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El Camino de Santiago

5. Cañas

Monasterio de Santa María de San Salvador

Don Lope Díaz de Haro y doña Aldonza Ruiz de Castro donaron a la Orden del Císter una villa en Hayuela, donde debía de existir ya una fundación monástica habitada por monjas. Corría el año 1169. Un año después, en 1170, la comunidad se trasladó al que sería su emplazamiento definitivo, Cañas. Sin embargo, las construcciones más antiguas que hoy vemos son posteriores, del tiempo en que fue su abadesa la beata doña Urraca (1225-1262). De hecho, una inscripción en el claustro, ya desaparecida, pero de la que ha quedado memoria, decía que el monasterio había sido edificado en honor de Santa María de Cañas por la condesa doña Urraca en el año 1236, utilizando como referencia el año de la toma de Córdoba.

Una cerca exterior, recientemente reconstruida, contornea huertas, iglesia, claustro y las diversas dependencias de este conjunto monástico, organizadas según lo acostumbrado en las casas cistercienses. Al sur del templo se dispusieron los edificios y habitaciones necesarias para la vida de la comunidad, entre las que sin duda destaca la sala capitular, que además acoge en su interior uno de los monumentos más preciados, el sepulcro de doña Urraca.

La iglesia es de una nave (aunque se habían proyectado tres), transepto y tres profundos ábsides escalonados. Llama sobre todo la atención la organización en altura de la cabecera, excepcional en el panorama de la arquitectura cisterciense de la época. El ábside central es plenamente gótico, con un indiscutible predominio del vano sobre el muro; está formado por dos órdenes de ventanas divididas por cuatro maineles, en el piso bajo, y tres en el alto, y presenta sus óculos cuadrifoliados. Lo cubre una bóveda de finos nervios sobre columnas con capiteles de traza vegetal. Se abovedaron con crucería los tramos situados ante los ábsides y el transepto. El resto de la nave se cubrió, ya en el siglo xvi, con bóvedas de crucería complejas, con terceletes.

De fábrica medieval es también la puerta que comunica la iglesia con el claustro, abierta en la nave de la epístola (lado sur). Hacia el claustro es de cuatro arquivoltas apuntadas sobre columnas acodilladas (en rincón) en las jambas: todas las arquivoltas están recorridas por una moldura en forma de toro o bocel, que en una dibuja dientes de sierra. Además del triple vano que sirve de acceso a la sala capitular, se conservan otras puertas de factura medieval en los muros internos del claustro. Por lo demás, el resto de las construcciones, menos interesantes, pertenencen a distintas épocas  que llegan hasta el siglo xviii.

Sala capitular y sepulcro

La comunicación con el claustro se establece a través de un triple vano (puerta central, flanqueada por un ventanal a cada lado) con arquivoltas molduradas y decoración vegetal. Una vez atravesado éste, nos encontramos ante una estructura plenamente gótica. Una sola columna central compartimenta en cuatro tramos el cuadrado que forma la planta. Los tramos se cubren con bóvedas de crucería, cuyos nervios descansan sobre columnas adosadas a los muros o ménsulas decoradas con motivos vegetales. Sorprende por su altura y por la sensación de amplitud espacial, comparable a la que ofrecen los capítulos de San Andrés de Arroyo o las Huelgas.

Aloja en su interior piezas u objetos artísticos de distintas épocas y estilos. Pero sin duda, la atención del espectador se concentra especialmente en el sepulcro de la beata Urraca y en las laudas que lo rodean. El sepulcro, situado en el centro de la sala, corresponde a la que fuera cuarta abadesa del monasterio, entre 1225 y 1262. Fue uno de los personajes de mayor trascendencia para la historia de la abadía, tanto por el incremento que en sus días tuvieron las obras del edificio, como por los privilegios y donaciones que en aquel tiempo, y por su mediación, consiguió.

Tradicionalmente identificada como la hija de los fundadores, don Lope Díaz de Haro y doña Aldonza Ruiz de Castro, últimamente se ha puesto en duda esta circunstancia por distintas razones de tipo histórico, y se ha querido ver en ella a otra doña Urraca, de la misma familia pero de una segunda generación, hija de Diego López de Haro y Tota Pérez de Azagra, y esposa de Alvar Núñez de Lara.

Sea como fuere, el sepulcro, de fines del siglo xiii o en torno al 1300, es una interesantísima pieza de escultura funeraria. Es exento, de caja rectangular sobre tres parejas de animales. Las cuatro caras están decoradas con escenas de la vida de la beata; destacan en los pies los funerales y el tránsito de su alma al cielo. En la cubierta, la difunta se representó yacente y con sus atributos abaciales; a los costados, dos ángeles con incensarios, y unas novicias orantes sentadas a los pies.

A ambos lados de este sepulcro hay sendas laudas sepulcrales de abadesas, con escudos y báculo abacial.

Monasterio de Santa María de San Salvador, en Cañas. Bóveda del ábside central y ventanas divididas por maineles y con óculos cuadrifoliados

Paradas en el camino. Etapa 5

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