En la cuarta etapa del Camino de Santiago el peregrino entrará en tierras de La Rioja, y tendrá la oportunidad de visitar importantes localidades y monumentos.
Desde Estella (Lizarra), la bella población navarra en la que concluía la tercera etapa, el caminante alcanzará Torres del Río, de la misma provincia, donde no ha de perderse la iglesia del Santo Sepulcro, una de las construcciones más armónicas del Camino de Santiago. Tras esta imprescindible parada, y después de atravesar la próspera y monumental localidad de Viana, se llega a Logroño, ciudad que en sus orígenes se articuló en torno al camino. El viajero ha de acercarse, sin falta, a las iglesias medievales de Santiago y de Santa María del Palacio. De ahí puede desviarse hasta Albelda, lugar donde se encuentran las ruinas de la fortaleza de Clavijo, cuyo nombre tiene resonancias legendarias de antiguas batallas. Volviendo a la ruta principal, enseguida se divisará Navarrete, a nueve kilómetros de Logroño, con su enorme iglesia de tres naves. Por último, Nájera (donde la colegiata de Santa María la Real se impone con su grandeza) y el monasterio de San Millán de la Cogolla (entre cuyos muros hilvanó sus versos Gonzalo de Berceo) constituyen el colofón de esta poblada etapa del Camino.