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El Camino de Santiago

12. Portomarín

Portomarín aparece mencionado en numerosos documentos desde el siglo x. A finales de esa centuria, en el 993, Bermudo II lo donó a la iglesia de Santiago.

En el capítulo de la Guía del Peregrino dedicado a los «Nombres de algunos restauradores del Camino de Santiago», se cita a Pedro, quien en torno a 1120 «reconstruyó el puente sobre el río Miño, destruido por la reina Urraca».

Varios años después, en 1126, Pedro construyó allí mismo un hospital en cuya fachada se leía la frase «Domus Dei». Por estas acciones Alfonso VII le confirmó entonces la donación de la iglesia de Santa María de Portomarín, que doña Urraca, su madre, ya le había hecho.

Posteriormente, el arzobispo don Pedro Arias entregó el burgo de Portomarín a la recién creada Orden de Santiago. Bajo el reinado de Alfonso IX, la villa pasó a depender de la de San Juan de Jerusalén. Los privilegios obtenidos de los sucesivos monarcas favorecieron el buen mantenimiento del hospital y del Camino de Santiago.

En 1959 las obras del embalse de Belesar provocaron la anegación del pueblo y la consiguiente pérdida del puente construido por Pedro Peregrino, a excepción de unos restos meramente testimoniales. A la nueva población se trasladaría completa la iglesia de San Nicolás o San Juan y la portada occidental de la de San Pedro.

En frente de San Nicolás se encontraban la casa y el hospital de los sanjuanistas. Aquélla mostraba en la puerta una inscripción precedida por una cruz de malta: «Era de mill e quinientos e treze annos el honrado caballero frey Juan Pinnero Comendador de las Encomiendas de Portomarín e Trebeyo fizo estas casas», es decir, se construyó en 1475.

Varios años más tarde, en 1484, mandó construir el hospital, según se leía en una inscripción de la fachada: «Era de myll e DXXI annos el baylio frey Juan Pinero Comendador de Trebeyo e Portomarin mandov fazer este espital». Nada queda de estas dos construcciones.

Iglesia de San Pedro

Situada en el barrio del mismo nombre, era el primer templo que los peregrinos encontraban al entrar en Portomarín. De la fábrica románica únicamente se conserva su portada principal, obra de finales del siglo xii.

Presenta tres arquivoltas de medio punto decoradas con motivos diversos, perlas o bolas y billetes. Las columnas, acodilladas, llevan capiteles decorados con motivos vegetales y animales afrontados (grifos en un caso y aves en otro). El tímpano, apoyado sobre mochetas ornamentadas con cabezas de toro, es bilobulado y en él figura la siguiente inscripción: «CONSECRATA ESTA ECCL(es)IA HEC IN HONORE BEATE MARIE ET S APOSTHOLI PETRI COSNME ET DAMIANI D(omi)NO R(uderico) II LUCE(N)SE EP(iscop)O SUB ERA MCC XX FER(an)DUS ».

Por tanto se sabe que Rodrigo II, obispo de Lugo, consagró este templo en el año 1182. Algunos investigadores piensan que el nombre Fernando que aparece al final del texto puede hacer alusión al artífice de la obra o simplemente al autor de la inscripción.

Iglesia de San Juan o de San Nicolás

Se trata de un templo de una sola, pero esbelta nave de cinco tramos. De ellos, el más próximo a la cabecera está cubierto con bóveda de crucería y el resto lo está con bóveda de cañón apuntada. Los diversos tramos quedan separados entre sí por arcos fajones que descansan en columnas entregas. El ábside, semicircular, se cubre con cuarto de esfera, mientras que el tramo recto que lo precede lleva bóveda de cañón.

La iglesia recibe su iluminación a través de dos rosetones, uno en la fachada occidental y otro sobre el arco que da acceso al ábside y mediante ventanas abiertas en cada uno de los tramos de la nave y en el ábside.

Del exterior de la iglesia destaca su aspecto de fortaleza, justificado por su situación estratégica junto al río Miño y por estar destinado a ser castillo de la Orden de San Juan al mismo tiempo que su iglesia. Así, presenta una torre en cada uno de los ángulos de la nave, comunicadas entre sí mediante un paseo de ronda que circunda el perímetro de la nave y que, al igual que las torres, lleva un remate almenado.

El carácter sólido y severo de las líneas arquitectónicas contrasta con la riqueza decorativa de sus tres portadas: la principal a los pies, en la fachada occidental, y otras dos abiertas al norte y al sur en el cuarto tramo de la nave.

El edificio se comenzó posiblemente en los últimos años del siglo xii o en los inicios del xiii y se acabó en el primer cuarto de esta centuria. Es obra de un taller que con toda seguridad conocía el trabajo del maestro Mateo en la catedral de Santiago de Compostela.

Portadas

La portada principal se compone de tres arquivoltas de medio punto ricamente decoradas: la exterior con arquillos de herradura, con motivos vegetales la intermedia y la inferior recorrida por los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, que tocan instrumentos musicales por parejas o tríos.

Reposan las arquivoltas sobre columnas acodilladas, de capiteles vegetales, y cobijan un tímpano que apoya sobre mochetas decoradas con un ángel y con un demonio; aquél lleva en el centro, encerrado en una mandorla orlada por pequeñas hojas, un Cristo sedente y con nimbo crucífero, cuya mano derecha bendice mientras que su izquierda sujeta un libro que se apoya en la rodilla. Sobre la puerta corre una cornisa de arquillos, sobre canecillos decorados con motivos vegetales y geométricos.

La puerta norte también muestra tres arquivoltas —unas con motivos vegetales y otra con arquillos de herradura— sobre columnas acodilladas con capiteles vegetales y de animales fantásticos (arpías y dragones). Presentan también un tímpano sobre mochetas bastante deterioradas, aunque parece que una de ellas llevaba un ángel.

En el tímpano aparece representada una Anunciación: el ángel, con las alas extendidas, se dirige a la Virgen María, que levanta las manos en actitud orante y escucha absorta las palabras del Enviado; entre ambas figuras surge un brote vegetal con dos racimos, que se ha interpretado como un precedente de las flores y jarrones que normalmente aparecen entre estas dos figuras.

La puerta meridional lleva igualmente tres arquivoltas, también con motivos decorativos —vegetales y geométricos—, que apoyan en columnas con capiteles vegetales y de arpías. El tímpano apoya en mochetas, una con una figura humana deteriorada y la otra con un monstruo que devora a un hombre.

En el tímpano se disponen tres figuras masculinas: la central viste ropas episcopales y se toca con mitra; sus manos se levantan en actitud de oración; la de la izquierda viste con túnica y lleva un báculo; la de la derecha, por último, lleva un libro abierto.

Aunque se ha hablado de la representación de una visión profética del sacerdocio de Cristo, identificando al personaje de la izquierda con David y al de la derecha con un profeta (quizá Isaías), parece más posible que se trate de una imagen de san Nicolás, flanqueado por dos acólitos que llevan su báculo y libro. Sobre la puerta, existe una cornisa de arquillos sobre canecillos geométricos y vegetales.

Iglesia de San Juan o de San Nicolás, en Portomarín. Fachada occidental con rosetón

Paradas en el camino. Etapa 12

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