Subir
Centro Virtual Cervantes

Actos culturalesNombres propios

Augusto Roa Bastos

Inicio


Los senderos que llevan a augusto roa bastos
 Por Enrique Marini Palmieri *

Roa en Toulouse, 1895Yendo por los senderos que son las obras publicadas antes de Yo, el Supremo (1974), el lector intuye que, más allá del sentido en que estriba su firme compromiso social y político, coexiste en ellas lo esencial y profundo que la intencionalidad de la poética narrativa de Augusto Roa Bastos propone con la dimensión mayéutica. Esta, dirigida al lector pasa por el enfrentarse con los hechos históricos de los que hace memoria la anécdota, fundándose en la sensibilidad de la época de la escritura. Ligando memoria patrimonial y memoria individual, el texto regenera la pureza de inspiración, de escritura, de intencionalidad, y transforma la lectura en ejercicio de toma de conciencia de la realidad paraguaya. Conciencia del comprender, interpretar y mantener la memoria patrimonial, reiterándola en la individual, circunstancial. (1)

 Escribir y leer es hacer memoria del patrimonio de todos los paraguayos y de todo aquel lector que «lucha con los enigmas centrales del individuo, con la caótica y oscura condición humana». (2)

Los senderos por los que fluye este doble hacer memoria son los relatos breves de El trueno entre las hojas (1953), El baldío (1966), Los pies en el agua (1967), Madera quemada (1.ª 1967; 2.ª 1983), Moriencia (1969), Cuerpo presente (1972), y aun la Antología personal (1980). Con ellos y en ellos se reiteran la intencionalidad poética, la «dimensión dramática y trágica de la condición existencial del hombre contemporáneo» (3) y la memoria patrimonial. Hilándose, nuevos o repetidos, los relatos varían de un manojo al otro, variando títulos, o sin que se lo anuncie explícitamente, o tan sólo evidenciando el cambio con fechas a pie de texto: el capítulo homónimo, «Hijo de hombre», figura en Los pies en el agua, (1967), con la sencilla mención «1960» al pie de texto, intitulado «Macario». (4) Obra primigenia en esta cadena de historias que se reiteran es Hijo de hombre (1960), en la que hay personajes que concretan la coherencia de lo narrado pasando de un capítulo a otro. Cadena de relatos que reiteran con escepticismo la memoria existencial a través de fragmentos de desesperación vital en los que el hombre vive intentando salvar el pellejo. Sin embargo, dadas las situaciones de extremada injusticia, la propia trama de lo narrado le niega sentido al intento, con lo que el fracaso suspende el sentido que posee la historia narrada. Tal y como lo entiende Husserl, esta suspensión fenomenológica del juicio ante la injusticia, o epojé, impone la necesidad de alcanzar la dimensión de lo absoluto por encima de lo contigencial. (5) Suspensión que reúne estrechamente al narrador con el receptor. El suspender el juicio revela con toda su fuerza la esencia de la situación, y regenera la pureza de la condición humana desde su propio absurdo: en la leprosería de Hijo de hombre florece el martirio, el llanto, el sapukai, ese grito vernáculo doloroso que estigmatiza la realidad del hombre todo. (6) Memoria, patrimonio, compromiso entretejen lo absurdo y la epojé lo poetiza. Poetizar, reiterar, fluir: senderos, variaciones polifónicas que entrelazan a la vida con su esencia para que juntas, vida y esencia, se «espejueleen» como dice Julio Herrera y Reissig en «Psicología literaria». Polifonía que proyecta el contenido de la memoria patrimonial y existencial sobre las paredes de la caverna de certezas borrosas que es la condición humana. (7) Suspenso ante el concebir con claridad el misterio de su condición, el hombre vive en las brumas de esta doble memoria que dirige el juego entre verdad y mentira, «como la progresión de una sinfonía bárbara a través de sus variaciones fundamentales», dice Roa Bastos evocando el contenido de Hijo de hombre. (8) Poetizar para suspender, suspender para intentar comprender sin lograrlo: juego ambiguo y caleidoscópico en el que el hombre parte en busca de lo perdido, de lo tergiversado, de lo múltiple, de un por y de un contra.

