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Pilar Paz Pasamar

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19331933

Pilar Paz Pasamar nace en Jerez de la Frontera, Cádiz, un 13 de febrero. Hija de Arturo Paz Varela y de Pilar Pasamar Mingote. Ésta mujer con dotes portentosas para el «bel canto» sabrá transmitirle a la hija la música del verso. Del padre, que fue para Pilar la figura mítica de la infancia, dirá: «Hombre, como el cervantino, “de letras y armas”, escribió, luchó y amó con intensidad fuera de lo común». Y es que este personaje singular será para ella un punto de referencia, «un libro de sabiduría.» («Vida y palabra debida», 2005).

Con la madre y los hermanos.19361936

Comienza la guerra civil española. A los seis años, Pilar conoce el frente y es testigo de un bombardeo cuando iba con su madre y hermana a visitar al padre, que estaba destinado en el frente como soldado raso. La impresión de aquel suceso y la fuerza del amor de su madre, que arrastra a toda la familia para estar cerca del padre en plena guerra, dejan honda huella en su memoria. De esta experiencia dirá: «Nací poco antes de que estallase la guerra civil y tengo recuerdos [...] indelebles: el dolor de mi entorno, la ansiedad de los míos, el llanto y los desmayos de quienes iban a mi casa en busca de noticias» («Vida y palabra debida», 2005).

19451945

Con sólo doce años, inaugura una columna fija de opinión  en el diario jerezano Ayer. Desde ese momento comienza su vida literaria, a través de la publicación de poemas, relatos y artículos en dicho diario, así como en ABC, de Madrid; Diario de Jerez y Diario de Cádiz, entre otros.

19491949

Se traslada a Madrid, donde cursa el bachillerato en el colegio de las madres carmelitas y la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Complutense. De su llegada a la sombría ciudad nos dice: «[llego] A un Madrid destrozado de posguerra, con un gato bajo la capa de paño azul que mi madre había confeccionado para mí y mi hermana mayor […]» («Vida y palabra debida», 2005). 

19501950

Reside en la calle Nicasio Gallego y estudia en la Facultad de Letras de la Universidad Complutense. Aquí contó con la amistad de profesores como Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Carlos Bousoño, Francisco Maldonado, Sánchez Cantón y el maestro Rodrigo, entre otros. Este año es fundamental para el afianzamiento de su  temprana carrera literaria. Pilar mantiene contacto con autores latinoamericanos como el  nicaragüense Mario Cajina-Vega y Ernesto Cardenal, a quienes conoce en los encuentros que se llevan a cabo en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, germen de lo que luego sería la Agencia Española de Cooperación Internacional. A ellos se sumó con un apoyo incondicional y comprometido, como lo demuestra la numerosa correspondencia que se estableció entre ella e intelectuales del otro lado del Atlántico.

En los años cincuenta en España se inicia una apertura en el ámbito de la cultura, gracias al talante liberal de figuras del régimen como Joaquín Ruiz Jiménez, que se propuso renovar el campo de la educación y de la cultura. Con ese propósito se inauguran obras como el Museo de Arte Contemporáneo, los Congresos de Poesía de Segovia y Salamanca o el Festival de Música de Granada. En la universidad se promocionó la reincorporación de algunos profesores sancionados, como Millares Carlo y se rindieron homenajes a maestros como Unamuno, Ortega o Menéndez Pidal. Estas medidas alimentaron las esperanzas de libertad de los jóvenes con inquietudes intelectuales. También es verdad que semejante apertura despertó muchos recelos entre quienes veían amenazada su posición privilegiada.

Segunda carta de Juan Ramón Jiménez.19511951

Aparece su primer libro, Mara, que tuvo una amplia repercusión en el ámbito poético de la época. Su publicación impresionó vivamente a maestros como Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre, atentos a lo que más tarde se llamaría Generación poética del 50. Pilar Paz Pasamar se convirtió, de pronto, en musa e inspiración de un grupo de jóvenes. Con Mara, inicia una carrera literaria que hace de ella un referente de los mayores. Juan Ramón dice al respecto: «Hay una muchacha, Pilar Paz Pasamar, que ha escrito un poema excelente, magnífico, sobre Dios. Entre los jóvenes poetas encuentro de vez en cuando cosas excelentes. Ese poema es una joya. Esa niña es genial».

