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19841984
El alcalde de Vélez-Málaga, Juan Gámez inició un fructífero proceso de acercamiento que culminó en gestiones económicas que facilitaron la estancia de Zambrano en Madrid. Mari Paz fue su asistenta desde el primer día y doña Olga Fano se convierte en su médico de cabecera. 19851985 Mantiene una actividad intelectual incansable, si bien modera sus salidas por Madrid: el Retiro, la Academia de San Fernando, el Hotel Ritz, al lado de su casa, el Instituto de Leganés que lleva su nombre, el barrio de los Austrias y su casa de la plaza del Conde de Barajas son algunos de sus desplazamientos. Participa en el homenaje que el Ateneo de Madrid le tributa a don Alfonso Reyes y pasa el verano en Galapagar, en la casa de unos amigos. Se niega a visitar El Prado, por temor a encontrarlo diferente a lo que ella había conocido en su juventud. 19861986 Publica De la aurora y reedita El sueño creador, además de diversos artículos. Su falta de visión le impide escribir por sí misma, pero siempre encuentra manos amigas que la ayudan y colaboran con ella. Así, Elena Gómez, de la editorial Anthropos, acude a diario a casa de Zambrano para ayudarla en la recopilación y ordenación de sus artículos. La revista Senderos recoge algunos de sus escritos y el 11 de mayo publica José Miguel Ullán una de las muchas entrevistas que le hizo a la filósofa. A la pregunta de si desde su este retiro se atrevía a sospechar cómo estaba España, respondía: «Me temo que no. Pero veo los informativos de televisión con cierta frecuencia y eso me quita la gana de vivir, no ya en España, ni en el mundo, sino en el universo. Es terrible lo feo que está el mundo. No hay un rostro de verdad, un rostro, puro o impuro, pero un rostro. El mundo está perdiendo figura, rostro, se está volviendo monstruoso. Y ahí, hasta San Juan de la Cruz viene en mi apoyo: "La dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura..." ¿Cómo amar a un mundo que no tiene ni presencia ni figura? ¿Cómo hablar siquiera de él? Hay momentos en que se me aparece de inmediato la posibilidad de no volver a hablar nunca». 19871987 En la primavera de este año habló largamente en el servicio de publicaciones del MEC acerca del escritor cubano José Lezama Lima. Comenzó a preparar la publicación de Notas para un método y la reedición de Filosofía y poesía, La agonía de Europa, La confesión y Persona y democracia. Rogelio Blanco fue una persona clave en la gestión de sus publicaciones. Sus primos Mariano e Isaías Tomero se instalaron con ella en Madrid y Iovanna, la esposa de Isaías, cuidó de María hasta su muerte. En su casa de Madrid es investida doctora honoris causa por la Universidad de Málaga. Se constituye en Vélez-Málaga, la fundación que lleva su nombre. Esta institución será decisiva para la tranquilidad económica de Zambrano, si bien desde su vuelta a Madrid, vivía sin premuras económicas, gracias a sus colaboraciones en periódicos y revistas, las publicaciones sucesivas de sus libros y una ayuda del Ministerio de Cultura español. Siempre que su salud se lo permite, su casa de Madrid se convierte en una especie de arca de Noé, donde caben todo tipo de especies. De hecho existe un artículo póstumo que lleva por título «El arca de Noé». 19881988
En otoño le es concedido el Premio Cervantes por un jurado conformado por Jorge Semprún, Rafael Lapesa, Pablo Antonio Cuadra, Emilio Alarcos, Alfredo Bryce, Alfredo Conde, Montserrat Roig, Carlos Fuentes, Juan Manuel Velasco y José María Merino. 19891989 Otra vez empeora su salud, lo que le imposibilita hablar y escribir. Se intentó transcribir con la filósofa un discurso para la recepción del Premio, pero fue imposible y si bien han quedado algunas notas delirantes y magníficas, se pensó que no eran aptas para un acto oficial. De manera que el discurso lo constituye un collage de sus escritos, basados en «Lo que le sucedió a Cervantes» (1955). Un poeta amigo suyo compuso, además, una introducción acorde con el pensamiento y la escritura de Zambrano. Comenzaba con estas palabras: «Para salir del laberinto de la perplejidad y del asombro, para hacerme visible y hasta reconocible, permitidme que, una vez más, acuda a la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias. Gracias por concederme, en esta hora de España y en la Universidad de Alcalá de Henares, la ocasión de haber sido la primera mujer galardonada con el Premio Cervantes. Y gracias, asimismo, por otorgarme la oportunidad de compartir la siempre leal penumbra de algún recuerdo claro, o a lo menos, íntimamente verdadero: el recuerdo de los espacios, pues mal puedo olvidarme de todos ellos; y el recuerdo de las palabras; pues desdecirme de ellas tampoco quiero». Pasado el nerviosismo que supuso la concesión del Premio Cervantes, la agitación de las entrevistas y las visitas oficiales, Zambrano retoma la capacidad para trabajar y comienza a revisar con Rosa Mascarell, quien fue contratada como su secretaria, los escritos que conforman el libro Los bienaventurados, y también, las más de 600 páginas que componían su investigación sobre Los sueños y el tiempo. En octubre, recibe en su casa de Madrid el original de su título académico de Licenciada en Filosofía, de manos de Gustavo Villapalos, rector de la Universidad Complutense. 19901990 Publica Los bienaventurados y deja terminado Los sueños y el tiempo, que sería ya un libro póstumo. Alterna días de lucidez con días de mucho sufrimiento, pues apenas puede sostenerse en pie. Dicta algunos artículos y recompone otros de años anteriores, entre ellos: «El cine como sueño», «Jaime en Roma», «Una parábola árabe», «La recreación», «Una injusticia» e «Impávido entre las ruinas», sobre Manuel Azaña. Su último artículo publicado en vida fue «Peligros de la paz», donde expresa el horror ante los sucesos del Golfo Pérsico. 19911991 Es ingresada en dos ocasiones en el Hospital de la Princesa y a mediodía del 6 de febrero, mientras comía, sufre un ahogo que le produce un paro cardiaco. A su lado, se encontraban Jesús Moreno Sanz, Rogelio Blanco, Fernando Muñoz, Teresa García, Esther Blázquez y Antonio Castellón. Al día siguiente, se traslada su cuerpo a Vélez-Málaga, donde yace entre un naranjo y un limonero en una casita, como ella quiso que se construyera, en el cementerio local. En la lápida se inscribió, por expreso deseo suyo, la leyenda del Cantar de los Cantares: «Surge amica mia et veni». Más tarde fueron trasladados allí los restos de su hermana y de su madre. |
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