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Los hablantes nos movemos entre dos
tendencias no siempre bien avenidas. Una es la ley de la economía que rige muchos
de los cambios lingüísticos que acaban imponiéndose en las lenguas y otra es el
prurito de corrección. Por una parte, la búsqueda de la facilidad, y por otra parte, la
búsqueda del prestigio social.
La primera tendencia es una especie
de «ley del mínimo esfuerzo», característica del lenguaje humano, y que recibe el
nombre técnico de Economía Lingüística: en cuanto se impone la conciencia de
lo superfluo la mente busca la forma más breve, a condición de que sea compatible con la
claridad.
La otra tendencia, el temor a caer
en el vulgarismo, está igualmente presente en el desarrollo de las lenguas; especialmente
en los medios semicultos. Se identifica un rasgo con el mal hablar y se trata de
contrarrestar sin análisis previo, produciendo un error allí donde no lo había. Este
fenómeno, llamado ultracorrección, ha tenido particular importancia en la
historia del español y es el que tiene lugar cuando los hablantes utilizan formas
erróneas como:
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Inflacción, concrección, discrección, contricción, objección o subjección.
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En español, cuando aparece el grupo
cc, la primera c se pronuncia como en camisa (fonema
/k/) y la segunda c como en cine (fonema /q/). En pronunciaciones
relajadas hay una tendencia a hacer desaparecer la primera c y esta
pronunciación lleva a escribir solamente una c:
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Aflición, convición, satisfación, redación, leción,
correción, direción, perfeción.
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formas consideradas vulgares. En
este momento es cuando se pone en marcha la maquinaria indiscriminada del prurito de
corrección. El hablante identifica la presencia de una sola c con el temido
vulgarismo y añade otra, para volver a lo que percibe como forma culta: cc,
sin caer en la cuenta de que las letras ni son buenas ni malas de por sí (véase el caso
del queísmo y el dequeísmo, en esta misma sección).
El hablante se pregunta entonces:
¿cómo puede saberse qué palabras se escriben con c y cuáles con cc?
La respuesta no es demasiado
difícil: por regla general, se escriben con cc las palabras que proceden de
palabras latinas con el grupo ct. Para saber qué palabras son estas, basta con
observar otras palabras de la misma familia y darse cuenta de que en muchas de ellas ha
permanecido el grupo ct:
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Abstracción
- abstracto |
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adicción
- adicto (que produce
dependencia, dependiente) |
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aflicción
- aflicto |
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conducción
- conductor |
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convicción
- convicto |
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corrección
- correcto |
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dirección
- directo |
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satisfacción
- satisfactorio |
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redacción - redactor |
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lección
- lectivo |
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perfección
- perfecto |
aunque hay algunas excepciones,
simplemente porque no se han formado palabras derivadas: cocción, distracción,
transacción, fricción, succión.
Se escriben con c, por
tanto, las palabras que no proceden del grupo latino ct y cuyos parientes
léxicos no se forman con ct:
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adición
- aditivo (de añadir,
añadido) |
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concreción
- concreto |
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contrición
- contrito |
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discreción
- discreto |
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inflación
- inflacionario |
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objeción
- objeto |
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sujeción
- sujeto |
Hay un caso de vacilación entre c
y cc en el que la Real Academia española considera válidas las dos formas: flácido
y fláccido pero prefiere la primera: flácido. |