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«Las aves vuelan como cuando estaban vivas; es decir,
desaparecen del escaparate como por arte de magia; los jamones
desaparecen también, como si permanecieran todavía unidos al
cuerpo de sus sabrosos propietarios; los vinos se venden en
tal cantidad, que de momento no hay para qué preocuparse de la
cuestión suscitada con Francia; los dulces se expenden á su
vez por toneladas...
En
fin, aquello es un delirio gastronómico que bien vale, por
la extraordinaria gula que representa, una confesión... fuera
de abono».
(Enrique
Sepúlveda)
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