Recuerdo muy bien a su padre don Antonio, mi padrino que
cuando venía a Alcolea me llamaba a voces antes de llegar a casa y a quien yo salía a
recibir alegre y sorprendido por su visita (era la mejor sorpresa para mí). Yo tendría
entonces cinco o seis años. Lo recuerdo jovial y sonriente, siempre [...]
Aunque estoy muy lejos de Aragón sigo siendo el
aragonés de siempre. Todavía recuerdo cuando íbamos a veces a las fiestas y estábamos
uno o dos días en su casa. Desde una ventana en la cocina se veía la vega del río con
un paisaje muy extenso. El hogar era ancho y profundo, con cadieras a los lados. Y en el
cuarto donde yo dormía había una cómoda con conchas marinas y caracolas que
llevándolas al oído daban un rumor misterioso.
Tomado de una carta de Ramón J.
Sender a don Antonio Villas Español
(22 de octubre de 1969). [Reproducida en parte por Jesús Vived Mairal en
«Tres calas en la biografía de Sender», El lugar de Sender. Actas del I Congreso
sobre
Ramón J. Sender, ed. por Juan Carlos Ara Torralba y Fermín Gil Encabo, Huesca,
Instituto de Estudios Altoaragoneses; Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1997,
pág. 122.] |