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Poco
antes de mi viaje a la Unión Soviética, estuve en Andalucía, donde visité Casas
Viejas, aldea en que la República socialdemócrata de España defendía a 3 señores
feudales y asesinaba a 26 campesinos que habían cometido el crimen de querer conquistar
la tierra para trabajarla. Conozco bien el hambre de los campesinos españoles y la
miseria donde se hunde la vida de los obreros de la ciudad española. He luchado con ellos
y con ellos he sufrido persecuciones; por ellos estuve en la cárcel.
Tomado de una carta de Sender
(Moscú, 4-7-1933) dirigida a sus compañeros de la Unión Internacional de Escritores
Revolucionarios y publicada en la revista Octubre, núm. 4-5 (octubre-noviembre de
1933) [Fragmento citado en «El secret, una obra de teatro
revolucionario», Manuel Aznar Soler, Trébede, núm. 47-48, febrero de 2001, pág.
56].
La gente tiene aquí una sensibilidad aguda.
Dicen que por la aristocracia acrisolada del pueblo árabe, pero eso de la sensibilidad
fina y vibrátil es cosa que viene con las recias hambres de tantos años y con la
escrófula y la tisis, el no poder dormir pensando en el mendrugo de mañana y la
esclavitud moral, el desdén y el aislamiento de siglos.
Tomado de Casas Viejas
(Episodios de la lucha de clases), Madrid, Cenit, 1933, pág. 52.
[Citado por José Domingo Dueñas Lorente en Ramón J. Sender: Periodismo y compromiso
(1924-1939), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1994, pág. 279]. |