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19161916
En marzo se publica su primer libro de poesía, La inquietud del rosal, con prólogo de Juan Julián Lastra. La recepción del libro por parte de la crítica no tuvo gran repercusión pero en algunos críticos causó indignación: en esos años no era nada común que una mujer se atreviera a expresar sus deseos, menos aún abierta y públicamente; eso era algo que se debía silenciar, ocultar, reprimir. Tampoco fue bien visto que exhibiera su condición de madre soltera sin complejos, como lo hace en su poema «La loba». La misma Alfonsina, en un testimonio publicado alrededor de septiembre en la revista El Hogar, hace referencia a la represión social que recibía la mujer cuando expresaba sus inquietudes y cómo esta era instada a serenarse cuando se pasaba de los límites. Un comentario más positivo apareció en el número 83 de la revista Nosotros. La reseña era de media página y estaba firmada por Nicolás Coronado, quién juzgaba al libro como una promesa y como el resultado de un alma sensible y emotiva. Aunque señaló sus fallas, también las disculpó al referirse a la inexperiencia de su autora: «En definitiva... es el libro de un poeta joven y que no ha logrado todavía la integridad de sus cualidades, pero que en lo futuro ha de darnos más de una valiosa producción literaria».
Alfonsina también sufrió su primera decepción literaria: Leopoldo Lugones, «el poeta nacional», no le contestó ni una de las cartas que ella le envió, ni accedió a dedicarle un comentario. A partir de entonces, la relación entre ambos fue complicada y muchos aseguran que se debió, en parte, a que el poeta era receloso de posibles rivales, mucho más si se trataba de una mujer.
El 9 de mayo de 1916, asiste a su primera comida de escritores, en compañía de su amiga Carolina Muzzilli. Esta comida estuvo organizada por la revista Nosotros con motivo de la publicación del libro de Manuel Gálvez, El mal metafísico. La comida se
celebró en el restaurante Génova, ubicado en la calle Corrientes esquina con Montevideo, y entre los asistentes estaban: Alberto Gerchunoff, autor de Los gauchos judíos (1909); José Ingenieros, psiquiatra socialista y de profundas ideas filosóficas, quien llegará a convertirse en uno de los mejores amigos de Alfonsina; Roberto F. Giusti y Alfredo A. Bianchi, fundadores de Nosotros; y el librero Balder Moen. Por medio del grupo en torno a la revista Nosotros, Alfonsina conocerá también a Horacio Quiroga, con quien no sólo compartirá una cercana amistad sino también una relación sentimental. A partir de esta primera comida, Alfonsina se convertirá en la primera mujer miembro de los cenáculos literarios de Buenos Aires.
A mediados de ese año, pierde su empleo en Freixas Hermanos; sin embargo, empieza a colaborar con varias revistas: El Hogar,
Mundo Argentino y Atlántida.
Por esta época, su extenso poema Canto a los niños —dividido en «En la cuna», «La risa de los niños», «Los niños rubios», «Los niños pálidos», «Los niños muertos» y «Exhortación»— fue seleccionado como ganador del concurso literario convocado por el Consejo Nacional de Mujeres. Alfonsina había participado con el seudónimo de Piéridas, es decir, «las musas». Durante la 9.ª Fiesta del Libro, organizada por la Biblioteca del Consejo Nacional de Mujeres y celebrada el 30 de noviembre de 1916 en el Teatro Coliseo, se le otorgó el primer premio: 655, 55 pesos, donados por el Jockey Club. Puesto que en ese momento Alfonsina carecía de un empleo estable, este premio parecía caerle del cielo. Canto a los niños fue publicado en La Nota en diciembre de 1916.
