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Esta exposición se propone representar el interés de muchos de los artistas del siglo XX
por la palabra pintada es decir, la presencia de las palabras, de los textos, en la
superficie visual propia de las obras plásticas, bien como elemento icónico autónomo o
como representación de un concepto y narrar su evolución, la historia de un nuevo
género de pintura y registro visual nacido con el siglo XX a partir del
cubismo. Aunque
la tendencia es universal y recorre transversalmente todo el arte contemporáneo desde sus
inicios, resulta curioso señalar que muchos de los artistas más significativos de este
género son españoles... Picasso, Juan Gris, Miró, Dalí, Tàpies, Millares, Brossa,
Equipo Crónica, Víctor Mira, Carlos Pazos, Concha Jerez, García Sevilla, X. Vázquez,
Plensa, R. López Cuenca, Perejaume, etcétera.
Durante el siglo
XX podemos seguir un interesante proceso de incorporación de la escritura y la palabra al
catálogo de imágenes del arte contemporáneo bien como palabra autónoma, como
texto con funciones descriptivas o literarias, como poesía visual o por su valor
conceptual revelándose un nuevo género en la pintura: al principio, en el
cubismo,
conviviendo y contaminando los tradicionales géneros del paisaje, el retrato, la
«naturaleza muerta»; luego, afirmando su personalidad específica como género de
«palabras pintadas», con sus intenciones particulares, su propia evolución como modo
privilegiado de representación de la realidad y las ideas estéticas, sociales...
extendiéndose y diseminando su influencia sobre otros territorios expresivos y técnicas
artísticas (la escultura, fotografía, imagen electrónica, net art,
instalaciones multimedia, etcétera).
En el caso de esta
exposición organizada por el Instituto Cervantes, la selección de artistas y obras se
centra casi exclusivamente en el ámbito del arte español, con algunas señaladas
aportaciones de artistas latinoamericanos y de influencia hispana. También se ha reducido
el territorio de las «palabras pintadas» a aquellas obras con textos en español o en
cualquiera de las demás lenguas propias con identidad en España. Aunque el arco
cronológico de la muestra abarca el siglo XX, la mayor parte de las obras están fechadas
en la segunda mitad del siglo. También se presentan otras realidades artísticas
diferentes a las, literalmente, «palabras pintadas», que incorporan esculturas,
grabados, serigrafías, instalaciones, vídeos, intervenciones multimedia,
etcétera, lo que
manifiesta la riqueza de posibilidades lingüísticas y formales de este «género» y las
múltiples intenciones y recursos de nuestros artistas.
La exposición
está compuesta por 151 obras, contando el extenso repertorio de una «obra
colectiva» ideada por Fernando Bellver, basada en Marcel Duchamp, en la que participaron
69 artistas. Los artistas representados individualmente son Picasso, Juan Gris, Salvador
Dalí, Miró, Alberti, Granell, Tàpies, Vostell, Canogar, Gordillo, Ràfols-Casamada, A.
Heras, Cillero, Millares, Equipo Crónica, Mompó, Guinovart, Brossa, A. Seguí, Carles
Pazos, Quejido, Víctor Mira, Miquel Navarro, Chema Cobo, Galanda, Carmen Calvo, Concha
Jerez, Eva Lootz, Sinaga, F. Illana, X. Vázquez, Plensa, Perejaume, Jordi Colomer,
Sanleón, Emilio Martínez, Uslé, Victória Civera, Santiago Arranz, R. López Cuenca,
Antoni Abad, Florentino Díaz, José María Alvargonzález, Pep Llambias, Guillem Nadal,
Natividad Bermejo, Alicia Martín, Iñigo Royo, Bedia, Ocampo, A. Romero, Demián Flores y
Mauricio Cervantes.
Arqueología moderna de
palabras pintadas: Picasso, futuristas y Duchamp...
En apenas unos
meses, entre la primavera de 1911 y el verano de 1912, se produjeron una serie de
acontecimientos de orden artístico que, en muchos aspectos, podemos asegurar cambiaron el
curso de la historia del arte moderno; acontecimientos que por otra parte significan el
punto de partida de la exposición «Pintar palabras...» y de nuestra intención de
interpretar y escenificar una de las líneas argumentales más originales y específicas
del arte del siglo XX, la que representó la aparición y desarrollo del collage
y, casi al unísono, la incorporación de la palabra y el texto pintados en el territorio
visual propio de las artes plásticas.
