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Sin lugar a dudas ningún escritor en catalán ha obtenido la proyección
hispánica de Jacinto Verdaguer (1845-1902). Al menos, hasta mediado el siglo XX. Ahí
están, para certificarlo, una estatua en el Retiro madrileño, un billete de banco de 500
pesetas o un sello con su efigie, honores más bien singulares para un poeta catalán y
catalanista. O la atención continuada que obtuvo de lo mejor de la crítica española
coetánea (Milà i Fontanals, Menéndez Pelayo, Manuel de la Revilla, Clarín, Luis
Alfonso, Emilia Pardo Bazán, Teodoro Llorente, F. B. Navarro, Blanco García, Miquel i
Badia, Ramón D. Perés, Joan Sardà, Josep Yxart...). Y, como broche de oro, la gran
epopeya verdagueriana inspiró la Cantata escénica de La Atlántida, de Manuel de
Falla, que dejó inacabada y que, completada por su discípulo Ernesto Halffter, se
estrenó con gran éxito en 1961. Sin embargo, son las traducciones de sus libros al
castellano lo que en buena medida puede dar una idea más cabal de la difusión hispánica
de la obra verdagueriana. A ellas, de manera sumaria y limitados a las que tienen formato
de libro, dedicaremos las líneas que seguirán. |
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