|
| Como punto de partida, conviene
señalar que Billy el niño, protagonista de la novela de Sender (1965), ha merecido una
copiosa bibliografía que abarca narraciones ficticias, ensayos e incluso memorias como
las hilvanadas por Pat Garrett, agente de la ley, aventurero y ejecutor de Billy. En la
generalidad de los casos, estas creaciones se caracterizan por lo que comúnmente llamamos
folclore del Oeste americano. Esto puede verse con mucha claridad al observar la actitud
del cine frente a la memoria épica del personaje, un tono que también se advierte en
canciones e incluso en obras orquestales como el famoso ballet de Aaron Copland. |
 |
En la persona de Billy se encuentran los grandes
tópicos del melodrama y las múltiples fantasías que frecuenta el folletín aventurero.
Como los bandoleros andaluces y otros héroes de romance, el joven pistolero sufrió las
injusticias de la segunda mitad del siglo XIX. Empujado al peligro tras ser acusado
injustamente de robo, fue cuatrero antes de unirse al grupo del ranchero inglés John
Tunstall, y con esa compañía, participó en la guerra del condado de Lincoln, durante la
que se decidió parcialmente el control de la tierra en Nuevo México. Todo este cúmulo
de antecedentes queda enriquecido con su etapa como ladrón de ganado y en particular, con
la tragedia de su muerte, a manos del sheriff Garrett.
La novedad propia de la recreación senderiana es
que lo hispano desempeña un papel esencial en el desenvolvimiento del relato. Entre otros
autores, lo resalta el profesor Juan Espadas en su artículo «El lugar de El bandido
adolescente en la mitología de Billy the Kid». A juicio de Espadas, uno de los
motivos por los que el escritor se interesó en el personaje «es porque en siete
ocasiones diferentes en sus viajes por Nuevo México le enseñaron un cráneo de Billy».
El carácter más acusado en este nivel es que dicho aventurero, como muchos otros
anglohablantes en aquel periodo, «hablaba bien el castellano neomexicano y parece que se
dirigió a Pete Maxwell en castellano antes de su fatídico encuentro con el colt
de Garrett. Es igualmente verídico que los mejores amigos y más ardientes defensores de
Billy eran los neomexicanos». Nos encontramos, pues, al final de la larga evolución del
género del Oeste el llamado western en inglés, cuyos frutos
cinematográficos y literarios conforman una épica que, gracias a Sender, comienza a
tener color sureño, costumbres mejicanas y aire hispano.
No se trata de un folclore exótico y postizo,
como el que ideara el escritor Johnston McCulley en los folletines de «El Zorro», sino
un verdadero mestizaje, realista y ceñido a los hechos, guiado por direcciones muy
oblicuas del cordel cultural de Nuevo México. En este estadio, el acierto de Sender es
claro, pues, como indica Espadas, «va mucho más allá que cualquier otro biógrafo o
historiador, llegando incluso a hacer a casi todos los personajes semihispánicos: Billy
mismo, a quien su madre le recordaba que como irlandés tenía sangre hispana» (en Ara
Torralba y Gil Encabo, eds., El lugar de Sender, p. 549).
Más avanzado el análisis, y teniendo en cuenta
las oscilaciones vividas por el personaje en el transcurso de su vida, no se oculta el
sentido de la acción que refleja Sender. Porque El bandido adolescente es una
excelente novela de aventuras, rítmica y llena de lances inesperados, que se nutre de
peripecias inauditas sin perder en ningún momento su rigor histórico. El lector que
dispone de sus páginas puede imaginar un Oeste destinado a proporcionar evasión, y
también, alejando el tópico, zambullirse en un periodo tumultuoso, entrecruzado de
lenguas y culturas, cuyos habitantes indican cierta sintonía con las razones morales de
nuestro tiempo.
Mediante una prosa eficacísima, amena como
pocas, Sender encara las correrías de Billy teniendo en cuenta los mecanismos
gratificadores que se advierten en las buenas novelas de aventuras. Pero a este héroe de
masas, lanzado al crimen por vengar un insulto a su madre, también lo refleja más allá
de la leyenda, destacando la hondura de sus crisis y el significado profundo de su
personalidad. |