Centro Virtual Cervantes
Artes

El Camino de Santiago > El Camino > Séptima etapa > Sahagún
El Camino de Santiago

7. Sahagún

El origen de la población de Sahagún, situada en la orilla oriental del río Cea y en el extremo occidental de la Tierra de Campos, se remonta al siglo ix. Sobre el lugar en el que fueron enterrados Facundo y Primitivo, dos cristianos hispanos martirizados en el siglo iv, se desarrolló un culto local. Este culto se revitalizó en la segunda mitad del siglo ix con la fundación de un monasterio bajo el patronazgo de la monarquía asturiana. Una leyenda integrada en el Codex Calixtinus convierte a Carlomagno en el responsable de la creación de Sahagún. Junto al monasterio se desarrolló un núcleo urbano, con habitantes de muy heterogénea procedencia. En 1085, la población recibió un fuero que regulaba sus relaciones con la institución monástica a la que estaba sometida.

Tras la desaparición de Alfonso VI, y aprovechando el difícil periodo que atravesaba el reino castellano-leonés, sumido en un conflicto civil, se produjo el levantamiento de la población contra el poder del abad; superado este turbulento periodo, alcanzó una prosperidad que puso de relieve el libro V del Codex Calixtinus, poco después de 1130. En el siglo xiii, nuevos disturbios urbanos concluyeron por la mediación del rey Alfonso X el Sabio. El declinar de la población es patente ya en este periodo.

La ausencia de canteras en la región fue la causa de que la mayor parte de las edificaciones de Sahagún se realizaran en barro, en sus diferentes modalidades: ladrillo (arcilla cocida), adobe ( piezas de barro mezclado con paja y secadas al sol) y tapial (muros de arcilla encofrada entre tableros de madera). De las al menos nueve iglesias con las que llegó a contar, se han conservado tres de considerable importancia: la de San Tirso, la de San Lorenzo y el santuario de La Peregrina.

Leyenda de la fundación

La leyenda arranca del siglo xii y procede del libro IV (Historia Turpin) del Codex Calixtinus. Según ella, a petición del apóstol Santiago, Carlomagno entró en España para liberarla del rey musulmán Aigolando. El encuentro de las tropas de los dos mandatarios tuvo lugar en Tierra de Campos, cerca del río Cea. En la víspera del combate, algunos de los soldados cristianos clavaron sus lanzas en el suelo del campamento, al día siguiente, vieron que habían arraigado en la tierra y tenían cortezas y hojas. Las cortaron a raíz de tierra para acudir al combate. Con el tiempo, de las raíces crecieron árboles, hasta constituir los bosques que, al menos en el siglo xii, existían en el lugar. Ganada la batalla, Carlomagno ordenó la edificación de un monasterio, junto al que se constituyó «un grande y riquísimo pueblo».

Iglesia de San Tirso

De los templos de ladrillo conservados en Sahagún, el más antiguo es el de San Tirso, de tres naves y tres ábsides decorados con arquillos ciegos. Sobre el tramo recto del presbiterio se alza una torre, de sección rectangular y tres cuerpos articulados mediante arquillos de medio punto. Llama la atención el uso selectivo de la piedra, material más caro que el ladrillo, y cuya utilización se limita sólo a ciertas partes del edificio, como el zócalo del ábside central o las columnillas de los dos primeros cuerpos de la torre. La construcción de este templo es del siglo xii, aunque el carácter rural de este tipo de arquitectura dificulta la datación precisa del edificio. Es probable que estuviese en obras durante la centuria siguiente.

Como era normal en este tipo de construcciones, es posible que sus paramentos originales estuviesen enlucidos para proteger los muros de ladrillo de las inclemencias del tiempo, por lo que su actual imagen, al quedar el material descarnado de su cobertura, falsea la realidad.

Los otros dos templos de barro y arcilla más importantes de Sahagún son el de la Peregrina y la iglesia de San Lorenzo.

Iglesia de San Lorenzo

De tres naves y tres ábsides semicirculares, la iglesia presenta grandes paramentos de ladrillo. Los paramentos se decoran, entre otros elementos, mediante arquillos ciegos, frisos de ladrillos en esquinilla y pilastras resaltadas del muro.

De nuevo llama la atención la torre que se levanta sobre el tramo recto del presbiterio; en esta ocasión observamos cuatro cuerpos horadados por ventanitas apuntadas. En comparación con la iglesia de San Tirso, en ésta de San Lorenzo se observa una técnica constructiva mucho más pobre y la inexistencia por completo del uso de la piedra.

