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Leopoldo Zea

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Después de una infancia difícil, en un país convulso y con un marco familiar de peculiares contornos, Leopoldo Zea recibe una educación formal en la Escuela de los Hermanos Lasallanos y en la Universidad Nacional de México. Paga con su trabajo los estudios superiores. Su natural inteligencia y su aplicación le valen el apoyo de importantes figuras de la cultura en México: su maestro José Gaos, Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas. Con la dirección de Gaos compone en 1942 una tesis doctoral sobre el positivismo mexicano, considerado su mejor trabajo en Historia de las ideas. Es el año en que empieza a colaborar con Cuadernos Americanos, otra fundación de exilados españoles, revista que dirigirá a partir de 1986. Al tiempo inicia su carrera de profesor universitario cuando en 1944 Antonio Caso lo propone para sustituirlo en la cátedra de Filosofía de la Historia en la UNAM.

En 1945 termina la segunda guerra mundial y se abre una era de desarrollo y prosperidad para México que coincide con la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952). A partir de 1945 Zea trabaja en su materia por excelencia: el pensamiento latinoamericano, siguiendo las línea trazada por los precursores argentinos: José Ingenieros, Alejandro Korn y CoriolanoAlberini. Coinciden el apoyo de la Fundación Rockefeller, la universidad de Harvard y el proyecto colectivo coordinado por Silvio Zavala: Historia de las ideas contemporáneas en América. Zea recorre el continente participando en algunos eventos puntuales como las manifestaciones contra Perón en Buenos Aires y la caída de Getulio Vargas en Río de Janeiro. Lo más importante de su tarea consiste en tejer una red de contactos con pensadores de América, con los cuales seguirá elaborando sus estudios durante décadas: Francisco y José Luis Romero en la Argentina, Raúl Roa en Cuba, Danilo Cruz Vélez y Germán Arciniegas en Colombia, Arturo Ardao en el Uruguay, Francisco Miró Quesada en el Perú, Benjamín Carrión en Ecuador, Joao Cruz Costa en Brasil y Mariano Picón Salas en Venezuela, entre otros.

Mientras México exhibe una sostenida estabilidad política, dictaduras y golpes de Estado abundan en otros países del continente. El pensamiento de Zea se va estructurando a partir de sus textos sobre la filosofía hecha en América Latina como reflexión sobre su identidad entendida en tanto conciencia de la dependencia y lucha intelectual por la independencia. Su línea bibliográfica abarca desde Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica (1949) hasta Discurso desde la marginación y la barbarie (1988), pasando por América como conciencia (1953), América en la historia (1957), El pensamiento latinoamericano (1965) y Filosofía de la historia en América (1976). Diversas influencias se registran en su deriva. Gaos lo introduce en la fenomenología y la filosofía de la existencia, Husserl y Heidegger, la sociología del conocimiento de Karl Mannheim, la filosofía de la historia de Hegel, la antropología de Jean-Paul Sartre, la teorías de los valores de Max Scheler, el historicismo de Wilhelm Dilthey y las grandes líneas del pensamiento romántico sobre la identidad nacional y la psicología de los pueblos, que rematan en Oswald Spengler y un libro de larga influencia latinoamericana: La decadencia de Occidente, traducido al español en 1923.

Viajes y tareas institucionales marcan el resto de los días de Leopoldo Zea: el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, el Comité de Historia de las Ideas, la dirección de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (1966), el Seminario de Historia de las Ideas en América (fundado por él en 1947), el Centro de Estudios Latinoamericanos (1966) el Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos de la UNAM (1978), la dirección de Difusión Cultural de la UNAM (1970). En misión de amistad recorre países recientemente descolonizados o en proceso de revolución de África (1964) y Asia (1964). En 1972, salvando sus reticencias respecto del régimen franquista, visita España por primera vez.

Un episodio importante de este periodo es su acercamiento a la vida política durante el sexenio del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964), con su política de desarrollo y sus intentos de democratizar el Partido Revolucionario Institucional, en el cual había ingresado en 1954. Es cuando Zea empieza a colaborar como editorialista de opinión en el diario Novedades (1956). En 1958 funda el Instituto de Estudios del PRI y en 1960 se lo designa Director de Relaciones Culturales. Su paso por la política es entusiasta y termina con una marcada desilusión. El aparato del partido se interpone entre sus proyectos y la base popular que exige una auténtica democracia.

Zea no cesó en sus trabajos editoriales, paralelos a su obra de ensayista. Dirigió las revistas Historia de las ideas en América (1959-1961) y Deslinde (1968-1970), las colecciones México y lo mexicano  y Latinoamérica (1952 y 1978). Recibió incontables premios, entre los cuales el Nacional de Ciencias (México, 1980) y el Gabriela Mistral de la OEA (1987). Presidió en 1985 la Sociedad Interamericana de Filosofía y en 1987 coordinó la participación mexicana en el Quinto Centenario del Descubrimiento.

La obra escrita por Zea es ingente. Sus libros superan el medio centenar y sus artículos, introducciones y prólogos son incontables y están por recogerse ordenadamente. Aparte de su extensión cuantitativa, importa la calidad magistral y polémica de su literatura, pues el campo de la historia de las ideas en América Latina, apenas esbozado cuando Zea empezó sus investigaciones, se ha ensanchado en publicaciones y organismos, hasta constituir un capítulo insoslayable en el día a día cultural del continente.

Leopoldo Zea falleció en el Distrito Federal en 2004.

 

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