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Fernando Alejo Verdú Pascual nos ha enviado el siguiente comentario, que bien merece,
como tantos otros, el estar en las paredes de nuestro Museo de los horrores:
«Y ¿qué decís de aquellos que hacen hablar a
los muertos? Me refiero, claro, a la utilización de la palabra interfecto
referida a una determinada persona, sin saber que se trata de un cadáver».
Y tiene toda la razón, ya que, según el Diccionario
de la Real Academia Española, interfecto, que procede del latín interfectus,
participio pasado del verbo interficio, que significa matar, es un
adjetivo que se «dice de la persona muerta violentamente, en especial si ha sido víctima
de una acción delictiva».
De este modo, frases como las siguientes, sacadas
del libro de Leonardo Gómez Torrego, El léxico en el español actual: uso y norma,
resultan erróneas, ya que no se ajustan al significado de la palabra. A veces el querer
ser culto mediante el uso de palabras extrañas para la mayoría nos puede llevar
a decir verdaderos disparates (e, incluso, como nos recuerda Fernando Alejo, a hacer
hablar a los muertos):
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Don José murió de
infarto. El cuerpo del interfecto
fue incinerado. |
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Han intentado
detener al sospechoso, pero el interfecto ha huido. |
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