Hoy todos estamos
de acuerdo con que el cubismo y algunas de sus invenciones más afortunadas, el collage
y la técnica de los papiers collés, alteraron profundamente la estructura
estética y el sistema de representación del arte occidental que habían quedado fijados
desde el Renacimiento y evolucionado desde entonces sin apenas extravagancias ni
disensiones remarcables. Y aunque en un principio parecía tratarse sólo de unos cambios
formales, la evidencia de sus consecuencias y derivaciones han puesto de manifiesto que
aquellos experimentos de Picasso y Braque, aquellas intuiciones seguidas con pasión y
fervor irracionales, además de expresar visualmente el estado de catástrofe y
fragmentación de las antiguas «grandes verdades» que nos señalaba Nietzsche pocos
años antes, fueron sobre todo el umbral de una auténtica revolución artística. El
cubismo inauguró una nueva mirada del arte sobre sí mismo, acerca de sus propios
problemas e intereses de representación y construcción, aunque más bien se trataba
de problemas e intereses específicos de la pintura que luego fueron extendiéndose y
traduciéndose particularmente al resto de las artes plásticas. Esta mirada ensimismada
utilizó como «mesa de operaciones» para sus prácticas experimentales la pintura de
género convencional: los paisajes tradicionales, las naturalezas muertas más comunes,
los retratos individuales... Algunos autores han señalado que esta selección de motivos
genéricos respondía principalmente a una estrategia estrictamente formalista de Picasso
y Braque para desentenderse de otras posibles contaminaciones emocionales, espirituales o
intelectuales que los pudieran distraer en su trabajo incipiente, casi a tientas,
permitiéndoles focalizar así en temas e imágenes comunes e indiferenciados su más
despiadada experimentación con las formas y los asuntos tradicionales de la pintura,
aplicar su incisivo y corrosivo bisturí... Durante esta autopsia del arte tradicional, en
la inmediata y sucesiva recomposición y ensamblaje de los fragmentos no desechados,
descubrimos por primera vez unos elementos significativos en el territorio visual de la
pintura que hasta entonces apenas habían tenido nada más que un mero valor descriptivo y
subsidiario: las palabras pintadas...
En efecto, las
palabras en la superficie visual del cuadro se habían mostrado hasta entonces en muy
contadas ocasiones: por ejemplo, en la reproducción realista del paisaje urbano o en
objetos tales como libros, en interiores, etcétera; quedando relegadas casi exclusivamente a
la firma del autor o al título de la obra aunque en la mayoría de los casos estas
referencias meramente documentales se caligrafiaban en el dorso de la tela o disponían en
una cartela separada sobre el marco para no interferir la unidad visual de la pintura. La
introducción cada vez más abundante, por Picasso y Braque, de palabras y papeles ya
impresos u otros materiales no pictóricos en la superficie y territorio visual de la
pintura orientaron decididamente el impulso más experimental del cubismo en aquellos
años «heroicos» de 1911-1912, influyendo notablemente en otros proyectos estéticos
contemporáneos y sucesivos, como el futurismo, en algunas tendencias constructivistas, y,
posteriormente, en el dadá y surrealismo. Al igual que en otros momentos del proceso de
formulación y desarrollo del cubismo, también aquí, en esta encrucijada esencial, se
dan parecidos debates y opiniones encontradas acerca de la paternidad y preeminencia de Picasso o Braque en tales invenciones y aplicaciones. Parece cierto que los primeros
cuadros cubistas en los que aparecen letras pintadas fueron realizados en la primavera de
1911 por Braque, aunque algunos especialistas adelantan este hecho a 1910 e, incluso, le
dan la paternidad a Picasso... Me inclino a pensar, no obstante, en la preeminencia de
Braque en este caso, y, la primavera de 1911, como fecha más ajustada, acaso a partir de
dos cuadros suyos casi contemporáneos: un retrato cubista, El portugués (en el
Museo de Basilea) en el que aparecen sobre la composición plenamente cubista del
personaje algunas letras, fragmentos de palabras y números en tipografía de imprenta:
«dbal», «oco», «&» y «0, 40» y Guitarra (en la colección Simon
de Malibú), en la que sobre una superficie pictórica de formato oval aparecen por
primera vez las letras «jo» y «nal» correspondientes a la palabra francesa
journal
(periódico). Seguramente las experiencias de Picasso, también con letras
pintadas directamente o mediante el estarcido, debieron ser casi inmediatas o simultáneas
a las de Braque, dada la complicidad entonces entre los dos artistas, aunque algunos
retrotraen estas primeras experiencias con letras pintadas hasta la primavera o verano de
1912. Por ejemplo, Jean Laude 1 fecha las primeras obras con palabras pintadas de Picasso en el
verano de 1912, en Sorgues: primero, pintadas a mano, en El aficionado (Museo de
Berna) y, luego, mediante el estarcido, en Recuerdo del Havre (como simple
curiosidad, habría que señalar que en El aficionado podemos reconocer el
periódico taurino que se editaba en Nimes, Le Aficionado, por lo que se trata de
una de las primeras referencias taurinas en Picasso, tema que siempre lo entusiasmó y que
el artista español representó en innumerables ocasiones). Independiente de estos
problemas menores de datación, es muy probable que ya en el invierno de 1911-1912 Picasso
comenzara a realizar sus primeras composiciones cubistas con palabras y continuara estas
experiencias durante todo el año siguiente, como en el Hombre con guitarra
(Museo Picasso, París) en muchos aspectos similar a El portugués, de
Braque en donde aparecen las letras «kou» (una posible referencia a la palabra
cubismo
en alemán) y, también, La mesa del arquitecto (MOMA de New York),
en donde aparece la frase «Ma jolie» y la palabra marc (referida a una botella de Vieux
Marc), o Botella de Pernod (Museo del Ermitage, San
Petersburgo), que se me antoja más experimental todavía, en la que
aparecen diversas letras de imprenta y números y, con gran literalidad,
la etiqueta de la botella «Pernod fils»...
