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María Zambrano

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La confesión, género literario y método, obra publicada en México en 1943 y después en Madrid, en 1988, parece ser la génesis de Delirio y destino, por cuanto la memoria y la confesión, dos términos muy próximos a María Zambrano, la llevan a recobrar la unidad perdida y a liberarse, por medio de la rememoración terapéutica, de las contradicciones y las paradojas en las que se halla envuelta en determinado momento de su existencia. En una carta de 1953 a su amiga Rosa Chacel, María Zambrano apunta las dificultades a las que se enfrentó para publicar un libro como Delirio y destino, en cuyas páginas se entrecruzan la historia propiamente personal de la filósofa y la homónima de una colectividad, que como ella, se vio abocada al exilio. María Zambrano le comenta a Rosa Chacel que Delirio y destino no es una novela, sino la historia o el relato de los orígenes de la Segunda República española. Asimismo, le confiesa que la segunda parte de la obra, lo que constituye el Epílogo, son, en sus propias palabras «delirios», unos escritos que Zambrano concibió en París, a los pocos días de la muerte de su madre. De manera que a la historia propiamente dicha, se aúnan los «delirios» o quimeras y sueños personales de la autora.

Se trata de una obra narrativa concebida y escrita en La Habana entre agosto y septiembre de 1952, pero que se publica en 1989, cuando María Zambrano ya había regresado a España. Si bien, a primera vista, se puede reconocer en esta obra una autobiografía de la filósofa, hay que señalar que Delirio y destino es mucho más, puesto que trasciende desde asuntos personales hasta llegar a lo colectivo español e incluso abarca lo europeo. En efecto, la autora se aproxima a la historia en un ámbito tan significativo como el de un continente en guerra, de manera que Delirio y destino se erige en una especie de memoria europea, una memoria ancestral y, al mismo tiempo, en reflexión autobiográfica en la que la autora medita sobre su condición de exiliada, mientras plantea los fundamentos de un pensamiento de corte existencial en el discurrir de su vida.

Delirio y destino presenta una breve franja de rememoración, la que abarca desde 1929 hasta la proclamación de la Segunda República en 1931; este corto período de tiempo pretende descifrar o iluminar las raíces de su vida presente en el nacimiento de esos años de lo que ella denomina un «destino soñado», origen y marca de una identidad que perdura a lo largo de los años, si bien se ha frustrado su realización a consecuencia de la guerra y del exilio. Zambrano centra sus memorias en esos años que aunque breves, le permiten destacar el momento utópico y esperanzado que se vivió en España en la década de los treinta.

En Delirio y destino Zambrano habla del exilio histórico, de sus causas y efectos; pero, ante todo, habla de su propia experiencia como sujeto exiliado, de su desamparo, de su soledad, de sus nostalgias; en suma, de su abandono respecto del país de origen. Es evidente la naturaleza testimonial de las páginas de Delirio y destino, y en este sentido, el libro evoluciona desde lo autobiográfico a lo memorialístico, si bien culmina con la disociación del «destino soñado» por Zambrano (la unidad y la fusión con la colectividad) en dos auroras paralelas, la suya propia y la del país de origen. España. Recordar, hacer memoria, en suma, recuperar, pero sin nostalgia, el pasado para revivir el renacer a la esperanza que sobrevive a la tragedia y a la destrucción es la lección que apunta Zambrano en Delirio y destino.

 

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