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Pilar Paz Pasamar

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Por Manuel Ríos Ruiz


Es para mí muy gratificante, ocuparme de un aspecto sumamente interesante de la poesía de Pilar Paz Pasamar. Una poesía que puede ser estudiada desde diversos aspectos, dado que es, a mi juicio, la voz de poetisa jerezana, una de las más importantes y singulares de la generación poética del cincuenta, a la que todavía no se le ha hecho la justicia que merece, especialmente porque distintos antólogos de la citada generación no han tenido en cuenta sus valores, su categoría como una de las figuras más significativas de la poesía española coetánea.

Con José María Pemán disfrazado para la representación de «El Gran Cardenal».Y me ha correspondido en esta ocasión glosar su sentido de la lírica popular. Mas antes de entrar en ello, hagamos una reflexión sobre la copla y el romancero andaluz, sobre sus valores literarios, espirituales y humanos para comprender mejor la calidad y los saberes que, al respecto, Pilar Paz Pasamar ha insertado en sus poemarios. Según José María Pemán —que, dicho sea de paso, admiraba a nuestra poetisa—, no hay cosa más trágica para un pueblo o una región, que eso de que le claven, como a una cruz, a una literatura fácil y superficial y a unos adjetivos inalterables y únicos, porque este es el caso de Andalucía, cuando la poesía andaluza de índole popular no es fácil ni es vulgar, sino que llega al pueblo por humana, filosófica y rotunda. Y el lirismo del pueblo en sí es muy difícil de captar, por eso ha sido en todas las épocas un deseo de los poetas cultos andaluces. Pero no todos han logrado escribir el cante, la copla que el cantaor cante y que a la par parezca creada por el propio intérprete, o el romance que contenga la expresión natural del viejo romancero.

Esto muy pocas voces lo consiguieron. Una voz de esas pocas tocadas con el don preciso para ello, repetimos, es la de Pilar Paz Pasamar, porque ejemplifica cuanto aseguró el folclorista Rodríguez Marín: «Las principales cualidades de la copla popular son la espontaneidad, la claridad y la sobriedad», añadiendo: «La poesía popular no tiene ripios». Así se demuestra en las coplas y romances de Pilar Paz Pasamar. Y vamos con sus coplas. En su libro La torre de Babel y otros asuntos, recoge varias composiciones que tienen un sentido de lo popular verdaderamente explícito. Así en la titulada «Domingo», dedicada a Rafael Alberti, y en la que glosa a la ciudad de El Puerto de Santa María, encontramos coplas de tres versos octosílabos, que se pueden cantar flamencamente por soleares o bulerías. He aquí una muestra: «Yo supe que te quería / cuando atravesé el silencio / caliente de la Herrería.».

No se puede escribir una copla flamenca con tanta perfección, porque al posible cantaor le facilita la ligazón de los tercios. Además, al no existir en ella ninguna metáfora, el intérprete entiende y asume lo que canta, algo imprescindible para que ponga en su «decir» la jondura más entrañada. Y en este mismo sentido, en su serie de «Soleares», dedicadas a su padre, que fue un gran aficionado al cante flamenco, escribe: «Si la uva va al lagar / y si deja que la pisen, /¿de qué me voy a quejar?».

Una copla que lleva intrínseco el sentido fatalista de tantas coplas del acervo flamenco más legítimo. En cuanto a la temática amorosa, dedica, entre otras, las siguientes a Carlos: «Caminito a solas, no. / Contigo voy al infierno / pero sin ti, ni al balcón / [...] Mientras te quedas dormido / yo voy contando una a una / las veces que no has venido.». Coplas que nos recuerdan a aquella tan cantada y que dice: «En un cuartito los dos / veneno que tu tomaras / veneno tomara yo.». Máximo exponente de la entrega sentimental de la mujer andaluza.

En el libro La soledad contigo, encontramos su «Coplilla de una decepción». Es un poema singularísimo y profundo por su temática, cuyas primeras estrofas pueden ser comparables con la nana más popular que podríamos recordar. Las transcribimos:

Dentro del sueño tenía,
hija mía,
otro signo, otro color.
Niño te crecía yo.
Por dentro de mí eras río,
fuente no,
lucero en vez de estrellica,
ruiseñor
en vez de alondra, coplilla
naciste, que no canción.
Y en la misma sentimentalidad popular, Pilar Paz Pasamar ha compuesto su «Canción para una noche de dolor», una nana nacida del más condolido corazón de una madre. Así también en «Oración para poder amamantar a mi hijo» y otros veros entrañables, transidos de sentido popular en sus expresiones, especialmente en el coplero romance «Coplillas de un secreto», en el que leemos: «Teníamos la frontera: / una almohada por medio / y de pronto, enredadera / que va alzándose del suelo, / le diste alcance a mi sombra / y se iluminó el momento.».

Otro poema, que forma parte del libro La torre de Babel y otros asuntos, titulado «Música nuestra» —dedicado a J. A. Castañeda— es una glosa exaltadora de la historia y los sones musicales andaluces, de sus diversas y asumidas corrientes a través de los tiempos, las razas y las culturas. Es una composición espléndida, tan descriptiva como honda, jonda, diríamos, que debería ser lema o, al menos, texto de obligado conocimiento en los conservatorios de Andalucía. He aquí algunos de sus versos:
Disfrazada de indígena americana para una representación escolar.Desde el unísono absoluto
a la orquestal polifonía,
desde las leyes de Argantonio
a las últimas sinfonías,
desde la liturgia mozárabe
a la pícara tonadilla,
desde el divino antifonario
a la inefable siguiriya,
por las junturas de los siglos
y los resquicios del melisma,
por las gargantas y los dedos
creció exultante y desvestida.
Poema mayúsculo en calidad y entrañamiento con las músicas de su tierra, Pilar Paz Pasamar lo remata, briosa su palabra, con la mayor emoción y fe en la música andaluza, tan inmemorial como presente:
Toldo del tiempo, abismo de agua,
música, cántico, poesía...
¡Pan para todos que reparten
las cosechas de la Armonía!
Valga nuestro empeño para despertar la curiosidad de posibles lectores, para que descubran una faceta importante de la poesía de Pilar Paz Pasamar, ese sentido de la lírica popular, que Serafín y Joaquín Álvarez Quintero consideraban un género que parece sencillo, pero que es muy difícil, porque para ejercerla «es indispensable llevar en el corazón un granito de sal especialísima».
 
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