La invención del collage
fue casi inmediata a estas primeras pinturas con palabras de Braque y Picasso. Hoy casi
todos los autores coinciden que la primera realización se debe a Picasso, y más
concretamente identifican el primer collage con Naturaleza muerta con silla
de rejilla (Museo Picasso, París), realizado en el invierno de 1911-1912 o, más
seguramente, en la primavera de 1912. Recientemente se han reconocido otros proto-collages
de Picasso: un dibujo de 1908, con un papel pegado superpuesto, y otra pintura de
1910-1911, también con un sello pegado, pero estos ejemplos primarios no invalidan el
carácter realmente inaugural y programático de Naturaleza muerta con silla de
rejilla un pequeño cuadro ovalado (27 x 35 cm), enmarcado por una cuerda de
cáñamo, que representa al modo analítico cubista una típica «naturaleza muerta» de
interior de café: una copa de cristal, una rodaja de limón, una pipa y un periódico
(referido por las letras pintadas «jou»). Lo sorprendente de este cuadro es que Picasso
pega al lienzo un trozo de hule con la estampación realista de la rejilla de paja de un
fondo de silla que ocupa casi un tercio de su superficie y pinta luego sobre esta
superficie cubriendo parcialmente el material extraño, tanto en los bordes del trozo de
hule (para integrarlo eficazmente en el contexto pictórico) como directamente encima de
él (para obtener el efecto visual de profundidad y separación de planos). El pequeño
cuadro inquieta estética y casi metafísicamente, tanto por cuestionar eficazmente el
concepto tradicional de representación verosímil de la realidad (aspecto problemático
en el que operaba el cubismo desde sus primeras realizaciones), como por introducir en lo
estrictamente pictórico dos elementos sustantivos hasta entonces extraños en la pintura.
De una parte las letras, de tamaño relativamente considerable para las dimensiones del
cuadrito, a las que otorga una función distinta a la meramente explicativa de la realidad
representada (la existencia de un periódico), convirtiéndolas en protagonistas de la
composición; confiriéndoles una especie de valor añadido de orden específicamente
visual de gran riqueza plástica; fijando la mirada, proporcionando «aire» y profundidad
a la pintura; ordenando el aparente caos de fragmentos disjuntos. De otra parte, el hule
pegado representando la rejilla de paja, que introduce una nueva realidad material y
visual (también de significado) en la pintura, pero que se integra eficazmente en ella
gracias a las pinceladas superpuestas; Picasso rompe la convencional unidad del material,
transgrede conceptos tradicionales de la pintura, instaura una nueva sintaxis y
morfología en el «texto visual» y en los modos de representación de lo real en la
pintura...; nos proporciona una nueva ficción de la realidad y nos invita a participar de
este engaño retiniano por el simple placer de construir nuevas posibilidades en nuestra
mirada.
Generalmente se ha
pensado y escrito que la introducción de las palabras pintadas por Braque y Picasso
obedecen a una intención de dar profundidad a la pintura «plana» del cubismo
analítico, además de aportar referencias descriptivas sobre los objetos o espacios
utilizados como modelos. Sobre los papeles u otros materiales pegados en sus telas se
decía que les servían para enriquecer las texturas y vocabulario plástico de sus obras
cubistas... ¿Son sólo esas intenciones estrictamente plásticas las que justifican la
invención por Picasso y Braque de tan revolucionarias soluciones en aquellos momentos
cruciales del cubismo? Creo que no, y estoy de acuerdo con Rosenblum 2
en que la
elección por los cubistas e integración en sus pinturas de tantas palabras, fragmentos
de periódicos, tarjetas y carteles, etiquetas de botellas, paquetes de cigarrillos, tipos
de letras y caligrafías distintas, tiene mucho que ver con su potencial verbal y
lingüístico, sus significados encriptados, sus valores de asociación y simbolismo... Si
no, sólo hubiera sido un juego de niños... recortar y pegar... copy, cutting,
paste...
