En 1877 Verdaguer obtuvo un triunfo extraordinario al ganar en los Juegos Florales de Barcelona un premio especial con la epopeya La Atlántida, lo que lo convirtió en el escritor más importante de Cataluña. El éxito de esta obra, cabe recordarlo, no fue sólo el triunfo individual de Verdaguer, sino también de todo el movimiento literario de la Renaixença, que conseguía de este modo su primer hito emblemático. Hay que tener presente que, en aquella época, estaba profundamente enraizado el criterio de que una literatura, para que pudiera ser tenida en cuenta en el conjunto de las literaturas cultas, debía contar con una epopeya, con una gran epopeya. Y Verdaguer la compuso. A partir de ese momento, el poema verdagueriano fue algo más que un poema y se convirtió en un elemento de orgullo para las letras catalanas. Un orgullo que se afianzó con la traducción de la epopeya del escritor a varias lenguas europeas y con el reconocimiento de su valor por la crítica dentro y fuera de nuestras fronteras. En definitiva, Verdaguer alcanzaba el carácter de gloria catalana y, es preciso no olvidarlo, también de gloria española.
Paralela a esta versión en prosa de Palau, también en 1878, apareció en Barcelona una traducción en verso, reeditada ese mismo año, por el político y abogado José María Despujol y de Dusay. Basada en la edición no definitiva de la epopeya verdagueriana de 1877, cabe calificarla de «pirata». El poeta la desautorizó y la crítica la juzgó muy duramente. Joan Sardà consideraba, por ejemplo, que la «novicia pluma de Despujol» había hecho una versión «con más buena voluntad que éxito». La tercera traducción de la epopeya atlántica se debió al crítico, profesor e historiador granadino Francisco Díaz Carmona. Apareció primero en entregas en la revista madrileña La Ciencia Cristiana (1883) y luego en libro (Madrid: Gutemberg, 1884). La traducción, que duró varios años, se acompañó de un meritorio estudio literario de La Atlántida. El poeta catalán aprobó la versión de Díaz Carmona, que elogió de manera encendida (carta del 27 de octubre de1883). A pesar de ello, la traducción del escritor granadino no está exenta de algunos problemas, que comprometen gravemente el resultado. Así, el alejandrino del original es sustituido por una gran variedad de metros castellanos, lo que, como observa Ricard Torrents, «desnaturaliza el poema hasta tal punto que el resultado es otro poema y no el que compuso Verdaguer»; además, continua diciendo Torrents, «Díaz Carmona incurre en omisiones, incluso de estrofas enteras, en reducciones y ampliaciones que comprometen severamente el texto original» (Introducción a Jacint Verdaguer, La Atlántida, Barcelona, Planeta, 1992).
La última edición bilingüe de LAtlàntida ha sido realizada en Barcelona (Editors, S. A., 1995), reproduciendo la de 1878 que contiene la traducción de Palau. Se trata de una publicación dirigida a un hipotético «gran público» (cubierta llamativa, abundantes ilustraciones interiores, precio módico), que poco favor hace a Verdaguer al utilizar un texto que no es el definitivo y una versión castellana que hoy sólo puede tener interés para los especialistas. Añadamos que existe también una adaptación en prosa, dirigida al público infantil, de José Miguel Velloso, editada en Madrid por Aguilar en 1962. |
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