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Porcelana de Capodimonte y Nápoles

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En 1736 el Infante Don Carlos, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, fue reconocido como Rey de las Dos Sicilias en virtud de la herencia materna. El entonces Carlos VII de Nápoles se casó con María Amalia Walburgo, hija del elector de Sajonia Federico Augusto III, al que se debe el descubrimiento del caolín de Aüe —base de la porcelana de Sajonia y de la manufactura de Meissen—, y que fue pionero en el descubrimiento del secreto de la pasta dura. Hemos visto cómo, a lo largo del siglo XVIII, monarcas y nobles se afanan en investigar los compuestos de las pastas. El enlace entre el monarca napolitano y la princesa sajona despertó enseguida en el joven Rey el interés por el conocimiento del secreto de la auténtica porcelana, a imitación de su suegro. Sus deseos quedaron plasmados con la construcción de la Fábrica de Capodimonte a semejanza de la manufactura de Meissen.

La organización de la fábrica corrió a cargo del pintor de Cámara Juan Caselli y del químico alemán Schepers, a quien encontraremos trabajando más tarde en la fábrica madrileña del Buen Retiro. La producción cerámica napolitana data del siglo XV, con piezas destinadas al uso ordinario. Durante los siglos XVI y XVII se hicieron mayólicas, con la destacada presencia de Francesco Paolo Brandi. Será a partir del siglo XVIII cuando la fabricación napolitana alcance altas cotas con la fabricación de esmaltes y motivos florales, según los diseños de la maiólica. Hombres como Donato y Giuseppe Massa, y Francesco Antonio II, impulsaron enormemente los trabajos napolitanos.

La futura fábrica de Capodimonte comenzó en un pequeno jardín situado en el Real Palacio de Nápoles. Posteriormente se proyectó el edificio en la Alameda de Capodimonte, comenzando a producirse las primeras piezas de porcelana en 1743. El Rey se ocupó personalmente de la fábrica, contratando obradores de Alemania y Viena. Uno de los principales problemas que se presentaron en la fábrica fue el de lograr una mezcla adecuada que otorgara a las piezas la calidad de las auténticas porcelanas chinas, siguiendo las directrices marcadas por la manufactura de Meissen, que fue la primera manufactura europea en conseguir la pasta. Sin embargo, el secreto impuesto a los operarios alemanes sobre la fórmula empleada dificultó enormemente los trabajos, no sólo en Capodimonte, sino en el resto de las fábricas europeas. Se utilizaron tierras de Sajonia, Pisa, Venecia y Roma, y se hicieron innumerables experimentos que se repetirían más tarde en Madrid, aunque sólo se consiguió un compuesto denominado pasta frita o pasta blanda, un tanto tosca, que carecía de la transparencia de la verdadera porcelana. Tendremos que esperar a los experimentos de Sureda a principios del siglo XIX, en Francia, para conseguir la verdadera mezcla.

Entre las obras realizadas por esta fábrica destacamos la sala de porcelana del Palacio Porticci en Nápoles, precedente de las salas de Madrid y Aranjuez en la decoración, cajas, esculturas y algunas piezas de vajilla. Autores como Cayetano Schepers, José Gricci, Cayetano Fumo, Grossi, Fratre, Benedetti, Tucci y Nofri serán los principales ejecutores de las piezas de Capodimonte y los nombres que engrosarán la primera plantilla del Buen Retiro. Queremos hacer notar dos elementos fundamentales a la hora de datar las piezas de Capodimonte: la confusión existente con piezas del Retiro y la dificultad en distinguir piezas de Capodimonte de piezas de la Real Fábrica de Nápoles, fundada por el sucesor de Carlos VII, Fernando IV. La utilización de la flor de lis en negro o azul, inscrita en el reverso de las piezas, es una práctica común en Capodimonte y Buen Retiro, lo que hace suponer que las primeras piezas madrileñas, hechas con pastas y modelos napolitanos, hayan sido datadas como italianas, o viceversa. Por otro lado, la concomitancia de estilos entre Capodimonte y la Real Fábrica de Nápoles, así como la utilización por parte de ambas de la «N» coronada, ha dado también lugar a dificultades de clasificación. Las tres manufacturas participaron en algún momento de las tendencias italianas: cajas imitando conchas de mar, escenas de caza, pasajes galantes con personajes vestidos según la moda napolitana y profusión de escenas que hacen relación a pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento. Todo ello va decorado con un fuerte colorido, roleos y medallones. Finalmente, es preciso resaltar que puede existir también una confusión entre las piezas napolitanas y las de Buen Retiro, ya que la Real Fábrica de Nápoles destinó muchas piezas a la Corte española, y la mayoría de ellas carecían de marca.

El interés de la manufactura de Capodimonte reside en su traslado a Madrid, con la subida al trono español del monarca napolitano Carlos VII como Carlos III de España. En el año 1759 Carlos III embarcó para España a todos los artistas y pintores que quisieron venir, junto con pastas, modelos, vaciados y diseños de todo tipo. Hombres como Schepers, los hermanos de la Torre, Sorrentini, los Fumo, los Gricci, Bautista, Fratre, Bonicelli y otros muchos constituyeron la base material de la madrileña Fábrica del Buen Retiro.

Presentamos, a continuación, tres bellos ejemplares conservados en el Patrimonio Nacional procedentes de esta fábrica: se trata de dos cajas de costura y de un bajorrelieve que representa una escena de cacería. Aparte de las piezas mencionadas, existen otros dos relieves en biscuit representando a Carlos III y Mª Amalia de Sajonia —ubicados en el Monasterio de El Escorial— que se encuentran actualmente en proceso de restauración.

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