Manuscrito de Roa BastosMotor ambiguo u oximórico, este escepticismo es productivo. Primero, porque relega a la anécdota a la condición de verdad de ficción sujeta a entredicho, es decir a la de la «opinión». (9) Y, ya relegada la anécdota en un acto «suspensivo», escritor y lector sólo han de concentrarse en lo indiscutible, transcendente, en lo heroico, en la esencia de lo narrado. Segundo, porque su carácter incoactivo impele al lector a que realice su propia mayéutica, su propia epifanía, a que halle su verdad. «La transmisión de lo que puede haber de experiencia íntima recibida y revelada por el lector es, en última instancia, el polo revelador de un texto», afirma Roa Bastos (El País, Madrid, 14.VIII. 1983).

De Hijo de hombre a Yo, el Supremo, la fuerza creativa y reiterativa del hacer memoria del patrimonio humano, junto con la mayéutica, concretan aquella concatenación platónica según la que Mnemosina y sus hijas las Musas acompañan al poeta en la poetización de la realidad de la naturaleza humana en su historia, y se ligan memoria, poetización y sentido. (10) Así, cuando el fluir de la poetización de lo absurdo y heroico en la condición del hombre se remansa en Yo, el Supremo, Roa Bastos es tan sólo «compilador» de la trama ambigua, por la que el lector descubre que la vida tiene sentido y que no, que todo y nada dependen del cristal con que se observen la realidad, los sentimientos, la historia individual, la Historia colectiva. La intencionalidad de la forma pura de la estética del hacer memoria de la condición del hombre regenera a la conciencia, la que se halla en la fuente de la revelación de la ambigüedad existencial que alimenta los senderos que llevan hasta el poeta Roa Bastos.

Reiterando tal ambigüedad escéptica en la memoria existencial de actantes y del receptor nace la eternidad esencial: memoria patrimonial y memoria existencial son la eternidad de la condición humana. Porque la eternidad es el verdadero tema de todo lo que ha escrito Augusto Roa Bastos.

Entonces, como en En busca del tiempo perdido, cuando en Yo el Supremo el lector sale a la busca de la memoria patrimonial y existencial, descubre la cuádruple dimensión del tiempo: el que pasa y destruye; el que se pierde y cuya validez estriba en su gratuidad; el del reencuentro que posee visos de eternidad; el tiempo por antonomasia cuya eternidad se resuelve cuando el arte, y la literatura, poetizan lo vivido. Tiempo-«verdad» revivido, primordial, esencial; y no tiempo-«opinión», ni desarrollado ni sucesivo. Tiempo del «Hacer poder es poder hacer», como dice el Supremo suspendiendo el juicio respecto del recordar que habrá que olvidar. Tiempo cerrado, perpetuo y circular. Tiempo sugerido por aliteración, como también en el: «No temas mi Tomás Moro». Tiempo en su esencia, como en «Contar un cuento»: labor de palíndromo y aliteración que mezcla léxico y morfología, verbo con substantivo; lectura impersonal y universalizadora del derecho; y del revés, lectura personal que implica al lector. Ayer y hoy del contar que se cuenta —pasiva refleja o pronominal—, o que yo cuento: sonrisa enigmática en los labios que cuentan o leen en voz alta, encerrando en su círculo inefable a la verdad de la Historia y a la de la historia. Círculo de lo imposible y de lo posible en el que existen narrador y lector.

En el remanso del fluir estético que es Yo, el Supremo, y que lleva a Roa Bastos, todo pasa pasando, memoria y desmemoria (como en «Cuerpo presente»), en un ir más allá hegeliano que deja atrás al patrimonio porque una obra no existe si a la vez no se la deja lejos, atrás, bien atrás, detrás de lo que vendrá. (11) Epopeya literaria que ilumina a la imagen de Augusto Roa Bastos por entre las brumas de la caverna. Su imagen se encadena constante en la memoria para invitar a los lectores futuros a que, como los adeptos de la diosa Neith en Saís, levanten el velo de su sentido para comprender lo que se oculta en el fluir de su decir poético.

 

Notas

1 cf. Georges Gusdorf, Origines de l’herméneutique, París: Payot, 1988.

