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Por Antonio Hernández
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Pilar
Paz Pasamar, la gran poetisa gaditana, tiene un pájaro locuaz al que le ha
puesto de nombre Philomena y al que le ha dedicado un libro con ese nombre y en el que se puede leer que
«un sólo pájaro despierta el universo». Quiere decir que un pájaro, con sólo su arrebatado orden de musical armonía,
puede hacerle vibrar, y quiere decir de paso que merece la pena vivir en la
esperanza porque los milagros consisten en hacer las cosas con amor. A eso se
ha dedicado ella, de quien Juan Ramón dijo que era la fuente con mejor manantío
de todo el sur, y tanto que, por saciarnos con su infinita sed paradójica, toda
el agua se le ha marchado a esa metáfora del olvido, o de la muerte, que es el mar. Ella lo lleva en su nombre como en su verso la luz, sin posibilidad de que se desliguen,
y frente al que vive como un espejo su mirada o con entrega de faro a quienes
busquen la belleza, la que siempre llevó consigo.
Casi
niña todavía, quedó finalista del Adonais, y cuando creció y vino a Madrid a
recoger el accésit, los vates de la Corte no dieron crédito a sus ojos: «Pido
la Paz... y la Pasamar» cantaron contra el vasco que, menos ambicioso, pedía La
paz y la palabra. Lo digo porque de quedarse en el foro tal hermosura,
ahora mismo no estaría yo hablando del mar como metáfora del olvido, sino de la Pasamar como imagen de la Fama. Pero no quiso cambiarla por sus
atardeceres en La Caleta, ver llegar los barcos desde su azotea con el velamen de los
galeones de América en su fantasía, el empujón de la brisa que se hace violeta
si amaga el levante, los mariscadores devolviéndole la infancia o su paisaje
doméstico de olas, de sol, de sal, de infinito. Porque ser una Rosetti, una
Andreu o una Luisa Castro a cambio del mar no mereció la pena. Supo, en fin,
que el anonimato no es ninguna desgracia como la fama tampoco supone
necesariamente la alegría, y se quedó escribiendo, maravillosamente, a la
orilla de su olvido. Vale. Así lo quiso, pero ha llegado la hora de rescatarla
para que conozcamos «la oración por nosotros» que son sus versos, su milagro. |
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