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Augusto Roa Bastos

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19471947

En el otoño llega Roa a Buenos Aires. Gobierna el país Juan Domingo Perón, elegido presidente el año anterior. Argentina vive un momento de prosperidad, favorecida por los negocios de exportación habidos durante la Guerra Mundial y el desarrollo de industrias locales que sustituyeron las importaciones bloqueadas por la misma guerra. El peronismo impone una política de empresas nacionalizadas y estatales, diversos reglamentos de protección al trabajador, estímulos al consumo y aumento de salarios y pensiones. Todo ello se cumple bajo un régimen autoritario que acaba con la prensa opositora, ralea las cátedras universitarias, depura la administración y, de hecho, prohíbe toda manifestación pública de partidos disidentes. Mientras afluyen a la Argentina los exilados paraguayos, se marchan del país los exilados argentinos.

No obstante la similitudes entre Perón y Morinigo, la actitud de Roa ante el peronismo es ecuánime. Reconoce que Perón encauza a las masas de los postergados con su demagogia y su carisma, y que una política de asistencia social como la suya es necesaria en la Argentina. No deja de observar que el Gobierno está lleno de arribistas y logreros, y que un elemento fascistoide impregna el proyecto del pacto entre militares y sindicalistas, unidos en un mismo discurso nacionalista de inspiración católica integrista.

En Buenos Aires, Roa se reúne con núcleos de la emigración paraguaya que siguen conspirando contra Morinigo. Recaudan fondos, en parte argentinos, compran armas y las envían en lanchas clandestinas por el río Paraguay. A la vez, Perón hace lo mismo con Morinigo. Roa sintoniza la radio uruguaya El Espectador para seguir la marcha de los acontecimientos, censurada en la prensa argentina. Como se ha visto, la revuelta fracasa y Morinigo se consolida en el poder, aunque por escaso tiempo.Roa Bastos, Buenos Aires, 1970

El exilio se impone. Roa se convierte en un emigrante, uno más de esos payucas o cabecitas negras que llegan a la capital desde las provincias argentinas, buscando mejorar su nivel de vida. Muchos oficios se les presentan, ninguno es el suyo propio.

Roa se emplea en una compañía de seguros, vendiendo pólizas que apenas consigue colocar. Luego pasa a la administración y colabora con la revista de la empresa. Se convierte en dirigente sindical. A la vez, gracias a la amistad de dos paraguayos, el diseñador Andrés Guevara y el poeta Elvio Romero, consigue un trabajo en el diario Clarín. Escribe notas editoriales y corrige pruebas, pero su desatención habitual por la letra y su interés por lo que lee lo comprometen con la dirección y es despedido. Lo mismo le pasa en la compañía de seguros a causa de una huelga.

Debe entonces ganarse la vida a los saltos, vendiendo chafalonías, productos contra los mosquitos en las poblaciones vecinas al río, como camarero en un hotel por horas (albergue transitorio, maison meublée) donde se encuentra con algún escritor conocido y la mujer de otro escritor igualmente conocido, debiendo practicar la disimulación del caso.

Su obra es todavía escasa y su formación como escritor le plantea distancias frente a la narrativa corriente en la América Latina de esos años. Lo describe con estas palabras:

«Lo que no podía soportar ya en aquellos tiempos era el pseudorrealismo naturalista de las novelas ejemplares que infestaron nuestros países y que no podían menos que hacerlo por esa época, sobre todo en las décadas de 1930 y 1940.

Sentía la necesidad de la pulsión mítica de nuestra realidad, del mito genuino, que nada tiene que ver con esos rótulos prestigiosos, inventados por Asturias y Carpentier, entre otros, de lo real maravilloso o del realismo mágico, etc. Gracián, Fournier, Camus, Barret y Faulkner después, entre los gringos, me dieron ese aire que necesitaba respirar».

19481948

Entra en contacto con Ernesto Sábato, quien dicta un cursillo de escritura literaria en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Sábato, ocupado en la edición de su novela El túnel, deja en sus manos la continuación del citado cursillo. Este se retomará en 1963.

Roa Bastos con Jorge Luis Borges.

19521952

Publica en Buenos Aires la versión completa de El ruiseñor y la aurora.

19531953

Publica en Buenos Aires su primer libro de cuentos El trueno entre las hojas.

19561956

Entra a colaborar en la revista literaria Cuenco, luego rebautizada Alcor, dirigida por su compatriota Rubén Bareiro Saguier.

19571957

Roa Bastos con Rómulo BetancourtLo visita en su oficina de la compañía La Continental, el actor Armando Bo, quien le propone un guión de cine sobre algunos de sus cuentos. Inicia su tarea de guionista, que se prolongará, prácticamente, durante toda su estancia en la Argentina. En El trueno entre las hojas, la película de Bo, aparece Isabel Sarli, una estrella del cine erótico Kitsch en los años subsiguientes.

19591959

Gana el Primer Concurso de Narrativa Internacional convocado por la editorial Losada de Buenos Aires con su primera novela conocida, Hijo de hombre, basada en episodios de la Guerra del Chaco. La SADE le otorga la Faja de Honor y la Municipalidad de Buenos Aires el Premio de Letras por esa misma obra.

Roa Bastos con Miguel Otero Silva19601960

Publica en Buenos Aires Hijo de hombre y los poemas de El naranjal ardiente.

