El concurso para el Plano Piloto da Nova Capital do Brasil, que se iba a construir en el centro geográfico del país, fue convocado en septiembre de 1956 y al mismo se presentaron 26 equipos de arquitectos y urbanistas. El 16 de marzo de 1957 se hizo pública la propuesta ganadora, que resultó ser la encabezada por Lúcio Costa. El fuerte desarrollo económico que vivía el país en aquel momento, unido a la presidencia del socialdemócrata Juscelino Kubitschek de Oliveira, aupado al poder en 1956, posibilitó el desarrollo de una idea de ciudad nueva, nacida de la nada y en la nada, una idea de ciudad que, no obstante, hundía sus más antiguos propósitos de existencia en el siglo xviii. En general, aquellas propuestas urbanísticas estaban atravesadas por conceptos racionalistas y por una intención de organizar la ciudad por zonas, a cada una de las cuales le correspondería una función específica, residencia, trabajo, ocio, etc., evitando así, o tratando de evitarlo al menos, la disparidad promiscua de actividades que coexisten unas junto a otras. Con ello se intentaba organizar la ciudad, y la vida de sus habitantes, de una manera más lógica que la existente en las ciudades tradicionales, una manera libre de perturbadoras interferencias funcionales, en definitiva, un modo racional, eficaz y cómodo de prever y utilizar el espacio ciudadano de cara a mejorar la vida de sus usuarios.
Paralelamente a estos ideales de orden y geometría urbanística para Brasilia, en el arte surgía el movimiento concretista, nacido al calor del desarrollismo eufórico, y en 1956 y 1957 se celebraba la I Exposición Nacional de Arte Concreto, que pudo ser vista primero en São Paulo y después en Río de Janeiro. Frente a la modernidad clásica de las vanguardias figurativas propias de Brasil, derivadas del cubismo y el surrealismo acentuados por el tropicalismo, el arte concreto se centró en la abstracción, la espacialidad, la geometría y los colores vibrantes, en una síntesis heredada en parte del constructivismo y en parte del suprematismo (Piet Mondrian, Antoine Pevsner, Max Bill, Joseph Albers, Alexander Rodchenko y Kasimir Malevitch son los puntos de referencia). Con ella, y otras muchas actuaciones arquitectónicas y artísticas promovidas por el Estado, el país se esforzaba por sumarse a los países tecnológicamente avanzados y socialmente responsables, pues el arte concreto se planteaba con el positivismo propio de todo arte constructivo, un arte que se ve a sí mismo como un instrumento de construcción de la sociedad. De hecho, el arte geométrico concreto echa sus raíces en la arquitectura racionalista de los años 30, siendo por tanto un arte de naturaleza científica, y cuando se tornó «mecanicista» suscitó la reacción del neoconcretismo, en 1959, «nacido de la necesidad de exprimir», decía el manifiesto de este movimiento, «la compleja realidad del hombre moderno dentro de un lenguaje estructural de la nueva plástica, negando la validez de las actitudes cientificistas y positivistas y recuperando el problema de la expresión».
Aquel objetivo de sumarse a la modernidad fue alcanzado solo a medias por Brasil y se frustró definitivamente con el golpe de estado militar del 31 de marzo de 1964, alentado por el embajador de Estados Unidos en el país, Lincoln Gordon, quien redactó un «plan de contingencia para Brasil» de carácter intervencionista, ante la supuesta «amenaza comunista» apoyada por Cuba o la Unión Soviética.
Maternidad. Detalle.
Agustín Ibarrola
(Basauri, Bizkaia, 1930).
Cruz. Detalle.
Jorge Oteiza
(Orio, Guipúzcoa, 1908-San Sebastián, 2003).
Composición. Detalle.
Manuel Millares
(Las Palmas de Gran Canaria, 1926-Madrid, 1972).