De los sus ojos tan fuerte mientre llorando
tornava la cabeça y estava los catando.
(...)
«¡Esto me an buelto mios enemigos malos!»
(...)
burgeses e burgesas por las finiestras son,
llorando de los ojos tanto avien dolor.
De las sus bocas todos dizian una razon:
«¡Dios, que buen vassalo! ¡Si oviesse buen señor!»
Primeros versos del Cantar de Mío
Cid
El juglar o los juglares que pensaron y recitaron
el Cantar de Mío Cid ya sabían que formulaciones como: «De los sus ojos tan
fuertemente llorando», «enemigos malos», «llorando de los ojos», aportan valor
expresivo a la lengua y aumentan la intensidad de su significación; pero no queríamos
hablarles de esta figura retórica llamada pleonasmo, sino de las redundancias
innecesarias que se producen en la lengua escrita, que nada añaden al contenido del texto
y afean el estilo.
Leonardo Gómez Torrego en su Manual de
español correcto enumera una larga lista de redundancias de las que extraemos
algunas:
Bifurcarse en dos direcciones
Casualidad imprevista
Hablar tres idiomas diferentes
Enfermedades patológicas
Coordinadas entre sí
Insistir reiteradamente
Paradigma ejemplar
Peluca postiza
Dar portazos a las puertas
Prever con antelación
Proyecto de futuro
Utopía inalcanzable
Volver a releer...
La verdad es que hemos de decirles que el otro
día un usuario nos envió un mensaje contándonos que había presenciado una acalorada
discusión entre una pareja porque él decía que había entrado dentro de la casa y... a
lo que ella le contestó que siempre hablaba de más...
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