Robert Rosenblum
ha realizado un extraordinario trabajo de investigación al estudiar y proponer nuevas
interpretaciones sobre las palabras de los rótulos y nombres impresos de las pinturas y collages
cubistas; su magistral ensayo Picasso and the Typography of Cubism ha
servido de base para posteriores y más profundos estudios sobre Picasso y el fenómeno
del cubismo. En los collages de Picasso aparecen o se reconocen los nombre de
muchos periódicos L'Indépendant, Excelsior, Le Moniteur, L'intransigeant, Le Quotidien du Midi, Le Figaro, así como el periódico español El Diluvio
y el nuevo periódico futurista italiano Lacerba; pero ningún otro tantas veces
como Le Journal, también utilizado casi como nombre común por Braque y Juan
Gris, junto a otros tales como Le Courrier, Le Petit Éclaireur, L'Écho d'Alger, Le Réveil, Le Matin, Gil Blas, etc. Al igual que otros objetos y figuras
características del cubismo, los títulos de los periódicos, y singularmente Le
Journal, son fragmentados o reducidos a unas cuantas letras recurrentes: «jou»,
«jour», «urnal», «jo/ur/nal», etcétera. Estas fragmentaciones, combinaciones,
permutaciones con las letras, ofrecen múltiples ambigüedades visuales y de
significación, permitiéndonos imaginar numerosas intenciones lingüísticas, ocultos
significados, irónicas metáforas. Como acertadamente señala Rosenblum, Picasso y los
demás cubistas pertenecen a una generación también literaria que ha inventado o
realizará próximamente otros revolucionarios experimentos con el lenguaje: Mallarmé,
James Joyce, Apollinaire que en sus Calligrames de 1914 funde palabras e
imágenes utilizando un nuevo concepto de libertad tipográfica; el poeta Max Jacob,
obsesionado con las posibilidades de transmutación de las palabras comunes; el teórico
del futurismo, F. T. Marinetti, y sus manifiestos sobre la literatura futurista y las
«palabras libres» (19121913); y posteriormente, los trabajos con el lenguaje de
los dadaístas, sobre todo Man Ray, Picabia y Duchamp, con sus delirantes homofonías y
jocosos juegos de palabras.
Son esta especie
de juegos semánticos, divertidas homofonías y ocultos significados verbales y visuales
los que debemos reconocer en algunas de las palabras pintadas más comunes en el
cubismo.
Por ejemplo, los relacionados con la palabra le journal y sus metamorfosis
visuales y sonoras: joie, alegría; jouer,
jugar; jouir, venirse, en argot sexual... Pero también
sus posibilidades sonoras y homofonías (palabras que se pronuncian igual pero que tienen
muy distintos significados): jou (tú, en inglés),
urnal
(referida a la palabra española orinal, o su pronunciación en inglés y
significado en español: anal, etcétera)... Rosemblum identifica otro posible juego
de palabras en una naturaleza muerta de Picasso en donde aparecen las palabras
urnal
(de journal) y Un coup de thé (tomado de un artículo acerca de la
Guerra en los Balcanes «Un coup de theatre» aparecido el 4 de
diciembre de 1912)... En este caso la frase «Un coup de thé» evocaría el título del famoso poema
del poeta Mallarmé (1897) que tanto influyó en los cubistas por su libertad
tipográfica: «Un coup de dès n'abolira jamais le hasard» (un golpe de dados
la suerte no abolirá jamás el azar)... Otros juegos de palabras son
los que encontramos a partir de las grandes letras de imprenta pintadas o estarcidas en
otros cuadros cubistas de Picasso o Braque, por ejemplo, aquellos que reproducen
fragmentariamente anuncios de espectáculos, como en el famoso cuadro de Braque El
portugués, de la primavera de 1911, en donde las letras «dbal» hacen referencia al
anuncio del Grand Bal (gran baile), o el magnífico cuadro de Picasso Naturaleza
muerta con piano en el que las letras «cort» parecen anunciar el concierto del
pianista Cortot... Otro magnífico ejemplo de estas «perversiones» lingüísticas nos lo
ofrece Rosenblum a través de una pintura de Picasso, Naturaleza muerta y hombre con
guitarra (1913) en el que las palabras grand concert evocan tanto un insulto
común en francés grand con, como otra palabra de contenido sexual
en español, gran coño...
NOTAS:
1
Jean Laude: «El cubismo», en Pablo Picasso, VV. AA.; monografía dirigida por
Jean Cassou. Ediciones Daimon, Serie «Los Grandes Maestros»; Barcelona 1976.
2
Robert Rosenblum: «Picasso and the Typography of Cubism», en Picasso in Retrospect,
VV. AA.; catálogo de la exposición sobre Picasso en la colección del Museum of Modern
Art; New York 1972.
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