Se fija su construcción a lo largo del siglo xiii.

Iglesia de La Peregrina

Aspecto del templo de ladrillo perteneciente a un antiguo convento de franciscanos hoy desaparecido.

El edificio actual de la iglesia presenta el resultado de numerosas reformas y añadidos. Dentro del conjunto decorativo, sobresale la ornamentación exterior de parte de los paramentos del siglo xiv que se conservan. Esta ornamentación se realizó mediante el concurso de varios frisos de arquillos ciegos tumidos, trasdosados por otros polilobulados.

En el lado de la epístola, se abre la capilla cuadrangular de don Diego Gómez de Sandoval, fallecido en 1455. En su interior se conservan todavía varios paños de yesería, muy toscamente labrada y con escasos restos de policromía, que imita motivos hispanomusulmanes: decoración de lazo, motivos vegetales, tramas romboidales (sebqa), etc. Estos atauriques parecen copiar burdamente otros no muy lejanos, como los conservados en el monasterio de Santa Clara, de Tordesillas (siglo xiv).

Monasterio de San Benito

El desaparecido monasterio de San Facundo y San Primitivo (luego San Benito) de Sahagún constituye un hito dentro de la historia monástica de la península ibérica. Desde sus comienzos fue una de las instituciones monásticas más protegidas por la monarquía y la alta nobleza. El prestigio que alcanzó en su primera andadura provocó que en la segunda mitad del siglo xi se convirtiera en baluarte de la reforma religiosa que emprendió Alfonso VI, rey de Castilla y León, a instancias del papa Gregorio VII. La comunidad autóctona fue puesta bajo el gobierno de monjes cluniacenses, si bien nunca llegó a depender jurisdiccionalmente de la abadía de Cluny. Fue entonces cuando se sentaron las bases para una mayor expansión territorial del monasterio. Alfonso VI, su gran protector, prefirió establecer allí la sede de su corte durante los meses de invierno, en detrimento de las ciudades de León o Burgos. Esta preferencia alcanzó su expresión máxima con la voluntad de ser enterrado junto a su iglesia, en vez de en el panteón familiar de San Isidoro de León. Sus sucesores continuaron apoyando al monasterio que, sin embargo, entró pronto en declive.

En el siglo xv perdió su tradicional autonomía y se confederó en la congregación de Valladolid, si bien recuperó buena parte de su tradicional vitalidad. La exclaustración fue especialmente virulenta con este imponente conjunto monumental, que quedó arrasado. En la actualidad no quedan sino escasos vestigios de la parte oriental del templo y algunos restos de las dependencias monásticas. Excavaciones realizadas en la primera mitad de este siglo sacaron a la luz un espacioso panteón funerario que, ubicado en el extremo occidental del templo (al igual que el de San Isidoro), albergó los restos del rey Alfonso VI († 1109) y los de sus esposas, así como los de buena parte de sus magnates. De esta fase contamos con fragmentos dispersos, entre los que destaca la lauda sepulcral del hijo de uno de los más destacados colaboradores del monarca, Pedro Ansúrez (hoy en el Museo Arqueológico Nacional, Madrid), realizada en mármol poco después de 1093.

Los restos que aún pueden contemplarse en el lugar en el que se levantaba corresponden a una amplia iglesia, comenzada en el siglo xiii y concluida trabajosamente en sus partes fundamentales a fines del mismo siglo. Contigua a la nave septentrional también ha llegado hasta nosotros la capilla de San Benito (1186). Reformas posteriores (siglos xvii y xix) modificaron sustancialmente su aspecto, de acuerdo con la estética barroca primero y con la neoclásica posteriormente. A comienzos del siglo xvii pertenece la gran portada meridional, bajo la que transita una de las calles de la población.

Portada meridional

La construyó en 1662 el arquitecto Felipe Berrojo, en sustitución de la portada principal del templo románico, ya transformada en el siglo xiii, y que estaba en ruinas. Este mismo arquitecto realizó la transformación del coro de la iglesia de Santa María, de Carrión de los Condes. Se trata de un amplio arco de medio punto realzado por un marco rematado en piñón con aletas. Recientemente, tras unas labores de consolidación, apareció la escultura de un San Juan, perteneciente a una de las jambas de la portada gótica sustituida.

Iglesia de San Tirso, en Sahagún. La torre, de sección rectangular, consta de tres cuerpos articulados mediante arquillos de medio punto

Paradas en el camino. Etapa 7

Visitas de interés

flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es