2 A. Roa Bastos, «El Fuego en las manos», Negro sobre blanco. Boletín literario bibliográfico de la Editorial Losada, (Buenos Aires, N.° 8, noviembre, 1958): 74; ápud, «Nota preliminar del antologador», Madera quemada, (Santiago de Chile, 1967), Asunción: El Lector, 1983, p. 5.

3 Ibídem p. 6.

4 «Macario» figura así en Cuerpo presente, junto con otro capítulo de Hijo de hombre, «Hogar». De un manojo a otro, los relatos forman la cadena que poetiza el contribuir «a la redención espiritual del hombre en sociedad», dice Roa Bastos (edic. cit., p. 5). De los aproximadamente cuarenta relatos que comprenden los diferentes manojos citados, entre los más reiterados se hallan: «La excavación» (Trueno entre las hojas, Los pies en el agua, Madera quemada, 1967 y 1983); «Borrador de un informe» (El baldío, Los pies en el agua, Moriencia, Cuerpo presente, Madera quemada, 1983); «El baldío» (El baldío, Moriencia, Madera quemada, 1967 y 1983). «Kurupí» figura tan sólo en las dos ediciones de Madera quemada, y podría haber servido para componer el capítulo «Madera quemada» añadido en la edición de Alfaguara de Hijo de hombre (1977/1992). De esta novela, los capítulos más reiterados son «Macario» (Los pies en el agua, Cuerpo presente, Antología personal) y «Hogar» (Los pies en el agua, Cuerpo presente, Antología personal). «Madera quemada», que no figura más que como título en 1967, sirve de enlace intencional como capítulo de la versión madrileña de Hijo de hombre: se quema al Cristo tallado por Gaspar Mora en un acto de conjurar la condición humana en su injusticia antonomásica, y la visión escéptica de la memoria que esta genera.

5 cf. Idées directrices pour une phénoménologie et une philosophie phénoménologique pures, traducción al francés de Paul Ricoeur, París: Gallimard, colecc. «Tel», 1985, 2.ª sección de «Idées 1».

6 Considérese así el doble epígrafe en Hijo de hombre, que liga al profeta Ezequiel (Libros 12 y 14) con la voz ancestral del «Himno de los muertos de los guaraníes».

7 Obvia referencia a la teoría del conocimiento que Platón desarrolla en el Libro VII de La República.

8 «Roa Bastos nos habla de su novela», Negro sobre blanco. Boletín literario y bibliográfico, Editorial Losada (Buenos Aires, diciembre, 1959, Tercera época, N.° 10): 10.

9 «Diferencia que sugiere Parménides y que Platón reitera en el Timeo: la verdad, “Lo que es siempre sin jamás devenir”; la opinión, “Lo que deviene siempre sin ser jamás”. (27d-28a). En Hijo de hombre he tratado de encontrar uno de los muchos cambiantes rostros de la verdad de nuestro tiempo, del hombre de todos los tiempos, en la raíz misma de la colectividad a que pertenezco, en la pulsación vital de sus luchas y sacrificios […]». «Roa Bastos nos habla de su novela», edic. cit., p. 10.

10 Sócrates se lo recuerda a Ión, el rapsoda que da su nombre al diálogo: «Y cuando, por mediación de esos seres inspirados que son las Musas, ¡otros hombres reciben la inspiración del dios y pasan a integrar la cadena! En efecto, los poetas, autores de versos épicos —y hablo de los que son buenos— no escriben gracias al arte de hacerlos sino inspirados […]». Ion, 533c-536d. (La traducción es mía, partiendo de la versión francesa de los Classiques Garnier-Flammarion, 1989).

11 cf. el «Prefacio» de la Fenomenología del Espíritu (1807).

 

* Catedrático de Literatura Hispanoamericana, Université de Valenciennes

 
Subir
| Acerca de Roa Bastos |

| Portada del CVC |
| Obras de referencia | Actos culturales | Foros | Aula de lengua | Oteador |
| Rinconete | El trujamán |

| Enviar comentarios |


Centro Virtual Cervantes
© Instituto Cervantes (España), . Reservados todos los derechos.