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19691969 Se publica su libro La filosofía americana como filosofía sin más con el que amplía su proyecto filosófico. Por la naturaleza de su pensamiento, descrita líneas más arriba, Zea se ha prestado a discusiones y polémicas. Ellas, en lugar de invalidar su obra, la enriquecen y la dotan de una colorida vivacidad. Desde distintos puntos de vista, su vindicación de la originalidad intelectual americana ha merecido fuertes reparos, pues se ha señalado una cantidad de deudas que Zea tiene con corrientes de pensamiento que él consideraría foráneas. Algunos marxistas como Adolfo Sánchez Vázquez han definido como idealista su noción de conciencia. En efecto, al tomar conciencia de toda la realidad como dependiente, la conciencia —valga la redundancia— se aparta del proceso histórico y se eleva a una región ideal, cuando en rigor la conciencia debería ser un resultado del mismo proceso de liberación, como exige el materialismo histórico. Pensar es hacer y no, según el idealismo, dejar de hacer para poder pensar. Algo similar ocurre con la importancia que Zea da a los efectos prácticos del pensamiento, que es verdadero en tanto contribuya a la lucha por la independencia. Esto es pragmatismo y, mal que le pese a don Leopoldo, de cuño anglosajón. Más evidente es la semejanza de familia con el historicismo de fuente germánica y evocación romántica. La creencia en las unidades nacionales que encierran un modo de pensar propio e incomparable con otras regiones de la humanidad, es la base de las filosofías nacionales del romanticismo, que llegaron a América traducidas al francés desde las remotas fuentes alemanas. Como en el caso del pragmatismo, se advierte que Zea también es un pensador dependiente, al igual que el resto de los pensadores del mundo. Si acaso, lo que su discurso tiene de americano es una determinada capacidad de mezclar, de mestizar aquello que en su origen no se mezcla, pero no porque se trate de nada original ni propio sino, en todo caso, apropiado pero de procedencia extranjera. 19701970 Es nombrado Director General de Difusión Cultural de la UNAM y presidente interino del Consejo Nacional de Difusión Cultural. Asume la dirección de la Revista de la Universidad de México. Zea se mantiene en contacto con la América Latina, pero también con otros ámbitos internacionales: Estados Unidos, Europa, Asia y África. La repercusión de su pensamiento en el contexto americano no deja de suscitar polémicas. Ciertas de las categorías empleadas por Zea han sido igualmente motivo de objeción. Su noción del realismo de la conciencia, capaz de captar la totalidad de lo real, ha sido considerada ingenua, sobre todo desde de la filosofía del lenguaje, que señala la pobreza de la palabra para captar lo real, o la aparición de fuerzas no conscientes que hacen al saber humano y a su efectiva realidad.
19851985 Este año la Universidad Autónoma de México le concede el título de Doctor honoris causa. Recibe, además, la Orden de Andrés Bello de Venezuela y de Alfonso X el Sabio, tras haber obtenido otras distinciones en años anteriores: Condecoraciones de Italia y Yugoslavia (1963), el Sol del Perú (1966), Premio Nacional de Ciencias y Artes (1980), la Orden del Libertador (1982), doctorados en París (1984) y en Moscú (1984). En el plano estrictamente histórico, algunos especialistas —léase: historiadores— han marcado deficiencias, debidas al papel del elemento nacionalista, en las obras de Zea. La mayor es su desdén por la historia colonial mexicana, que ha sido vindicada por algunos —Octavio Paz en Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe— como el momento en que se forja la identidad nacional de una sociedad mexicana distinta de la azteca y de la española, es decir: mestiza. No hay simplemente el choque entre el conquistador y el conquistado, la imposición del vencedor y la aniquilación del vencido, sino un efecto creador que da como resultado la aparición de la sociedad criolla y su cultura peculiar aunque no original, pues no existen en la historia culturas originales. 19881988 Se publica su Discurso desde la imaginación y la barbarie en donde insiste en su primera reflexión en torno a si es posible hablar de una filosofía americana. Tal vez el error epistemológico que ciertos historiadores advierten en Zea sea la confusión entre historia de las ideas e historia a secas. La historia de las ideas eleva el proceso histórico a la vez que lo reduce, en tanto la historia a secas o historia global, hace intervenir todos los factores que se consideren pertinentes al proceso histórico. En su libro sobre el positivismo mexicano, Zea trabajó la relación entre el discurso filosófico y la estructura social, pero luego prefirió remitirse a entidades ideales provenientes del «mundo de las ideas», despegado del suelo de la historia.
Ciertamente, admitir que toda idea es ideología, como sostiene Zea, tiene sus riesgos. Es posible que la ideología esté cristalizada antes de que el individuo la adopte como tal. En este sentido, hay sugestivas coincidencias entre ciertos postulados ideológicos «oficiales» del PRI y aspectos del pensamiento de Zea. Considerar que hay pueblos oprimidos y pueblos opresores exime de considerar que hay clases opresoras y clases oprimidas. Si el opresor se considera extranjero, suprimimos cualquier peligro de que aparezcan, digamos por caso, mexicanos opresores de otros mexicanos. Hacer opresores a unos personajes que siguen incidiendo en la historia mexicana como si no hubieran muerto —Hernán Cortés, Maximiliano de Austria, los invasores gringos— enmascara a otros opresores más cercanos. Por otra parte ¿qué grado de aceptación popular tenían los emperadores y sacerdotes aztecas como para ponerlos como ejemplos de una cultura espontánea y auténtica? 19971997 Se le otorga el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional y Capodistríaca de Atenas (Grecia), de la Universidad de Santiago (Chile) y de la Universidad de La Habana (Cuba). 20002000
El pensamiento de Zea ha recobrado actualidad con el rebrote del historicismo en los estudios culturales y poscoloniales que, provenientes de Inglaterra, han llegado a la América Latina por medio de ciertas universidades norteamericanas. Se ha replanteado el problema de la dependencia cultural, acaso sin advertir el origen de estos modelos. Por otra parte, siempre el pensamiento ha sido interdependiente y deudor de otro pensamiento. Los griegos tomaron de los dorios y los egipcios, los romanos de los griegos, en la Edad Media todos tomaban de todos, los metafísicos alemanes influyeron fuera de Alemania y los empiristas ingleses fuera de Inglaterra. Si no fuera por la romanización de España y la conquista española de América estas líneas no existirían. Por todo ello, nacionalizar el pensamiento suele resultar una empresa inviable. Pensar en América Latina no convierte en latinoamericano el pensamiento. Tal vez hablar de filosofía iberoamericana sea una contradicción en los términos, ya que la filosofía es universal o no es filosófica. Si es sólo iberoamericana será opinión y no filosofía. En cuanto a la independencia del pensamiento, la polémica que en su día sostuvieron Zea y el escritor peruano Sebastián Salazar Bondy es muy ilustrativa. Salazar aceptaba que América Latina era un continente dependiente y que había que poner manos a la obra para invertir el proceso, pero entonces ¿habrá que esperar la independencia real para tener un pensamiento independiente? Porque si dependemos no pensamos con independencia y viceversa. O algo peor: ¿no podremos siquiera pensar sin independizarnos? ¿Nos independizaremos sin pensar? Estas preguntas señalan unas cuantas debilidades en la obra de Leopoldo Zea. Pero también tienen el valor de ser, justamente, preguntas. Nada hay tan filosófico como una pregunta bien formulada. Acaso la historia de la filosofía no sea más ni menos que la historia de unas cuantas preguntas que no acabamos de responder. 20042004 Leopoldo Zea fallece en México. |
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