19611961

Es nombrado director de la revista Taller literario de la SADE. Viaja a Europa invitado por la Federación Germana de Escritores y el Instituto Iberoamericano de Berlín.

19661966

Publica en Buenos Aires los cuentos de El baldío. Ocurre por esas fechas la eclosión del llamado boom de la literatura hispanoamericana. A él se ha tratado de adscribir a Roa Bastos, como representante paraguayo del grupo. También se lo encuadra en otro movimiento más o menos literario, llamado post-boom. La posición de Roa frente a esta «secta» (sic) es más bien de crítica y distancia, conforme a las siguientes palabras suyas:

«Creo que las estructuras de producción capitalista anexaron a su engranaje ciertas formas del trabajo artístico (como el plástico y el literario, en particular) y que a partir de entonces el autor comenzó a sufrir todas las presiones y deformaciones que el capitalismo suele imponer a sus productos de consumo masivo. Ciertas editoriales abandonaron sus pautas tradicionales y formaron trusts y constelaciones que giraron en torno de los grupos económico-financieros movidos por el gran capital. Para decirlo de un modo más allano, adhirieron a las multinacionales».

Sobre este tema, Roa proyecta una novela irónica, Los congresos, que nunca escribirá.

19671967

Publica dos libros de cuentos: Los pies sobre el agua en Buenos Aires y Madera quemada en Santiago de Chile.

19691969

Publica en Caracas los cuentos de Moriencia.

Roa Bastos en 1970.19701970

El Gobierno paraguayo le permite volver a su país pero a poco de llegar es detenido y expulsado bajo la acusación de ser un «revolucionario marxista».

19711971

Se publican Cuerpo presente y otros cuentos y el libro de poemas El génesis de los Apapokura-Guaraní.

19741974

Publica Yo, el Supremo que la crítica considera su obra más importante y lo sitúa en primer término de la narrativa latinoamericana. Las traducciones y trabajos académicos en diversas lenguas difunden su tarea por distintos ámbitos internacionales.

El 1 de julio muere el que fuera electo en tres ocasiones presidente de la Argentina, Juan Domingo Perón. Le sucede en el cargo su viuda Isabel. La represión se agudiza. Roa publica el libro infantil El pollito de fuego.

19761976

El 24 de marzo un golpe de Estado depone a Isabel Perón y se instaura la dictadura militar conocida como Proceso de Reconstrucción Nacional, que durará hasta 1983. Roa decide emprender un nuevo exilio, esta vez a Francia. Sobre sus años en Argentina dice:

«Realmente nunca me sentí exilado en Argentina, país en que me habría gustado nacer si el Paraguay no hubiera existido. Y Buenos Aires siempre fue para mí y lo seguirá siendo hasta el fin de mis días la ciudad más hermosa del mundo, intemporal, cosmopolita y mágica. Un puro espejismo sobre el vértigo horizontal de la llanura pampeana. No comprenderé nunca por qué Borges se alejó de ella para morir».

19761976

Se instala en la ciudad francesa de Toulouse donde, gracias a los buenos oficios del hispanista Jean Andreu, consigue dictar cátedra de lengua guaraní y literatura latinoamericana. Conoce a Iris Menéndez, con quien tendrá dos hijos.

Roa Bastos con su esposa e hijos19791979

Publica en Buenos Aires el libro infantil Juegos 1: Carolina y Gaspar.

19811981

Publica en Buenos Aires Juegos 2: La casa de invierno-verano.

19821982

Viaja nuevamente a Paraguay para obtener la nacionalidad de su hijo Francisco y registrar a su hija. La dictadura vuelve a expulsarlo y le quita el pasaporte paraguayo. En vista de ello, el Gobierno español le otorga la nacionalidad por méritos especiales.

19851985

En Francia se le otorga el Premio de los Derechos Humanos por su libro Récits de la nuit et de l´aube. El Gobierno le concede la nacionalidad francesa.

19861986

En Madrid, junto con Olof Palme, se le otorga el Premio Especial de la Fundación Pablo Iglesias.

19871987

Al cumplir 70 años, dice Roa: «Acabamos nuestros años como un pensamiento, dice el salmista. Este año cumplo también los setenta de edad. Soy un anciano. Me siento, sin embargo, más joven que nunca, mental y espiritualmente. No pienso en la muerte ni la temo. Pienso simplemente que la muerte es la parte en sombras de la vida y que alguna vez tendremos que descansar en esas sombras. De todos modos van a tener que llevarme a la sepultura con la fuerza pública. La vida es muy hermosa a pesar de todos sus errores y horrores».

19891989

El 3 de febrero, un golpe de Estado depone al dictador Stroessner y designa presidente al general Andrés Rodríguez, luego elegido democráticamente para el cargo. Oficialmente, termina el exilio de Augusto Roa Bastos cuando se le devuelven sus documentos paraguayos.

Roa Bastos distinguido con el Premio CervantesEn Madrid se le otorga el Premio Cervantes. Durante su recepción en Alcalá de Henares dice Roa: «Entre lo utópico y lo posible, este es un reto de la historia. O, lo que es lo mismo, un desafío del porvenir. Y es necesario recoger y cumplir este desafío con serenidad, con perseverancia inflexible, pero también con la plasticidad de una inteligente adecuación a las cambiantes circunstancias de la historia y en el orden de las prioridades necesarias».

La universidad de Toulouse Le-Mirail le concede el doctorado honoris causa.

 
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