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¿Puede un futbolista romperse un tobillo ajeno?

 

En español la relación de posesión o pertenencia se expresa con el verbo tener o mediante posesivos. Estos últimos sirven esencialmente para situar el sustantivo con respecto a una de las personas que participan en la comunicación.

En función de complemento, sin embargo, es raro el uso de los posesivos para referirse a las partes de cuerpo, es decir, a elementos de «posesión inalienable». Por un principio pragmático de economía, en esos casos el posesivo se percibe como redundante (porque no añade nada) y se usa el artículo:

a) En construcciones reflexivas:

Me he roto la pierna.

b) Con un pronombre indirecto:

Un perro me ha mordido la nariz.

La posesión queda indicada por el pronombre (me, le, te) y por lo tanto, son poco habituales y se perciben como extrañas formulaciones como las siguientes:

Me he roto mi uña. 

Un perro me ha mordido mi nariz.

A mi hijo le han extirpado su apéndice.

¿Te has cortado tu pelo?

No obstante, en ocasiones surgen preguntas inquietantes: ¿Puede un futbolista romperse un tobillo ajeno? ¿Puede ser operado un delantero centro de la rodilla de un compañero?

La respuesta parece obvia. No obstante, en el lenguaje deportivo se observan numerosos casos en los que se ofrece esa interesante información extra por medio del posesivo. Se especifica que la rodilla operada, lesionada o recuperada es exactamente la de su posesor y la de nadie más... y si se especifica ¡por algo será!:

El delantero ya se encuentra entrenando con la selección chilena y aseguró que «mejoró en un 80 %» del golpe recibido en su tobillo izquierdo el sábado último durante el encuentro ante Juventus, por la liga italiana.

Redondo, de baja cinco o seis meses tras una operación en su rodilla derecha.

Schmeichel, operado con éxito de su rodilla derecha.

Batistuta volvió a lesionarse su rodilla izquierda.

El Piojo López será operado de su rodilla izquierda.

Parecería fácil achacarle este uso a la influencia anglosajona, puesto que el inglés utiliza el posesivo ante las partes del cuerpo: I have broken my leg (literalmente: He roto mi pierna). Pero no es imposible que este nuevo uso del posesivo se deba a que, en la vorágine del mercado futbolístico, se considere importante aclarar que, de momento, el comercio de futbolistas se hace con cuerpos enteros. ¡Quién sabe si esta avanzadilla lingüística es un aviso de que en un futuro no muy lejano se traficará con las piernas de los jugadores y será entonces necesario aclarar de quién es el tobillo lesionado o a quién pertenece el pie que con tanta pericia marcó un gol!

 
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