Refiriéndose a la naturaleza de este primer libro y, en conjunto, de su poesía, dice Carmen Conde en el prólogo: «¿De dónde viene esta muchacha? Ha llegado a mí como si saliera de un grupo de amigas que aún cantan al amor en mi memoria. Ha preguntado por las cosas que para los poetas son ley, y ha escuchado reverente lo que se le contestaba desde la ley. Ha dicho sus poemas como si los respirara, y ha puesto su vida en afirmarse esclava de la gracia. Para ella no hay nada mejor que ser poeta, que leer la Poesía...Y delante de su fe nueva, con vaho de cuenco materno aún, yo he reafirmado la mía milenaria».

Se funda la revista Platero, en la que colaboran Fernando Quiñones, José Manuel Caballero Bonald, Julio Mariscal y Serafín Pro, entre otros. Pilar Paz Pasamar contribuye, además, con la publicación de inéditos de Juan Ramón Jiménez, gracias a la vinculación epistolar entre el poeta de Huelva, exiliado en Puerto Rico, y ella misma. Las palabras de Juan Ramón Jiménez dan cuenta de la importancia de Paz Pasamar en la fundación de  la revista, así como de la precocidad de sus logros literarios. Como ejemplo, un extracto de una de las cartas de Juan Ramón: «Gracias, querida Pilar de 20 años, por tanto regalo como me mandas en tu preciosa carta. Gracias por la encantadora canción para Antonia, por todo lo que el artículo de la excursión a Moguer supone... Ahora estaré ya siempre al lado de ustedes, y a tu lado, porque tú estás sola de tu grupo en Madrid. Hoy mismo he echado una carta para los amigos de Cádiz, con la presentación que me pidieron para Rafael Alberti y anunciándoles el envío de trabajos nuevos para la revista. El primero, un prólogo que escribí para le edición española de París. Y ya no les dejaré mientras yo viva, repito...».

19521952

Con Carmen Conde en la Academia Hispanoamericana de Ciencias y Letras de Cádiz.Comparte con otras poetas españolas, como Carmen Conde, el afán por el reconocimiento y la difusión de las autoras hispanoamericanas. Cuando Dulce María Loynaz viene a España con motivo de la V Conmemoración de los Reyes Católicos, las escritoras y poetas españolas organizan un acto en su honor y se designa a Pilar Paz para que le rinda un homenaje escrito, que la poeta leyó en la  recepción celebrada en el madrileño restaurante Lardhy. Este encuentro generó otros posteriores, además de numerosas visitas, y nuevas amistades que dieron como resultado una nutrida correspondencia entre Pilar Paz Pasamar y las escritoras latinoamericanas.

19531953

Obtiene el accésit del Premio Adonais de poesía por su libro Los buenos días, en la misma convocatoria en la que Claudio Rodríguez gana el premio por el poemario Don de la ebriedad. De uno de los poemas representativos de este libro, «El reclinatorio», comenta Juan Ramón Jiménez en una de sus cartas: «Sí, he leído “El reclinatorio”, que me revela una poesía plena, rica y delicadamente fuerte. Nada más fuerte que la delicadeza exacta». Sin duda alguna, este poemario plasma una estética que muchos estudiosos definirán como propia de la Generación del 50. Los jóvenes de entonces que se agruparían tras esta etiqueta empiezan a tener conciencia del malestar y de la oposición al régimen por parte de quienes no habían combatido en la guerra. Surgen revistas semioficiales como Laye en Barcelona, Alcalá y La Hora, en Madrid.

