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Es necesario
ver personalmente todo esto para advertir hasta qué punto la construcción
revolucionaria en Rusia no sólo podrá ya nunca retroceder, sino ni siquiera
estacionarse. El obrero, el soldado y el campesino tienen un instinto de creación
formidable. Desde España parece que es la iniciativa del partido comunista quien lo hace
todo. Aquí se ve con cierta sorpresa que el partido comunista no tiene otra misión que
encarrilar la capacidad constructiva de las masas. El partido está en una posición que
se podría llamar «de servidumbre».
Tomado de Madrid-Moscú: Notas de viaje
(1933-1934), Madrid, Imprenta de Juan Pueyo, 1934, pág. 129 [Reproducido en Antonio
Elorza, «Ramón J. Sender, entre dos revoluciones (1932-1934», en El lugar de Sender.
Actas del I Congreso sobre Ramón J. Sender, ed. por Juan Carlos Ara Torralba y
Fermín Gil Encabo, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses; Zaragoza, Institución
Fernando el Católico, 1997, pág. 80]
Lenin fue un aventurero genial. Los que han
venido después, en Rusia, son sólo sus aprovechados secuaces que cuidan de mantener los
privilegios del partido haciendo uso de tres elementos accesorios y fungibles en los que
nadie cree: la fuerza, la fuerza y la fuerza.
Tomado de Toque de queda,
Barcelona, Plaza & Janés, 1985, pág. 222. |