Otro de los poemas de esta época es «Por los niños que han muerto», un verdadero anatema a las atrocidades de la Primera Guerra Mundial. Las noticias de horror y barbarie que llegaron a Argentina desde Europa, conmovieron profundamente a Alfonsina: «¡Jesús, Jesús, Jesús, desciende del madero / Y ven hasta la tierra, esclavo del martirio / Que en los campos se cuaja la sangre y el delirio / De matar, acicate al infeliz obrero! /.../ ¿En dónde estas Jesús? Levántate, ilumina: / Hecho Dios, hecho hombre, o leyenda divina. / Que no muera tu soplo; poco importa que sea / Una vana mentira el mártir de Judea. / Sólo importa el ideal, ¡que no muera el ideal! / Matemos a la espada con su fuerza inmortal. / ¡Arriba! ¡Con la insignia del Cristo maculado! / Por los niños a quienes el cañón ha matado». El poema apareció por única vez en el periódico La Acción, perteneciente al Partido Socialista, el 6 de mayo de 1916.
19171917
El 12 de junio, el periódico La Idea organiza, en el teatro Minerva del barrio de Flores, el primer homenaje público a Alfonsina. Ese mismo mes vuelve a la docencia como maestra del colegio Marcos Paz, fundado por la Asociación Protectora de Hijos de Policías y Bomberos.
19181918
En abril aparece su segundo libro, El dulce daño. Alfonsina todavía se ajusta al «poema de amor» que en esos años prevalece en la escritura femenina, pero también inventa una temática que arrastra una ironía mordaz. Precisamente una de las innovaciones de este libro consiste en que su autora juega con lugares comunes y tópicos femeninos. En varios poemas, Alfonsina expresa sus frustraciones con estos estereotipos. «Tú me quieres blanca» fue uno de los poemas de El dulce daño que más acogida tuvo entre las jóvenes y pronto se convirtió en el favorito de las recitadoras. Incluso, hasta el día de hoy, es uno de sus poemas más citados. En él, Alfonsina hace eco de la célebre redondilla de Sor Juana Inés de la Cruz, «Hombres necios, que acusáis...», en la que se cuestionan las pretensiones de pureza y virginidad de los hombres con respecto a las mujeres.
También continúa escribiendo prosa; en la revista Hebe publica Cinco cartas.
19191919
Entre enero y febrero de 1919, sale a luz su tercer poemario, Irremediablemente, y se hace cargo de la sección «Feminidades» (después «Vida femenina») en La Nota. Publica en Hebe una novela corta de tintes melodramáticos titulada Una golondrina, que forma parte de la serie Cinco cartas.
A partir de 1919, se vuelven más frecuentes las invitaciones para recitar sus poemas y disertar sobre diversos temas literarios; suele hacerlo en locales socialistas, modestas salas de teatro y bibliotecas de barrio. Eran muchas las mujeres que acudían a escucharla, la mayoría de extracción popular o de clase media; se sentían identificadas con estos poemas escritos en un lenguaje casi cotidiano, aunque de temas viscerales y fuertes, que se les quedaban grabados fácilmente en la memoria.
En enero viaja a Montevideo a dictar una conferencia en la universidad sobre Delmira Agustini y a leer poemas de Delfina Bunge de Gálvez, que Alfonsina había traducido del francés al castellano. En noviembre se publica Languidez, que recibe el Primer Premio Municipal y el Segundo Premio Nacional de Literatura. Asimismo, comienza a escribir una columna en La Nación bajo el seudónimo de Tao Lao donde, con ironía, esboza una tipología de las actitudes nocivas que adoptaban las mujeres de la época. Desde este espacio, las instó a que demostraran sus aptitudes como seres pensantes y a que rompieran los tópicos que durante siglos han recaído sobre ellas. En varios artículos de estos años Alfonsina se refiere con preocupación a la situación de la mujer y enuncia sus creencias feministas.
Ese año recibe una buena noticia: el 9 de noviembre finalmente
se le concede la ciudadanía argentina; en el acto de concesión actúan de testigos sus amigos Emilio Centurión y Julio Noé. Hay que recordar que, en el caso de las mujeres, la tarjeta de ciudadanía representaba solo un documento simbólico: todavía carecían de derechos civiles y políticos.
