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Ilustración de José Luis Cano—¿Qué le parece a usted México? [...] Diga la verdad —me animaba S.T.—. La primera reacción de los mexicanos con nosotros ha sido: cuidado. Éstos escriben el nombre de nuestro país con jota y no con équis. Estrechemos filas. Homenaje a la bandera. Nacionalismo. Cuautemoc el héroe y Cortés el enemigo. No me extraña. Motivos los tienen. La vida nacional hoy por hoy es en México un melodrama bastante deshilvanado porque no han tenido tiempo para estructurar la nación todavía. Su historia es corta, aunque ancha. Yo quiero a México, sin embargo, tal como es, con su Cuautemoc fraudulento. ¿Se ha dado cuenta del fraude de ese Cuautemoc? Todos lo exaltan, pero es una figura que no es genuina, es una personalidad legendaria muy desnaturalizada. Cortés es un hombre. Moctezuma también. Hasta el viejo cacique de Tlascala, gordo y cojo, lo es. Cuautemoc a fuerza de acumular perfecciones se ha convertido en un tipo irreal y deshumanizado. Nosotros los españoles no gustamos de esos caracteres efemeridescos [...] ¿Es que ve usted claro en los demás tipos mejicanos? Digo, en la historia. Yo no, aparte de Benito Juárez. No. Y todavía la integridad de Juárez depende de la necesidad de defender su país contra los españoles, lo que tiene mucho mérito pero no revela singularidad de carácter.

Yo pensaba que la originalidad no debía representar una preocupación capital en hombres como Benito Juárez. Él iba a lo suyo, es decir a establecer alguna clase de justicia histórica. Eso le dije a S.T., quien se puso de pie, se acercó a la ventana [...] y mostró una estampa de Juárez en el muro:

—Gran figura —dijo con una especie de entusiasmo contenido—, pero ustedes los aragoneses satirizan con la verdad. Aunque lo que usted dice sea cierto yo quiero a México por encima de todo. [...] Quiero a México como una segunda patria.

—Eso es precisamente lo que no les gusta a los mejicanos... Que los extranjeros que venimos aquí condescendamos a querer al país como una segunda patria. No es mi caso. Yo no me siento extranjero. Soy un mejicano más y unas veces blasfemo contra México y otras lo adoro hasta un extremo para el que no hay palabras adecuadas. Lo mismo me pasaba con mi patria, España. Todos puros o todos hijosdelachingada, pero compartiendo el mismo destino, no se cuál ni me importa.

Tomado de Nocturno de los 14, Barcelona, Destino, 1983, págs. 30-31.

 
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