|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
Discurso con motivo de la entrega del Premio Cervantes, 1988.
La derrota de la República quebraría su naciente carrera académica expulsándola al exilio. Tras algunos años de docencia universitaria en América (La Habana, México, Puerto Rico, 1940-1953), la pensadora regresa a Europa: primero Roma (1953), Francia (1964-1978), Ginebra (1978-1984), después España (1984-1991). Entretanto había emergido, como se vislumbraba, una gran escritora cuya producción literaria no es hueca, sino una espléndida prosa plena de ideas en la que se entretejen hasta integrarse la claridad conceptual y el lirismo poético. Como ella prescribía de su época, «las ideas han dejado de ser para la vida, y la vida, por el contrario, ha llegado a ser para las ideas». Contra tal estado de cosas propondrá una nueva «razón poética» que supere el intelectualismo puro, sin olvidar la historia. Su vida será un largo peregrinar en busca de la unidad, del equilibrio entre razón y vida, entre filosofía y poesía. Y es que María Zambrano se acerca al humanismo al concebir la palabra como el modo propio de la realización humana. Su obra mantuvo las claves de su contexto cultural: la denominada Edad de Plata española. Para abordarla, pues, es adecuado sumergirse entre las redes de relaciones existentes entre Zambrano y las tres generaciones intelectuales del pasado siglo en España: la del 98, la del 14 de donde procede su maestro José Ortega y Gasset, y la del 27, a la que por edad y amistades más se asocia a la pensadora. Su pensamiento no se circunscribe a género alguno: supera la razón, y se alimenta de poesía, razón e intuición. Es fundamental su carácter precursor y simbólico. Así queda de manifiesto en obras como Claros del bosque, que escribió en Francia, o el rastro estelar de lucidez que dejó en las universidades de México, Cuba, Puerto Rico e Italia. Ella es filósofa cercana al desvelar su interés por la realidad, los mitos y la literatura españoles, especialmente por la poesía, junto a su pensamiento centrado en la relación entre filosofía y estética y filosofía y religión; todo ello se conjuga con una lucidísima y natural capacidad de reflexión y un estilo literario deslumbrante. Platón, Spinoza, Cervantes, Galdós, Unamuno, Nietszche, Antonio Machado, Ortega y Gasset, San Juan de la Cruz, Emilio Prados, Descartes, Cifran, Lezama Lima... y otros, forman parte del universo íntimo de María Zambrano y aportan sabiduría a su alma. José Ortega Spottorno, en un artículo dedicado al sabio Laín Entralgo manifestaba que «las ciencias físicas y matemáticas se apoyan en la razón pura, son racionales, pero el hombre necesita de las ciencias blandas, de la verdad razonable, que son las que en el fondo nos pueden aclarar algo de ese extraño ser que somos los humanos». Necesidad, por tanto, de María Zambrano para iluminar sobre aquello que somos.
Sin embargo, no es menos cierto que, antes de todo eso, María Zambrano sufrió un largo y doloroso exilio, y que por estas circunstancias ella tuvo que vivir sucesivamente en ciudades como París, México, La Habana, Puerto Rico, Roma y Ginebra, antes de volver a pisar suelo español en 1984. Pero paradójicamente hoy la enseña de la filosofía española contemporánea es una mujer que consiguió reconciliar armónicamente pensar y ser. |
|||
|
|
|||
|
| Portada del CVC | Centro
Virtual Cervantes |
|||