con una puerta de arco apuntado muy abocinada, un gran rosetón y una Anunciación del siglo xiii; otras esculturas se conservan en la portada meridional. Sin embargo, la pieza artística más conocida es la Virgen del Manzano, ensalzada en las Cantigas por Alfonso X. En las cinco cantigas que le dedica, se citan prodigios atribuidos a la intercesión de Nuestra Señora. Es una escultura de piedra policromada que representa a la Virgen de pie, con el Niño en brazos.

En el templo se encuentra, además, el sepulcro de doña Leonor de Castilla, ejecutada en 1359 por orden de su sobrino, Pedro I el Cruel. Enterrada primero en el lado del evangelio del altar mayor, su tumba fue después trasladada con motivo de las reformas mencionadas.

Iglesia de San Juan

La iglesia de San Juan se encuentra en la misma calle Real, desde allí su recia torre anunciaba ya la proximidad de la puerta occidental de la población, dedicada a san Miguel. Su fábrica, apenas documentada, corresponde fundamentalmente a dos etapas. A los siglos xiii-xiv, pertenecen el ábside, la torre y el claustro.

En el siglo xvi, se renovó la iglesia, pero se conservó el ábside medieval. Es un amplio templo de tres naves que alcanzan la misma altura, con fuertes pilares fasciculados, bóvedas de nervios de tradición gótica y coro alto a los pies. Menor altura alcanza el ábside poligonal primitivo, cuyos paños se rasgan con vanos muy alargados. Llama la atención el amplio rosetón con dibujo de estrella de cinco puntas. En el lado sur, se abre una capilla estrecha y muy alta, panteón funerario del beneficiado Juan González Gallo, fallecido en 1517. Otra capilla funeraria se habilitó en el primer tramo de la nave septentrional, de la que queda separada por un muro; ésta fue sufragada por don Diego de Mújica, cuyo escudo se representó en las seis claves de la bóveda.

La torre se alza en el lado noroeste del templo, sobre el último tramo de la nave de este lado. Es sobria, con estrechos vanos, de medio punto en el cuerpo inferior, y apuntados arriba, y pináculos de remate en los ángulos.

Del claustro, en el lado meridional, se conservan tres galerías de mediados del siglo xiii, con arcos apuntados sobre columnas pareadas. La cubierta es una techumbre de madera del tipo par y nudillo y, en algunos puntos tiene forma de artesa; conserva pinturas con motivos vegetales y arcos que cobijan bustos humanos y figuras de animales; también se ve el escudo de los Gómez de Sandoval, que ostentaron el señorío de Castrojeriz entre 1426 y 1476.

Hospital de San Antón

Antes de entrar en Castrojeriz, los peregrinos que seguían el camino francés se encontraban con el Hospital general de San Antón, de la orden de los antonianos, cuya misión era precisamente el auxilio de aquéllos. La disolución de la orden a fines del siglo xviii y los efectos de la Desamortización de Mendizábal en 1835, consagraron su ruina definitiva. No obstante, aún asombran los restos de aquella impresionante construcción del siglo xiv, los conservados son de esta fecha, a pesar de que la fundación se remonta al año 1146, bajo el patrocinio del rey Alfonso VII.

La entrada a la iglesia, que era de tres naves, se hacía a través de una portada con arquivoltas, totalmente decoradas con esculturas en cada una de sus dovelas; esta entrada se protegió a principios del siglo xvi con un pórtico elevado, cuyo fin era contrarrestar el desplome de la fachada. Desde entonces, el camino pasa por debajo de los dos arcos de este pórtico, en el que se practicaron dos alacenas para que los peregrinos que llegaban a horas intempestivas encontrasen alimento.

Aquí se realizaba la cura del llamado mal de fuego o fuego de San Antón, enfermedad muy extendida en la Edad Media, que devoraba las entrañas o producía gangrena en las extremidades; se originaba por comer cereales afectados por el cornezuelo, un hongo que se desarrollaba sobre todo en el centeno. Los frailes atendían a los afectados por este mal e imponían a los peregrinos la Tau (especie de escapulario con la forma de esta letra), como signo de protección contra los peligros del camino.

Hospital de San Nicolás

Desde Castrojeriz, el camino se dirigía hacia el valle del Pisuerga. Para salvar el río, que, en la Edad Media, era el límite entre los reinos de Castilla y León, Alfonso VI mandó realizar un puente en el mismo lugar donde se encuentra el actual; es el puente de Fitero o Ponteroso, de once arcos. Antes de llegar a este lugar, los peregrinos eran acogidos en el Hospital de San Nicolás, fundado en 1174 por el conde Nuño Pérez de Lara. Del edificio del siglo xiii sólo se conservan las ruinas de la nave septentrional de la iglesia, delante de la cual transcurría la calzada. En el siglo xviii, se acondicionó como ermita.

Colegiata de Nuestra Señora del Manzano. Fachada occidental, con una puerta de arco apuntado muy abocinada y un gran rosetón

Paradas en el camino. Etapa 6

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