Alfonso Depascale traduce al italiano una selección de su poesía y la reúne en un libro titulado Poesie scelte di Alfonsina Storni. Primi saggi de traduzione della grande poetessa argentina.
19211921
En abril empieza a trabajar en la Escuela de Niños Débiles del Parque Chacabuco. Por entonces también participa con intensidad en las reuniones literarias del grupo Anaconda, celebradas en el estudio del acuarelista Emilio Centurión. Con tantas actividades, Alfonsina comienza a sentirse cansada, deprimida y nerviosa; así, se inician sus reposos anuales en Los Cocos (Córdoba) y Mar del Plata.
En diciembre de 1921, en la revista Cosmópolis de Madrid, Jorge Luis Borges publica un artículo titulado «La lírica argentina contemporánea», en el que se refiere con desdén a la poesía de Alfonsina. Borges, quien por entonces abraza con fervor la nueva estética vanguardista, no tiene afinidad con el estilo de Alfonsina, quien en ese momento todavía imita formalmente
el modernismo con retoques del tardorromanticismo. Esta aversión por parte de la generación de escritores jóvenes, afectará a Alfonsina.
19221922
Comienza a impartir clases en el Teatro Infantil Labardén.
19231923
Se crea para ella una cátedra de declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas. Para entonces Alfonsina es una escritora popular, reconocida y leída por un público cada vez más numeroso.
19241924
Su éxito literario se concreta cuando es publicada en España en 1924; la editorial Cervantes de Barcelona, dentro de su colección «Las mejores poesías de los mejores poetas» edita una antología que recibe una amplia difusión y es comentada por la crítica hispánica muy favorablemente. Asimismo, el filólogo jesuita, Julio Cejador y Franca, la incluye en el tomo
XIII de su Historia de la Lengua y Literatura Castellana, publicada en Madrid, en la que no solo comenta las obras de los autores seleccionados sino que también agrega textos autobiográficos. También es ampliamente conocida en Chile, Uruguay, México y otros países hispanoamericanos.
19251925
El 29 de enero se celebra, gracias a su iniciativa, la primera Fiesta de la Poesía en Mar del Plata. En mayo publica uno de sus libros más elogiados, Ocre, donde el tono modernista empieza sutilmente a ser sustituido por uno más original. En este poemario, sus autorretratos destacan por ser menos sentimentales y más «cerebrales» e irónicos.
19261926
Comienza a dar clases de arte escénico en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación y por las noches imparte clases de castellano y aritmética en la Escuela de Adultos Bolívar. Se une al grupo de La Peña —liderado por el pintor Benito Quinquela Martín— que celebra sus eventos artísticos en el mítico café Tortoni, donde suelen reunirse reconocidos intelectuales, escritores y artistas. Por esta época establece una estrecha amistad con la poeta chilena Gabriela Mistral.
En septiembre, publica Poemas de amor, su primer libro de prosa poética y que ha sido prácticamente marginado por la crítica y el público. Los temas de este eran los mismos que había venido tratando en sus anteriores poemarios —enamoramiento, decepción— aunque carecen de la fuerza del verso. El libro relata las etapas de un romance, desde que se inicia hasta que se acaba y tiene, por lo tanto, dos protagonistas: la narradora y el hombre amado. Este libro breve e íntimo fue reeditado en tres ocasiones y fue traducido al francés por Max Daireaux. Antes de este libro, Alfonsina ya había publicado en La Nota, en 1919, otros poemas en prosa: «Poemas breves» y «Poemas». El estilo de algunos de estos, recuerdan a relatos folclóricos y tradicionales ya que adquieren un tono de leyenda. Sin embargo, en abril, había aparecido en La Nación su relato «Cuca en seis episodios», donde ya se advierten sus búsquedas estilísticas y sus coqueteos con la vanguardia.
Entre 1926 y 1928 se empiezan a realizar los primeros esfuerzos por crear la Sociedad Argentina de Escritores, siguiendo el ejemplo de la que en 1907 había fundado Roberto Payró.
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