19541954

Edición de Los buenos días, poemario que permite apreciar de qué manera Paz Pasamar comparte con los, denominados por Carlos Bousoño, «niños de la guerra» muchas de sus propuestas estéticas, como la preocupación por la palabra poética, así como una mirada autónoma sobre el lenguaje, sin soslayar el compromiso social ni la reivindicación de la tradición literaria española en sus múltiples vertientes, así como la recuperación de ritmos tradicionales y populares que se renuevan. Sirven de ejemplo los poemas titulados: «Los homicidas», «El desahuciado», o «El juez», impecablemente compuesto en alejandrinos: «Tiene las manos blandas como nosotros. Besa, / pero sus labios deben de herir como las zarzas. / Le tienen miedo el grillo, el aprendiz, el pobre / hermano que le llevan con el alma doblada».

Encuentro en el Círculo de Intelectuales y Escritores Israelí de Tetuán, 1954.
Este mismo año, Pilar Paz Pasamar pronuncia una serie de conferencias de literatura española e hispanoamericana en Italia, Marruecos y Túnez. En este país es la única mujer, escritora, invitada a participar en los encuentros culturales organizados por el círculo de intelectuales y escritores judíos de Tetuán.

19551955

Obtiene el Premio Juventud de Barcelona por el poemario Ablativo amor, que se publica el año siguiente en la colección Atzávara, pequeña editorial del intelectual catalán Francesc Gallí. Con este poemario, Pilar gana el favor de la crítica más exigente, la atención de sus maestros y la acogida del público. Este premio fue motivo de rotunda celebración en las salas del Ateneo de Madrid, una celebración presidida por Dámaso Alonso y Carmen Conde.

19561956

Inicia una intensa actividad teatral, desde el TEU (Teatro Español Universitario) con adaptaciones vanguardistas de clásicos españoles y foráneos como La Tempestad, de William Shakespeare, o La Celestina, que fue representada en una gira por Italia.

Fallida organización del Primer Congreso de Escritores con los respectivos sucesos universitarios que despertó dicha prohibición. Los lazos de solidaridad entre la juventud inquieta se activaron. Esto, junto con los viajes a Europa y la recepción de novedades tanto en cine como en música y literatura, invadieron la atmósfera de lo que sería la estética del grupo generacional del 50, que daría lugar a empresas editoriales de vital importancia para la cultura española, como la iniciada por Carlos Barral en Barcelona. El realismo crítico y un proyecto de país solidario, junto con un lugar digno para artistas y creadores, constituirían la utopía de este grupo de intelectuales y poetas.

19571957

Aparición del libro Del abreviado mar, un homenaje a la poesía de Góngora, sobre todo a las Soledades. Acerca de este poemario, le escribe Carmen Conde: «Mi buena amiga, Pilar Paz: Muchas gracias por el regalo de su libro Del abreviado mar. Lo acabo de recibir y lo he leído no digo de un tirón, porque no es modo de leer poesía, pero sí seguida y repetidamente. Es una delicia. Me parece su libro más intenso, lleno de sugestión, de oreo y de encanto. Tanto en los poemas de estrofa amplia... como en las canciones de su itinerario poético».

Este mismo año se casa con Carlos  Redondo y abandona Madrid para vivir en Cádiz, ciudad con la que establece una íntima y estrecha ligazón y en la que reside en la actualidad. De su refugio en Cádiz que dio lugar a tantas conjeturas, explica que se afincó allí «al contraer matrimonio con un gaditano al que le debo haberme liberado, tan gozosa como voluntariamente, de la espantosa lucha que mantienen entre sí los que dicen ser poetas andaluces de la diáspora…» («Vida y palabra debida», 2005). La provincia de Cádiz, maltratada por la posguerra y la represión franquista, carecía por entonces de referencias culturales y era prácticamente analfabeta. Pese a todo, era un espacio propicio para los objetivos de Pilar Paz Pasamar quien, en su tierra, se dedicó a la difusión de la cultura en muy diversos cauces. Así, organizó cursos e impartió clases en centros obreros de mujeres en Cádiz, en Jerez de la Frontera y en otros pueblos de la sierra gaditana.

 
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