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Se
ha dicho a veces que la comunicación que habita en la palabra se enfrenta a la que de una
manera más directa proyectan las imágenes. Sin embargo, hubo un tiempo en que imagen y
palabra coincidieron en una dimensión única precisamente en aquel tiempo en que
los grupos humanos intentaron por primera vez plasmar, hacer materia, una ilusión
comunicativa. Y, desde entonces, desde las grafías abstractas en los abrigos
prehistóricos hasta las pintadas que dan hoy una vida distinta a los muros abandonados,
en numerosas ocasiones la creación ha fundido la palabra y la imagen.
Lo vemos
continuamente en la creación publicitaria, al igual que ilustres antepasados nuestros en
el Renacimiento lo veían en los emblemas de Alciato, que unían en una sola estampa la
maestría de un acertijo versificado con los más sutiles símbolos representados en una
escena cualquiera. Estos emblemas, imagen de un concepto fundamental de aquel mundo,
conducen a una reflexión de mayor alcance sobre la colaboración entre imagen y palabra a
lo largo de la historia. Puesto que no sólo han viajado juntas en el arte, no sólo han
contribuido a la difusión del conocimiento: cuántas veces el logos ha creado la imago
mundi que ha determinado una época hacia la fatalidad o la gloria de las
civilizaciones.
No hace falta,
pues, resaltar la importancia de una exposición de palabras pintadas, una
selección de obras de arte que ha reunido en un solo objeto la hondura de la palabra y la
fuerza de la imagen. Se trata de piezas de grandes creadores del arte contemporáneo que
hicieron un uso plástico del lenguaje para reforzar la expresión de sus inquietudes
sociales y espirituales, éticas y estéticas.
Los cubistas
fueron precursores en integrar en sus collages fragmentos de artículos de prensa y
etiquetas de las botellas que acompañaban sus tertulias. Los surrealistas usaron el
lenguaje escrito para provocar en el espectador los guiños de una complicidad perversa o
de un rechazo perfecto. Los dadaístas jugaron con las tipografías, creando poesías
visuales donde la modernidad se plagaba de colores. Los conceptuales dejaron todo el peso
a la palabra descarnada, sin artificios. Los artistas pop criticaron la presión de la
política y de los medios de comunicación a través del lenguaje publicitario. Y, así,
hasta llegar al día de hoy, en que los signos se utilizan desde todos los lenguajes y
técnicas artísticas, desde los lienzos a la vídeo-instalación, la perfomance y
el net-art.
Palabras
pintadas es un lugar idóneo para que se concrete el espíritu multidisciplinar que el
Instituto Cervantes quiere para sus actividades y, sobre todo, la exposición ideal para
difundir conjuntamente el amor a la palabra y al arte.
Jon Juaristi
Director del Instituto Cervantes
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