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El místico para Zambrano es un verdadero revolucionario que se autodestruye mediante un doloroso proceso de autofagia y da como resultado a la otredad en su interior, a la heterogeneidad que conduce a la divinidad. Claros del bosque presenta, en opinión de Ana Bundgaard, una vuelta atrás en relación a la filosofía de Heidegger ya que los temas centrales del libro revelan la emergencia del ser del ente ante la existencia, al tiempo que se acerca al género literario de la confesión y de la guía, tan frecuentados por Zambrano. Esta obra intenta mostrar cómo crear «claros» en la conciencia para que sucedan visiones de lo que está oculto, o, parafraseando a Heidegger, el ser oculto se hace ver en imágenes y destellos, que han de ser recogidos en unidad por el sentimiento originario. Afirma Zambrano que «El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos». En suma, nos encontramos ante una obra que dialoga con la mística, la filosofía racionalista y la mitología, pero también con la filosofía órfica y gnóstica, y en la que la poesía juega un papel insoslayable como reveladora del ser. |
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