Después
del éxito de La Atlántida, el poeta catalán cambió radicalmente de registro y
dos años más tarde, el 1879, dio a conocer un importante libro de poesía religiosa: Idilios
y cantos místicos (Idil·lis i cants místics). Menéndez Pelayo, en carta a
Verdaguer del 2 de julio de aquel año, escribía con entusiasmo que «con decir que lo
prefiero a La Atlántida, está dicho todo», para terminar asegurándole que «lo
tengo por el primero de los actuales poetas de nuestra Península». El volumen, que
contó con un prólogo del maestro de Menéndez, Manuel Milà i Fontanals, fue traducido
en poco tiempo por José María Carulla, publicista catalán residente en Madrid, donde
dirigía la revista católica La Civilización. Carulla, que realizó su trabajo en
unos tres meses, editó su versión aquel mismo 1879 en Madrid (Imprenta de Antonio Pérez
Dubrull). El trabajo precipitado y la insuficiente habilidad de Carulla provocaron duros
juicios críticos de la prensa madrileña. Así, el periódico La Fe,
afirmaba que, al lado de poesías que conservaban las bellezas del original, otras
resultaban «deslucidas, por ser los versos duros o mal acentuados, que producen muy
desagradable efecto al oído del lector». Coincidía en severidad el barcelonés El
Correo Catalán, que atribuía los defectos de la traducción a haber intentado
Carulla «mantener los mismos metros del original», con lo que de aquél sólo se
reconocía la versificación, pero no los contenidos y los valores poéticos de Verdaguer.
Muchos de los poemas de los Idilios fueron reproducidos con profusión, sobre todo
en la prensa católica, ya sea en catalán y castellano, o sólo en versión castellana,
tanto en la traducción de Carulla como en otras realizadas al efecto por traductores poco
o nada conocidos.La obra volvió a ser traducida y publicada en 1908 por Francesc Badenes Dalmau dentro de la «Colección de las obras de Mosén Jacinto Verdaguer con sus versiones castellanas», un proyecto del que salieron sólo unos pocos volúmenes, editado en Barcelona por Joseph Agustí (Librería Científico-Literaria). Y nuevamente, en una selección, traducida por el valenciano Luis Guarner, el traductor más competente y constante de la obra de Verdaguer al castellano en el siglo XX, como veremos. La versión de Guarner apareció el año 1965 en Salamanca, en la benemérita «Biblioteca Anaya», en edición bilingüe. El año 1970, J. F. Vidal Jové publicó una nueva traducción en verso, completa, dentro del volumen Poesía mística (Barcelona, Ediciones Zeus), que contiene también obras de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.De los dos siguientes libros verdaguerianos, Cançons de Montserrat y Llegenda de Montserrat, ambos de 1880, únicamente este último fue vertido al castellano. Y lo fue por José María Carulla, el traductor de los Idilios, contando igualmente con el mismo editor, el madrileño Pérez Dubrull. Carulla publicó primero los cantos II, III, IV, VI, VII, X y XII en la revista madrileña La Civilización (tomos 24-26, 1880), ya citada, y por ello estampó directamente la mención de «segunda edición» en el volumen aparecido en 1881. Tampoco fue traspuesto al castellano el siguiente libro verdagueriano, Caritat (1885), colección de poesías dispersas o inéditas que el poeta editó a beneficio de los damnificados en los terremotos de Granada y Murcia de ese año. A continuación publicó Verdaguer su otra gran epopeya, Canigó (1886, aunque aparecida a finales del año anterior). El escritor valenciano Constantí Llombart emprendió la tarea de verter este poema al castellano poco después de que apareciera en catalán. La traducción, en verso, tenía que llevar un prólogo de Teodoro Llorente y ha quedado inédita. Llombart, que contó con la aprobación de Verdaguer a su trabajo, publicó algunos cantos en la prensa valenciana del momento. La primera traducción completa de la epopeya catalana se debió al escritor e historiador toledano Jerónimo López de Ayala y Álvarez de Toledo, conde de Cedillo y vizconde de Palazuelos. El libro (Madrid: Imp. de Fortanet, 1898), en lujosa edición, contiene 12 láminas fuera de texto y diversos dibujos intercalados, así como una cubierta modernista, dibujada por Arija. La versión de López de Ayala es en verso y en prosa alternativamente; lleva un prólogo del traductor y dos cartas, a modo de prefacio (de Menéndez y Pelayo a Verdaguer, del 25 de enero de 1886, y de Verdaguer al traductor, de octubre de 1897) y tres apéndices: «Una excursión al Canigó y a los valles del Conflent», «Traducciones del poema» y «Bibliografía rosellonesa». La prensa acogió en general de manera elogiosa las versiones del conde de Cedillo. Es de notar, sin embargo, que en el semanario La Creu del Montseny, que dirigía Verdaguer, en el número del 3 de diciembre de 1898, en una crítica anónima, de tono laudatorio global, se juzga negativamente la traducción del último canto, lo que justifica el articulista por las dificultades métricas y conceptuales del original. Muchas décadas más tarde, Canigó volvió a ser vertido al castellano: el 1967 en Bilbao, por la Editorial Vasco-Americana, en adaptación anónima en prosa para público infantil; el 1981, en Valencia, por la Editorial Prometeo, a cargo de José Puchades Segarra, y, finalmente, el 1988, traducido en verso por Maria Parés Grahit, con un prólogo de la escritora Maria Àngels Anglada, dentro de la colección «Biblioteca de Cultura Catalana», que editaban conjuntamente la madrileña Alianza Editorial y la barcelonesa Enciclopèdia Catalana.
De la autoantología Pàtria (1888), el siguiente libro del escritor de Folgueroles, se publicaron en la prensa muchos poemas sueltos en traducción castellana, pero no se tradujo el libro. Sí que fue traducida, en cambio, la nueva obra aparecida en 1889, el Dietari dun pelegrí a Terra Santa, el primer libro en prosa de Verdaguer. Se encargó de ello el valenciano Constantino Llombart (autor, como hemos visto, de una versión inédita de Canigó) y fue publicado en la «Biblioteca Selecta» del editor valenciano Pascual Aguilar, sin indicación de año (es de 1892), con un ligero cambio en el título: Diario de un peregrino a Tierra Santa. Ya en el siglo XX, se produjo una nueva traducción, de Dolores Serra Bartrina (que sí mantuvo Dietario), publicada en Barcelona (Ed. Atlántida, 1941, «Colección Colibrí»), que contiene, además, las ilustraciones originales de Andreu Solà que se estamparon en la edición catalana de 1889. |
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